Primera parada: Barranquilla

Que aquí no son costeños, sino caribeños. Que el último reducto español fue derrotado allí, en el mar Caribe.

Que a Padilla los historiadores del centro —“los cachacos”— lo olvidaron o lo deformaron. Y que el 20 de julio fue apenas una trifulca y el 11 de noviembre una gesta heroica, es lo que se escucha una y otra vez a bordo del buque ARC Cartagena de Indias, que atracó en Barranquilla y zarpará el sábado temprano hacia Santa Marta.


“Esto es como un reality”, había dicho la rectora de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB), Patricia Martínez Barrios. Y sí: 48 expedicionarios, durmiendo en camarotes de tres camas y caminando por pasillos por donde sólo cabe uno, tendrán que convivir diez días más. Pero cuando sonaron las entrañas del buque y los marinos soltaron amarras, nada de eso parecía preocuparlos.


La noche anterior la pasaron en el muelle. Los marinos no iban a permitir que hombres y mujeres durmieran en un mismo lugar y sólo terminaron la pared que divide sus cuartos a las 4:00 a.m., poco antes de que el buque zarpara. Y sólo hasta esa hora los expedicionarios, que también provienen de cercanías de Cartagena, pudieron dormir.


El amanecer, mientras el buque se alejaba de la bahía, fue distinto. Había, para 26 mujeres, un solo baño. Y entonces uno de los marinos les advirtió, en tono seco, que debían bañarse en tres minutos. Los hombres, al otro lado del muro, salían con toalla y jabón en mano, pasaban la esclusa y entraban en fila a la ducha.


La derrota, como llaman los tripulantes a la ruta que sigue el buque, estaba definida así: una navegación a 13 nudos y sin alejarse tanto de la costa hasta Bocas de Ceniza, para entrar al río Magdalena. En el buque —que mide 104 metros de eslora (largo) y 13,7 de manga (ancho)— venían los expedicionarios mayores: Alexánder Quessep, chef barranquillero que busca en las plazas de mercado los sabores típicos de la región para inventariarlos, y Roldán Esteva, investigador venezolano sobre la Independencia, entre otros.


También venía Claudia Espinosa, estudiante de la UTB: “¿Tú crees en Dios? Yo sí. Y yo me había dicho que antes de conocer Europa tenía que conocer esto”. El buque, que estuvo casi 10 horas a mar abierto, tocó puerto en Barranquilla —donde habrá algunas conferencias y presentaciones— y fue recibido por la banda naval, que luego de los honores bajo un sol duro hizo silencio y se fue.