Osos de anteojos en el Parque Chingaza

Siguiendo huellas frescas y residuos de comida hallados en el Parque Nacional Chingaza (Cundinamarca) funcionarios del área protegida se encontraron con una osa de anteojos y su cría.

Los osos fueron fotografiados la semana pasada por Luis Linares, coordinador de manejo de fauna silvestre del Parque Chingaza.

El personal de Parques Nacionales había tenido reportes de la presencia de un oso andino en inmediaciones del bosque de encenillos y cucharos que rodean la quebrada Babilonia (dentro del Parque Nacional Chingaza, en Cundinamarca) pero no se imaginaron que, la semana pasada, en un recorrido en el que instalarían cámaras-trampa para registrar la supuesta presencia del oso, se encontrarían al animal de frente.

Vea el video en el que el oso se deja fotografiar por un grupo de colombianos.

Cerca a la quebrada Babilonia se encontraron huellas y piñuelas recién consumidas por el oso. Las evidencias indicaban que el animal podría estar muy cerca así que ingresaron al bosque y sorpresivamente se encontraron dos ejemplares.

“La osa y su osezno subieron a un árbol y estuvieron delante de nosotros 10 minutos, brindándonos un espectáculo de felicidad y asombro. Sin señales de agresión”, dijo el guardaparques Andrés Díaz.

Para los funcionarios este encuentro evidencia lo efectivas que han resultado las medidas de conservación que se han asumido en Chingaza desde que la reserva fue declarada en 1977. Durante más de 20 años, Parques Nacionales ha desarrollado estrategias de manejo y preservación de la única especie de oso para Suramérica, el oso andino ‘Tremarctos ornatus’.

Se ha comprobado que en las 76.600 hectáreas del Parque Nacional Natural Chingaza viven al menos 12 osos de anteojos que sirven como guardianes del agua que se toma el 80% de los bogotanos.

Estos animales están muy ligados a la buena salud del bosque de donde nacen las fuentes hídricas. Mientras el oso abre senderos con sus gruesas patas y su robusto cuerpo, permite que los rayos del sol entren a las partes más bajas del bosque, ayudando a la regeneración del ecosistema.

Los guardabosques de Chingaza han descubierto que los osos que viven en esta reserva prefieren los aguacatillos, el zapote de monte y los uvones, que les encanta llenarse el hocico de miel o robarse los huevos de aves descuidadas. El menú lo descubrieron analizando las muestras fecales. Esa preferencia por los frutos hace que el oso termine transportando semillas en distancias de hasta 50 kilómetros, permitiendo el crecimiento de especies en todo su territorio.

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