"Las mujeres son las que sostienen el mundo"

La coordinadora del Máster Igualdad de Género en las Ciencias Sociales en la Universidad Complutense de Madrid (España), sostiene que la sociedad se tendrá que preguntar por qué se tolera que se abuse o se acose a las mujeres y no pase nada.

Fátima Arranz

La violencia contra las mujeres es uno de los flagelos más latentes en la sociedad globalizada. Según el informe "Estimaciones mundiales y regionales de la violencia contra la mujer: prevalencia y efectos de la violencia conyugal y de la violencia sexual no conyugal en la salud", de la Organización Mundial de la Salud, a nivel mundial el 38% del número total de homicidios femeninos se debe a la violencia conyugal.

El Espectador conversó con Fátima Arranz, profesora titular de sociología y coordinadora del Máster Igualdad de Género en las Ciencias Sociales en la Universidad Complutense de Madrid, para indagar más sobre el tema y saber las causales del mismo.

El maltrato a la mujer al interior del hogar es una de las formas de violencia que más persisten en el siglo XXI. Sus parejas las golpean, pero muchas no denuncian, o cuando denuncian, no sucede nada. ¿Qué hace que exista tal impunidad?

El maltrato o la violencia contra las mujeres no es sólo la violencia física; ésta es sólo la punta del iceberg. La violencia contra las mujeres comienza con la violencia simbólica. La violencia de aceptar un orden social que se transfiere a mujeres y hombres, prioritariamente a través de los medios de comunicación, la religión, la escuela y la familia. El principal mandato de ese orden es ensalzar lo masculino, lo que hacen los varones, por encima de todo, incluso pagando con la vida de las mujeres. Y esto se ve, por ejemplo, en cómo en todos los relatos, de ficción o no, el protagonista es el varón, las historias son siempre historias masculinas, las cosas importantes, las que tienen prestigio, sólo les suceden a ellos. Lo femenino no aparece o siempre está subordinado a lo masculino, supeditado a hacerse cargo, por encima de todo, de los deseos de los varones y por supuesto de la reproducción humana: la familia. El papel de las mujeres se reduce en el mejor de los casos a un papel vicario de los varones. Esto tal y como lo reproducen los medios de comunicación, no es por supuesto la realidad. En la realidad, en términos generales, las mujeres son las que sostienen el mundo, la mayoría trabaja dentro y fuera de casa, se ocupan de los cuidados de todos los miembros del hogar, etc. Todas las instituciones sociales están al servicio del patriarcado; de ahí la total impunidad masculina y su mantenimiento. Los discursos son el maquillaje para conseguir una apariencia democrática y justificar que se preocupan por la ciudadanía. Lo que importa son los resultados, todas esas muertes, todas las violaciones, etc. contra las mujeres, no lo que dicen que hacen o van a hacer.

¿Cuando usted utiliza la palabra "Patriarcado" a qué se refiere?

Siguiendo a Gerdar Lerner diríamos que el patriarcado es la aceptación, o el no cuestionamiento, del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre el resto de mujeres en la sociedad. Esto tiene una realidad práctica: “nadie” discute, por ejemplo, que el cine que vemos es cine realizado casi al cien por cien sólo por directores varones. Cine fundamentalmente de hombres para hombres. Tienen monopolizada el resto de las expresiones culturales, además de la política, los cuerpos jurídicos, etc.

Se supone que la justicia no diferencia entre sexos...

Las leyes no tratan en pie de igualdad a mujeres y varones en todo el mundo. Y, segundo, en los países que más se aproximan a esa igualdad quien legisla y administra esa legislación son predominantemente varones, o se aseguran que los mandatos patriarcales no se cuestionen, por lo que es difícil conseguir una justicia "justa".

Frente a los salarios y el mundo laboral, ¿la mujer de hoy tiene iguales oportunidades y remuneración que los hombres?

No. No es más que ver las estadísticas de las instituciones oficiales que se encargan de producir estos datos. Instituciones, por otra parte, nada sospechosas de ser feministas. La brecha salarial de género se sitúa en los países más igualitarios alrededor de un 30% de diferencia en contra de las mujeres.

Para muchas mujeres es un tormento abordar un transporte público masivo porque muchas veces son víctima de acoso. ¿La solución es un sistema de transporte único para mujeres?

No. El tema no es excluir a las mujeres, ellas no son el problema. La sociedad se tendrá que preguntar por qué se tolera que se abuse o se acose a las mujeres y no pase nada. Al igual que sucede en el tráfico vial habrá que tomar medidas fuertemente sancionadoras. Hay que perseguir a los delincuentes, no penalizar a las víctimas. Como aquí se ve, todas las medidas que toma el poder siempre van en la línea de invisibilizar los delitos masculinos contra las mujeres.

En muchos estudios hoy se pone de manifiesto la ausencia de la participación política de la mujer. En Colombia se ha creado una ley de cuotas que dice el 30% de los cargos públicos deben ser ocupados por mujeres. ¿La inclusión en el campo político per-se es suficiente para lograr una mayor equidad?

Yo no hablaría de ausencia en la participación política de las mujeres sino de la monopolización masculina del poder. Por lo que hay que interrogarse es por la cuota masculina que sigue pretendiendo ocupar el 70% del poder político. Ya en sí esa proporción es completamente injusta. Además se debe tener en cuenta que los partidos políticos son clubes de varones y que estos suelen utilizar muchas artimañas en los procesos de selección de los cargos políticos que dejan ocupar a las mujeres. Tampoco es de extrañar que muchas veces los varones de los partidos tienden a elegir para los cargos importantes a sus propios familiares, o buscan y prefieren fundamentalmente mujeres que no cuestionen las normas de la tribu –de varones–. Por supuesto las cuotas deben existir al menos paritarias.

Pero en Colombia, la mayor parte de las mujeres que participan en el escenario político, y que integran los partidos políticos, son un eje fundamental para la democracia, son contrapeso de las ideas machistas...

No dudo el que las mujeres son un pilar de cualquier democracia; el problema es cuando se quedan sólo en pilar. Además un pilar de sólo un 30% puede sostener poco a una democracia. Los partidos deben contar con listas abiertas, al tiempo que las mujeres deberán tener la misma cuota que los varones para que puedan tener las mismas probabilidades de ser elegidas. Sin listas abiertas y con cuotas bajas de un 40% o menos, sigue habiendo un déficit democrático profundo.

¿Qué deben hacer los gobiernos para generar igualdad ante las diversas dimensiones política, social y judicial tanto entre hombres y mujeres?

Primero, reconocer que son estructuras patriarcales, pero no porque lo digan las feministas, sino porque lo dicen todos los indicadores sociales, los indicadores objetivos. Y si verdaderamente quieren que haya cambios saben de sobra como lograrlos pues ellos tienen todo el poder a su disposición.

¿La tarea es solo de las entidades gubernamentales?

Es una tarea del poder y este efectivamente no acaba en las entidades gubernamentales sino que permea a través de la cultura y el saber a toda la sociedad. Pero los responsables en el poder político principalmente y a través de sus instrumentos de dominación, como los medios de comunicación, deben reconocer las evidencias por las que se somete a las mujeres a través de la violencia simbólica.

¿Qué campañas, actividades o políticas han servido en España para evitar los feminicidios, la violencia contra la mujer y sensibilizar a la sociedad del papel crucial de la mujer en la sociedad?

Por supuesto, mejor que nada es comenzar porque haya una ley específica que penalice la violencia contra las mujeres y que tome medidas de prevención contra la violencia. Pero lo verdaderamente importante es la voluntad de poder y cambio de las pautas violentas de los varones. Esto es una tarea crítica que deben abordar, en primer lugar, los poderes públicos, y además los varones que se autoconsideran demócratas. Porque de lo contrario, lo que demuestran es que tanto los poderes públicos como los varones siguen anudados a los pactos patriarcales.

 

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