Perezosos, los últimos en salir del Canal de Panamá

Un grupo de especialistas ambientales tiene la tarea de adelantarse a los ingenieros que construyen las nuevas esclusas para salvar especies que habitan las zonas intervenidas.

Uno de los desafíos al ampliar el Canal de Panamá y construir las nuevas esclusas para que puedan transitar los barcos llamados Pospanamax, es reducir al mínimo los impactos ambientales sobre el istmo.

A diferencia de los profesionales que hace 100 años construyeron el canal, los nuevos ingenieros se han visto obligados a pensar en el medio ambiente. Las nuevas esclusas, por ejemplo, son más ecológicas que las antiguas. Mientras que con el viejo sistema se pierden cerca de 51 millones de galones de agua por cada tránsito, con las nuevas, y gracias a un sistema de piscinas, se podrá reutilizar el 60% del agua.

Pero excavar unos 50 millones de metros cúbicos de tierra a lo largo de 6,1 kilómetros conlleva otras tareas ambientales. Franklin Guardia y Mariaeugenia Ayala son dos de los más de 30 especialistas ambientales contratados para esas tareas.

La tala de bosques quizás sea la más obvia de todas. Ayala explica que el objetivo que se han trazado es reforestar el doble del área afectada por la construcción. Ya se han reforestado 560 hectáreas. Otras 600 hectáreas están a la espera. La mayoría de zonas reforestadas están localizadas dentro de parques nacionales. Uno de los problemas es que se han colmado los espacios disponibles.

Además de hacerse cargo de las inversiones del plan de manejo ambiental, los contratistas deben pagar una “indemnización ecológica” a la autoridad ambiental de Panamá. En el caso de cada hectárea de bosque secundario maduro afectada, los contratistas deben pagar US$5.000. Si se trata de una hectárea de pajonales, tan sólo son US$500. Pero si se devasta una hectárea de manglar, entonces la indemnización se eleva a US$20.000.

Control de erosión y rescate de fauna, son otras dos de las tareas ambientales que tienen frente a sí los constructores del canal. “La mayoría de animales que se rescatan son osos perezosos. Cuando talas árboles quedan atrapados y tardan mucho en salir, por eso es necesario rescatarlos y reubicarlos”, explica Franklin Guardia.

Culebras, caimanes, cocodrilos de hasta cuatro metros de longitud, tortugas y ranas, hacen parte de la lista de desplazados por el canal. Hasta ahora han sido más de 3.000 individuos de distintas especies los rescatados. “Esta ha sido una zona muy estudiada desde hace muchas décadas y conocemos muy bien las líneas base de especies”, explica Guardia. En su opinión, el impacto es menor del que la mayoría de personas pueden pensar, pues una gran porción de las zonas donde se está construyendo hacían parte de áreas de prácticas militares de los estadounidenses. De hecho, gracias a la ampliación, estas áreas se han descontaminado de productos explosivos y químicos. Unas 400 hectáreas han sido saneadas.

Un aspecto menos conocido de la vigilancia que se hace a la remoción de tierras es verificar el posible hallazgo de restos arqueológicos. “Se han encontrado algunos restos precolombinos”, cuenta Ayala, “como pedazos de cerámica y flechas”. También objetos del siglo XIX que trajeron los franceses asentados en el istmo y, por supuesto, huellas más recientes como herraduras de caballo y herramientas que sirvieron a los constructores del primer canal.

En cuanto a hallazgos paleontológicos, expertos del Instituto Smithsoniano que tiene sede en Panamá han recolectado más de 3.500 fósiles animales y unos 250 fósiles de plantas. Esto, según los dos especialistas ambientales, ha suscitado una gran discusión científica sobre el origen del istmo, pues las nuevas pruebas apuntan a que es mucho más antiguo de lo que se creía.

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