Plaga de caracoles sigue sin control

A pesar de los esfuerzos de las autoridades ambientales por poner límite a la reproducción descontrolada de miles de caracoles africanos (Achatina fulica) en el país, la especie invasora sigue multiplicándose.

A pesar de los esfuerzos de las autoridades ambientales por poner límite a la reproducción descontrolada de miles de caracoles africanos (Achatina fulica) en el país, la especie invasora sigue multiplicándose. Esta plaga, una de las 100 más peligrosas del mundo, ya se encuentra en 23 de los 32 departamentos.

Su propagación es tan acelerada que durante este año se realizó en Yopal una jornada de recolección e incineración en la que se capturaron 15.000 caracoles y en menos de 20 días la zona ya estaba plagada de nuevo.

Según la Policía Ambiental, detrás de la expansión de la especie se encuentra una industria cosmética que desde hace un par de años ha querido aprovecharlos para desarrollar tratamientos de belleza. A ella se han sumado otros que quieren tenerlos como mascota.

Desde 2010 se comenzaron a transportar caracoles de manera informal de un municipio a otro y la situación parece hoy incontrolable.

Hace un par de meses el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional entregó un estudio en el que comprobó que hace tres años sólo se habían visto caracoles en Amazonas, Putumayo y Huila, y ahora se encuentran en todas las regiones de Colombia.

La mayor concentración de municipios infestados están en el piedemonte de la cordillera Oriental, en las regiones de la Orinoquia y la Amazonia, y a lo largo de los valles interandinos de los ríos Magdalena y Cauca.

Se ha identificado que estos animales atacan a cerca de 800 especies de plantas y se alimentan de heces y otros materiales orgánicos. Suelen encontrarse en las plantaciones de tubérculos, hortalizas, árboles, cacao y café.

Las corporaciones ambientales han informado que el caracol gigante aún no tiene ningún enemigo natural en Colombia que lo regule y que puede poner de 100 o 400 huevos cada 21 días.

Si una persona entra en contacto directo con la baba de este caracol podría sufrir una trombosis, una apendicitis o, lo más grave, una meningitis que podría llevar a la muerte. Esto sucede cuando algunos caracoles africanos tienen el parásito Angiostrongylus, que puede migrar al sistema nervioso central.

 

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