‘Me preocupa que Colombia tenga tantos niños infelices’

Ellen Løj, presidenta de la junta internacional de la ONG Plan Internacional, señala que el fin del conflicto colombiano debe contemplar una reparación especial para los niños.

Ellen Løj, defensora de los derechos de la niñez, estuvo en Colombia haciendo un recorrido por Tumaco.  / Cortesía Plan Colombia
Ellen Løj, defensora de los derechos de la niñez, estuvo en Colombia haciendo un recorrido por Tumaco. / Cortesía Plan Colombia

Liberia, país en la costa oeste africana, y Colombia tienen más similitudes de las que se cree. El primero logró elecciones democráticas y un importante proceso de paz luego de dos guerras civiles, en las que se enfrentaron rebeldes de varios sectores. Mientras tanto, los niños se quedaron sin escuelas, sin salud, sometidos a grandes desplazamientos, obligados a unirse a las filas de los armados.

La danesa Ellen Løj, quien estuvo a cargo del equipo de Naciones Unidas durante el proceso de paz de Liberia, aseguró a su paso por Colombia que el proceso de paz debe contemplar un programa de reparación especial para los niños que han sido víctimas del conflicto. En la actualidad, Løj se desempeña como presidenta de la junta internacional de directores y miembros de la asamblea de Plan Internacional, una organización que busca la protección de los derechos de la infancia.

 Usted estuvo en Liberia en un momento crucial. ¿Cómo era el país en plena guerra civil? ¿Cuáles eran las consecuencias de la guerra para los niños?

Describir lo que sucedió en Liberia durante los cerca de 20 años de guerra civil es casi imposible. Para alguien que no haya estado allí es muy difícil imaginar hasta qué punto estaba destruido el país. Los edificios, los colegios, todo totalmente destruido. Los niños y niñas fueron desplazados internamente y a otros países; muchos se separaron de sus familias, muchos fueron violados y muchos reclutados por los actores armados. Durante esas dos décadas no hubo educación y no hubo salud, algo realmente difícil de creer.

 En Colombia, los grupos armados ilegales tienen a niños disparando fusiles desde los seis años. ¿Qué necesita el país para solucionar esta problemática?

Había muchísimos niños soldados en Liberia y el gran reto fue atender su trauma después del conflicto y que se pudieran reintegrar a la sociedad. Es importante destacar que Colombia, como país, tiene un avance enorme frente a las víctimas, pues existe una Ley de Víctimas y una institucionalidad dispuesta para atender esta problemática. En mi experiencia, esto es único en el mundo ya que en otros conflictos estas iniciativas han dependido más del rol de la comunidad internacional.

 ¿Qué debe hacer el país para devolverles la inocencia y la vida a los niños que participaron en el conflicto armado?

Necesitan una atención especial, diferenciada, que les permita elaborar el trauma del reclutamiento forzado, del desplazamiento, o las heridas por minas antipersonas, y construir un proyecto de vida con la certeza de que el Estado y las comunidades están dispuestos a apoyarlos y acompañarlos. No es suficiente con que vuelvan a acceder a la educación. Se requiere que cuenten con alguien que los pueda escuchar y que los ayude a dejar atrás la experiencia traumática.

 También preocupa la cantidad de niños que desertan de la escuela porque tienen que trabajar...


Cuando los niños y niñas dejan la escuela prematuramente, su futuro se ve seriamente comprometido y las posibilidades de materializar sus sueños y ambiciones se frustran. Se deben hacer todos los esfuerzos para mantenerlos en la escuela, y complementar esto con regulaciones que impongan sanciones a las empresas que contraten niños y niñas como parte de su fuerza laboral antes de la edad permitida por la ley.

 ¿Qué falta para que nuestros niños sean una población feliz?

Estoy segura de que hay muchos niños y niñas en Colombia que son felices. Mi preocupación es que haya tantos que no están felices. Creo que se debe hacer mucho más para desarrollar a todos los segmentos de la sociedad colombiana. Que los grupos indígenas, los afrodescendientes y los pobres no sean excluidos del desarrollo del país. Esta es una responsabilidad de toda la sociedad; en la medida en que cada uno tenga una mentalidad más incluyente, estas dinámicas empezarán a cambiar.

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