La peste del olvido

Los colombianos que padecen alzhéimer y otras demencias podrían ocupar una ciudad como Armenia. En el mundo, cada 4 segundos se diagnostica un nuevo caso. La OMS dice que es la epidemia del siglo XXI.

Tal vez aquel fascinante episodio de Cien años de soledad, en el que una peste de olvido invade Macondo, se haya desvanecido de la memoria de Gabriel García Márquez. Tal vez no. Pero hace pocos días, a Jaime García Márquez, hermano del Nobel, se le escapó, frente a un grupo de jóvenes, un secreto familiar: “lo que él tiene son algunos conflictos de la memoria”. Otros amigos cercanos han sido menos tímidos en llamar a esos olvidos “demencia senil, una variedad del alzhéimer”.

Aquella peste que imaginó Gabo hizo que Aureliano Buendía un día olvidara el nombre del pequeño yunque que utilizaba para laminar los metales y, para corregir aquel primer hueco en su memoria, se le ocurrió marcar cada cosa con el nombre respectivo.

Aureliano le explicó su método, y José Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde lo impuso a todo el pueblo. Con un hisopo entintado marcó cada cosa con su nombre: mesa, silla, reloj, puerta, pared, cama, cacerola. Fue al corral y marcó los animales y las plantas: vaca, chivo, puerco, gallina, yuca, malanga, guineo. La tarea llevó más tarde a los habitantes de Macondo a colgar en la cerviz de la vaca un letrero más explícito que decía: “Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche”.

Siguiendo el ejemplo de Aureliano y José Arcadio, el hijo de José Joaquín Martínez, uno de los cerca de 300.000 colombianos que hoy padecen algún tipo de demencia (ver página 16), escribió sobre una de las paredes de la casa: “esta es su casa y usted la compró barata con Leonor”.

Hace menos de tres meses, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe titulado “Demencia: una prioridad de salud pública”. El diagnóstico de lo que le espera a un mundo cuya población envejece como nunca antes en la historia de la humanidad es aterrador. Se calcula que unos 35,6 millones de personas sufren alguno de los cuatro principales tipos de demencia (enfermedad de Alzhéimer, demencia vascular, demencia con cuerpos de Lewy y demencia frontotemporal).

Pero eso no es todo. Si se cumplen las proyecciones de la OMS, ese número podría duplicarse en 2030 y triplicarse para 2050. Todos juntos ocuparían un país como el México actual. Hoy, cada cuatro segundos se diagnostica un nuevo caso. El costo para los sistemas de salud ronda los US$600 mil millones. Eso es exactamente lo que costaba Apple, la compañía más valiosa del mundo, en abril pasado.

Los científicos todavía no tienen en sus manos todas las piezas de este complejo rompecabezas. Saben, gracias a las investigaciones de la última década, que en el caso del alzhéimer la comunicación entre los millones y millones de neuronas, por las que viajan nuestros recuerdos y pensamientos, se va alterando lentamente.

El delicado sistema de mensajería del cerebro, compuesto por señales químicas, que llamamos neurotransmisores, y señales eléctricas entre neurona y neurona, comienza a corromperse por culpa de “una basura” química llamada B-amiloide.

Mientras se acumula esa basura que va provocando cortocircuitos en neuronas de algunas zonas del cerebro, aparecen los primeros síntomas, casi imperceptibles: el olvido de la palabra yunque de Aureliano, el olvido de fechas, de caras conocidas, ligeros cambios en el comportamiento, a veces cambios de humor.

A medida que los fragmentos de amiloide se reúnen formando placas y marañas neurofibrosas, las neuronas se desconectan, van muriendo y con ellas se esfuman los mejores recuerdos de nuestras vidas, también los malos momentos, los triunfos, los fracasos, los miedos y los secretos que nunca contamos.

“Nadie está a salvo de estas enfermedades. Es una lotería”, es lo que dice el doctor Carlos Gustavo Cano, director de Intellectus, uno de los primeros centros de memoria creados en el país y que hace parte del Hospital San Ignacio de la Universidad Javeriana. “Imagínese la catástrofe que va a ser para el país tener entre 300.000 y 500.000 pacientes con demencia en las próximas dos décadas”, remata.

No hay tratamientos eficaces hasta ahora (ver página 14). Aunque los charlatanes han sabido sacar provecho de la ansiedad de pacientes y familias. Cano dice que en internet se promocionan unos 5.000 fármacos, pero la verdad es que sólo cuatro han demostrado científicamente alguna utilidad: memantina, rivastigmina, donepezil y galantamina. Todos actúan aumentando la cantidad de neurotransmisores asociados a la memoria.

Mientras aparece un Melquíades con una maleta atiborrada de frascos, alguno de ellos con la receta contra el olvido, la recomendación de la Organización Mundial de la Salud es comenzar a preparar los sistemas de salud para asumir uno de los desafíos más grandes de salud pública.