Los papeles del Caribe

Acta en mano, los expedicionarios y un grupo de historiadores le pidieron a la Gobernación del Magdalena que preserve el archivo histórico, en riesgo de deterioro.

A pesar del encierro y el bochorno; a pesar de los corsarios y piratas que, llegados a tierras del Caribe, intentaron destruirlos para borrar toda posesión de tierras; a pesar de todos los alcaldes ignorantes de su valor, los documentos del Archivo Histórico del Magdalena Grande (AHMG), que ocuparían cinco salones de clase y registran buena parte de la historia del siglo XIX del Caribe, han sobrevivido. Con todo y con eso, de tanto pasar de mano en mano, es probable que los papeles se degraden y desaparezcan.

En el Claustro San Juan de Dios, en Santa Marta, los navegantes de la Expedición Padilla entregaron un acta —firmada, entre otros, por los expedicionarios y la historiadora Aline Helg— que enviarán a distintas instituciones para reclamar la preservación del archivo. Allí afirman que “la desidia ha llevado a que el AHMG sea una entidad sin presupuesto y sin personal técnico-profesional que pueda darle un manejo adecuado”.

Para Wilfredo Padilla, historiador y curador del Museo Etnográfico de la Universidad del Magdalena, el obstáculo principal es que no existe una base de datos sesuda que permita acceder a la información. En cambio, hay que buscar, folio por folio, el documento de interés. El hecho de tocar los documentos provoca un daño irreparable en su calidad. “El archivo necesita asumir técnicas archivísticas —afirma Padilla— que permitan su organización física, a través de digitalización o microfilm”.

¿Qué requiere, en esencia, el archivo? Además de digitalizar los documentos —una práctica muy común—, necesita restaurar algunas piezas y crear casilleros digitales que almacenen la información para una búsqueda más sencilla. Pero los sistemas de temperatura y humedad no son adecuados y no hay presupuesto suficiente para realizar una tarea de esa suerte. De acuerdo con Padilla, cerca del 10% de la documentación se ha deteriorado y no es posible restaurarla. “Si no se toman medidas —dice—, en 10 años no habrá archivo”.

Los documentos tienen la memoria administrativa y política del Caribe. Entre ellos se encuentran los folios de la Convención de Ocaña, de 1821, registros de compra y venta de esclavos y decretos de gobierno. “Quizá el daño más grande es la oxidación de tintas ferrogálicas —asegura Padilla—. Las altas temperaturas contribuyen a que estas tintas corroan por completo el documento y que el papel se degrade”.

El acta propone que la Universidad del Magdalena, en conjunto con la Gobernación y la vigilancia del Archivo General de la Nación, se encargue de las tareas de preservación del archivo.

“Pero hay que decirlo —asegura el curador—: el hecho de que el archivo haya sido por siempre una responsabilidad administrativa del departamento ha estado sujeto a los vaivenes políticos, y nuestro departamento no es que se muestra muy favorable a la conservación de los documentos”.