La modernidad, ¿aliada del cáncer de seno?

Postergar el primer embarazo, usar anticonceptivos prolongadamente y evitar la lactancia contribuyen a una mayor incidencia de este mal.

Cerca de 70 millones de mujeres que se han empleado en América Latina desde 1980: un crecimiento sin precedentes de su participación en el mercado laboral (datos del Banco Mundial, 2010). Sin embargo, es muy probable que estas mayores oportunidades en los campos educativo, laboral y económico estén asociadas a un incremento en las posibilidades de padecer cáncer de seno.

Así lo precisa la doctora Karla Unger Saldaña, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México y asesora científica de la Fundación Mexicana Contra el Cáncer de Mama: “A mayores oportunidades de llevar carreras profesionales exitosas, las mujeres de nuestros países son más propensas a adoptar estilos de vida que se asocian con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama: evitar o postergar el primer embarazo, utilizar métodos anticonceptivos hormonales por tiempo prolongado, evitar la lactancia materna o reducirla al mínimo para retomar las actividades laborales; como también el sobrepeso y el mayor consumo de alcohol”.

Según los últimos datos consolidados de la región (entregados por el proyecto Globocan, que registra la incidencia y mortalidad de los principales tipos de cáncer en el mundo), el cáncer de seno es el más común entre las latinoamericanas. con alrededor de 116.000 casos nuevos cada año (información de 2008).

Karla Unger fue una de las invitadas al segundo Encuentro de la Unión Latinoamericana contra el Cáncer de la Mujer (Ulaccam), que se celebró recientemente en Ciudad de México y que reunió a organizaciones no gubernamentales de la región que buscan impulsar legislación y políticas efectivas con relación a los cánceres de la mujer en esta parte del mundo. Por Colombia hicieron presencia la Liga Colombiana contra el Cáncer y la Fundación Ámese.

En el cáncer de seno hay factores de riesgo no modificables y otros que sí lo son. Entre los primeros, el principal es ser mujer (por cada un hombre diagnosticado hay 100 mujeres afectadas); pero también están la edad (conforme aumenta, crece la posibilidad: uno de cada ocho casos ocurre en pacientes menores de 45 años, mientras que dos de cada tres mujeres afectadas tienen más de 54 años) y la genética (si hay antecedentes entre familiares de primer grado hay más posibilidades de desarrollarlo).

Los segundos, los factores de riesgo modificables, son aquellos sobre los cuales las mujeres pueden influir para reducir sus posibilidades de tener la enfermedad. “No embarazarse nunca, así como tener el primer hijo después de los 30 años incrementa la amenaza. Si se tienen hijos, también es riesgoso no amamantarlos”, indica la doctora Unger, y agrega que los expertos recomiendan que la lactancia materna se prolongue entre 1 y 2 años. De igual manera, el uso de anticonceptivos hormonales, tanto orales como inyectados o en parche, aumenta el riesgo de padecer este mal (la eventualidad disminuye después de 10 años de dejar de tomarlos).

Aquí también se ubican el consumo de hormonas después de la menopausia (riesgo que desaparece después de 5 años de dejar de consumirlas) y el sobrepeso, especialmente después de la menopausia.

Para reducir los riesgos, Pilar Fernández, directora de campañas de la Liga Colombiana contra el Cáncer, señala que es fundamental que “las mujeres hagamos una vez al mes el autoexamen de seno, acudamos cada año al médico y, en el caso de las mayores de 40 años, que se realicen una mamografía”.

* Periodista de la Liga Colombiana contra el Cáncer.