Misión Resistir

Los integrantes del grupo musical ChocQuibTown se sentaron a hablar, como representantes de la comunidad afro, sobre el valor de su cultura y su realidad.

Tostao habla a mil por segundo; es sincero, espontáneo, risueño. Goyo —la voz femenina del grupo— es franca pero sutil, siempre sonriente. Y Slow dice apenas lo necesario, es de frases cortas y directas. Los tres son ChocQuibTown, el grupo que unió el hip hop con música del Pacífico y que en noviembre de 2010 salió vencedor en los Grammy Latinos.

Los tres están reunidos hoy en un apartamento en el centro de Bogotá, no para hablar de su música ni de su recorrido artístico, sino para opinar como representantes de la comunidad afrocolombiana del país, para hablar de su raza, de su gente, de sus derechos. Los tres coinciden en que el racismo en Colombia sigue vigente y cuentan cómo les ha tocado vivirlo en carne propia.

¿Qué opinan sobre la ley aprobada recientemente que busca castigar las prácticas racistas?
Tostao: En Colombia el tema del racismo no se ha definido, hay una línea muy delgada entre lo que es y no es racismo que se está cruzando todo el tiempo. Que la ley se haya pronunciado al respecto es muy sano porque, si no se había podido controlar con medidas educativas y disciplinarias, de pronto con este tipo de medidas más severas las personas vayan tomando una cultura hacia el no racismo. En este país, que es pluriétnico y multicultural, no ha habido la capacidad de entender las diferencias.

Goyo: Cuando me enteré de que estaba a punto de salir esta ley pensé que, aunque es un gran paso, habría que reforzarse también la parte de la educación. Mucha gente ni siquiera tiene conciencia de qué es el racismo. Y por nuestra parte hay que tener paciencia y ser tolerantes.

Slow: Es un avance porque el racismo y la discriminación siempre han estado ahí.

Entonces, ¿sigue existiendo el racismo en el país?
Tostao: Sí. Y un ejemplo muy común es cuando vamos a tomar un taxi. El taxista primero tiene una postura racista, luego clasista y ahí decide a quién le para. Lo mismo pasa en los buses y con los porteros. Los mismos medios de comunicación están acuñando términos racistas con titulares como: “Panorama negro para la economía”, “Las aguas negras”, “La oveja negra”. Si esas referencias tienen un aspecto negativo, entonces que a mí no me llamen negro.

Goyo: Aquí en Colombia sigue existiendo el racismo, así mucha gente diga que no. Uno entra a un banco y se siente perseguido, lo mismo a un supermercado. Y a Colombia le duele que aceptemos esto. Una vez nos entrevistaron en Univisión, nos preguntaron si nosotros habíamos vivido un acto racista y respondimos que eso nos pasaba a diario. Cuando dijimos eso empezaron los reclamos en Twitter. Y yo pensaba: no tiene sentido decir las cosas como no son. ¿Qué tal yo asegurar que en el país no hay racismo cuando mi mamá y mi abuela y yo lo hemos vivido? Prefiero quedar mal con millones de personas por decir la verdad, que quedar mal con mi gente, con mi familia.

¿Qué es lo que más admiran de la cultura afro en Colombia?
Tostao: Es una cultura que ha sido muy golpeada y, pese a eso, ha habido mucha tenacidad. Contra todos los pronósticos Faustino El Tino Asprilla se convirtió en el jugador mejor pagado en los 90, contra todos los pronósticos Raúl Cuero (investigador de Buenaventura que trabaja en la Nasa) llegó a Estados Unidos con su propuesta. La gente afro está siempre sacando la cara.

Goyo: Lo que más admiro es el sentido de pertenencia, la unión. Desde que uno está chiquito siempre le hablan del orgullo que hay que sentir hacia la gente afro. Por ejemplo, mucha gente en el Chocó es hincha de Millonarios porque fue el primer equipo que puso a jugar a un negro en su nómina. Esas cosas uno las aprende desde chiquito en la casa: a quererse, a valorarse, a querer su música y a apoyar siempre a la gente afro.

Slow: Sus ritmos y su comida. Sobre todo sus ritmos, en los que hay tanta mística.

¿En qué momento empezaron a descubrir sus raíces musicales?
Tostao: Eso es implícito, desde que uno está pequeño, porque así es la vida de un niño en el Chocó: uno se levanta escuchando salsa, chirimía y la música que llega de Panamá. Es imperceptible. Nosotros somos criados ahí, como cuando uno vive entre la caña y se acostumbra a que siempre el olor es dulce, o cuando uno vive al lado del mar y se acostumbra a que el aire traiga salitre. Cuando salimos del Chocó nos dimos cuenta de que el mundo afuera era muy diferente, y una manera de mantenernos cercanos a lo nuestro era estar conectados con la música de uno, con la comida de uno.

Goyo: Cuando veía a mí mamá cantando en las comparsas y tocando la chirimía. Desde ese momento empecé a sentir ese amor. Y cuando iba a Buenaventura y escuchaba algo del Chocó, como un disco de Fátima Lozano. Todos los recuerdos que tengo son musicales, todos los momentos los recuerdo con las canciones que estaba escuchando.

Slow: En el momento en que empiezo a interesarme por la música que escucha mi mamá. Yo sabía que dentro de mí había algo familiar con el ritmo. Lo asociaba al ritmo. Mi mamá me estaba regañando y yo estaba contando las palabras. Tenía unos 10 años.

¿Qué les gustaría que los colombianos entendieran de la cultura afro que todavía no hemos podido entender?
Tostao: Es muy sencillo. Que ni siquiera tienen que entender ni conocer toda nuestra cultura, simplemente que la respeten, la acepten y aprendan a vivir con ella.

Goyo: Que los afro somos buenos músicos y buenos deportistas, pero que también hay afro científicos, afro en las leyes y en otras disciplinas. Pero lo más importante es vernos como seres humanos, no como razas.

Slow: Nuestra sensibilidad. Que abran las puertas a otras maneras de sentir y de ver el mundo. El estilo de vida y la forma en que nos criaron es muy diferente. Reímos todo el tiempo y somos demasiado pasivos en comparación con la gente de la ciudad.

¿De qué manera la música de ustedes reivindica los valores de su cultura?
Goyo: Por ejemplo, con el tema nuevo que acabamos de lanzar que se llama “Calentura”. Esa es una palabra que nosotros usamos mucho. Cuando decimos “¿cuál es tu calentura?”, estamos preguntando “¿cuál es tu felicidad, tu movimiento, tu sabrosura?”. Otro ejemplo: en la canción “Somos Pacífico” contamos que al desayuno comemos plátano con queso. Esa es nuestra forma de decir “esto es lo que somos”.

Tostao: Poniendo nuestras propias cartas a jugar. ¿Cómo? Combinando la música moderna, que es nuestra propuesta, con elementos del criollismo afro.

Slow: Nosotros queremos contar, mostrar y rescatar cosas que nuestra gente ya estaba olvidando. La música de nosotros está tocando a los jóvenes para que no busquen las respuestas afuera sino adentro.

¿Cómo lograr que las culturas y los saberes tradicionales sobrevivan a la avalancha de información que nos está llegando?
Tostao: Yo utilizo una palabra que es bien contestataria: resistir. Y también, estar abiertos a lo que nos está llegando. Es imposible negarse a esas dinámicas porque además son atractivas, son arte. Estamos en una lógica de recibir y de dar: a mí me mandaron aquí el hip hop, el funk y el jazz, entonces yo les devuelvo eso mismo con nuestros propios sonidos. Por ejemplo, ellos nos mandaron el hip hop y nosotros teníamos aquí la marimba; nuestro trabajo fue unirlos, hacerles el matrimonio.

Slow: Insistiendo y tratando de que prevalezca. La música como medio es importantísima.

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