'Me preocupo por encontrar buenos problemas'

El creador de Global Voices, una comunidad de blogueros que publica información de 150 países en 30 idiomas, habla sobre los desafíos del periodismo y el activismo social.

Ethan Zuckerman dirige el Centro de Medios Ciudadanos  del Instituto Tecnológico de Massachusetts. / Pablo Correa
Ethan Zuckerman dirige el Centro de Medios Ciudadanos del Instituto Tecnológico de Massachusetts. / Pablo Correa

Si en la serie animada que crearon hace unos años el director de cine Steven Spielberg y la compañía Warner Bros. aparecía un ratón (Cerebro) que todos los días se despertaba pensando en cómo conquistar el mundo, luego de charlar con Ethan Zuckerman uno se queda con la idea de que es uno de esos tipos que todas las mañanas se levantan pensando en cómo arreglar el mundo.

Zuckerman dirige el Centro para Medios Ciudadanos (Center for Civic Media) que hace parte del Media Lab en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. La revista Foreign Policy lo eligió como uno de los 100 pensadores globales. En 2004 cofundó una comunidad internacional de blogueros bautizada Global Voices, que hoy publica información sobre unas 150 naciones en 30 idiomas. A finales de los años 90 creó Geekcorps, una organización que promueve el intercambio de expertos en tecnologías de la información interesados en trabajar en proyectos en países en desarrollo. Hoy se dedica a inventar con sus alumnos herramientas digitales que ayuden a las comunidades a estar mejor informadas y tomar mejores decisiones.

Es difícil buscarle una categoría a su trabajo. ¿Cuál podría ser?

Mi único trabajo como periodista fue a los 17 años. Mi trabajo con Global Voices fue en realidad un trabajo como editor. Creo que me identificaría como un activista alrededor de los derechos humanos, y sobre todo alrededor de la idea de que la gente necesita una conciencia, necesita saber lo que sucede en otras partes del mundo. También me definiría como un educador tratando de hacer pensar a la gente en preguntas como: ¿qué sabemos del resto del mundo?, ¿recibimos la información que necesitamos para vivir en un mundo ultraconectado?, ¿cómo pasar de recibir información a tomar acción?

¿Cuál es su misión en el Media Lab?

Fui contratado para dirigir un grupo que se llamaba Centro para el Futuro de los Medios Ciudadanos. Pero le quité la palabra “futuro” porque quería trabajar para el presente. El modelo democrático, con una prensa libre, es un modelo de gobierno poderoso, pero no es perfecto. Una de las formas en que se puede corromper es cuando la prensa no ofrece a la gente la información que necesita para tomar decisiones. Otra posibilidad de corrupción es que no nos involucramos en los problemas sociales. Es en esa intersección entre medios y activismo que me pidieron trabajar.

¿Cómo se informaba hace 20 años, cómo lo hace ahora y cómo se imagina que será en el futuro?

Hace 17 años trabajaba como reportero en un pequeño periódico semanal en un pueblo de 4.000 personas. Desde esa lejana perspectiva, el periodismo consistía en desplazarse físicamente al lugar en que sucedía algo y contarlo. Creo que las formas en que el periodismo está cambiando tienen mucho que ver con que la idea de que todo el mundo está produciendo información y el trabajo consiste en curar toda esa información, verificar, definir cómo pones toda esa información junta, cómo determinas qué es relevante y qué no, cómo conviertes esa información en una narrativa que se pueda entender.

¿Cree que las nuevas tecnologías están abriendo más la brecha entre países desarrollados y países en vías de desarrollo?

Probablemente la herramienta más popular y más respetada para crear mapas colectivos es Ushahidi, que fue creada por desarrolladores kenianos. Es un ejemplo en el que el mundo en desarrollo es líder. Surgió tras las elecciones de 2007 en Kenia, que fueron terribles, muy sangrientas. Kenia concluyó que necesitaba un registro de lo que había sucedido. Necesitaban saber quién atacó a quién, quién fue asesinado. Fue un movimiento entre los kenianos para recolectar esa información y se convirtió en una plataforma de software que hoy es usada en más de 100 países. Por mi parte, si quisiera empezar una empresa de tecnología en este momento, como lo hice en los años 90, no me interesaría estar en Silicon Valley, Londres o Nueva York, quisiera estar en Acra, Nairobi o Kuala Lumpur, quisiera estar en un lugar en el que los problemas sean más interesantes. Una de las cosas por las que me preocupo en el Media Lab es cómo encontramos buenos problemas. Este es un lugar muy cómodo y me gustaría que fuera un lugar menos confortable.

¿En qué proyectos trabaja ahora?

Diría que estoy interesado en cómo interactúan los medios y el cambio social. Como estoy interesado en ver cambios en el mundo, estoy interesado en que los medios ayuden en esa tarea. De una forma u otra, estoy interesado en quién, qué y qué lugares aparecen en los medios. Es muy extraño que no pueda conseguir información nutritiva sobre los medios. Si tomo una Coca-Cola la etiqueta me dice qué ingredientes tiene, y así puedo tomar mis propias decisiones. Debería existir una forma de saber cuánto cubren un tema u otro los medios que consumo. Me gusta construir sistemas que nos hagan más fácil la tarea de responder preguntas sobre los medios.

¿A qué tipo de herramientas se refiere?

Necesitamos dos cosas. Necesitamos herramientas para monitorear y luego herramientas para cambiar el cubrimiento de información. Le doy un ejemplo. Una herramienta es Mapping the Globe, hecha por uno de mis estudiantes. Resultó que algunos de los barrios de Boston recibían menos atención que otros por parte de los periodistas. Cuando tienes esa posibilidad de monitorear, puedes cambiar tu comportamiento sobre lo que cubres. O también tu comportamiento como comunidad.

¿Cuál es su consejo para ser innovador en medios de comunicación, comunidades y organizaciones sociales preocupadas por estos temas?

Creo que tenemos que trabajar más en los grandes problemas y un poco menos en los problemas pequeños. En periodismo hay ahora mismo una gran presión para descubrir cómo financiamos lo que hacemos. Parece un gran problema, pero ese no es el mayor problema. Hay problemas que no vamos a resolver trabajando más, siendo un poco más inteligentes, si tenemos una mala estrategia. Debemos pensar si lo que hacemos tiene un valor para la sociedad y entonces buscar la forma de soportarlo. No conozco el secreto de la innovación, pero lo poco que he aprendido es que la innovación tiene que ver casi siempre con elegir las preguntas correctas. A nivel personal, trabajo tratando de incrementar la diversidad, con personas de distintos lugares del mundo.

¿Qué retos ve para el periodismo y la comunicación?

Hay un novelista suizo, Rolf Dobelli, quien argumenta en un ensayo que deberíamos dejar de leer noticias porque es malo para nosotros. Él dejó de leer noticias hace cuatro años y dice que ahora es más feliz. Esto porque muchas de las noticias que leemos son desesperanzadoras y no hay nada que podamos hacer al respecto. No nos ayudan a tomar decisiones y cambiar nuestras vidas, simplemente nos describen lo que está fuera de nuestro control. Aprendemos que no podemos hacer nada para cambiar el mundo. Nos hacen débiles, pasivos. Y tiene razón. El problema es que su solución no se puede replicar a gran escala. Si dejamos de poner atención, de leer noticias, terminaremos con una pequeña oligarquía que sí sabe qué sucede y lo controla todo. Pero podemos pensar en arreglar el problema. Y el problema es en parte noticias y en parte compromiso. No es sólo que las noticias tienen un problema, lo que está roto también es el sentido de ciudadanía. ¿Cómo pasamos de “aquí hay un asunto que me interesa” a “aquí hay algo que puedo hacer que tendrá un efecto en el mundo”? Creo que somos sorprendentemente malos en esa tarea ahora mismo. Creo que estamos viendo los límites de muchas instituciones.

¿Qué se le ocurre para involucrar a más gente en la solución de problemas?

Como humanos tenemos la tendencia a preocuparnos por lo que conocemos. Me preocupo más por la bomba en Boston que por la guerra en Siria, porque conozco más gente en Boston que en Siria. El problema es que el mundo está tan interconectado que no podemos permitirnos sólo prestar atención a los problemas locales. Es una mala estrategia de adaptación. En un problema como el cambio climático, lo que hace China afecta a EE.UU. y lo que hacen China y EE.UU. afecta a Colombia, y viceversa. Estamos físicamente conectados, pero no estamos emocionalmente conectados. Tendremos que pensar en una ciudadanía global, cómo nos hacemos responsables los unos de los otros. Pero el primer paso para eso es cómo ponemos atención los unos a los otros. Tenemos que construir herramientas que nos empujen no sólo a prestar atención a lo local sino a lo global.

Temas relacionados

 

últimas noticias

¿Donde nadar con tiburones?

Rush, la nueva apuesta de Toyota

Ucumarí, un robot para la exploración espacial

Aventura en los desiertos del Perú

Una aventura 4x4 por Quindío