¿Por qué se siente tan bien reírse?

Científicos de la Universidad de Oxford concluyeron que la risa —aunque parezca obvio— aumenta la resistencia al dolor.

Reírse a carcajadas —un fuerte ¡ja, ja, ja!— es un paliativo para el dolor. Ese fue el resultado de un estudio liderado por Robin Dunbar, profesor de la Universidad de Oxford. La investigación determinó que no sólo es necesario sentirse satisfecho por una broma sino que hace falta reírse con el cuerpo, levantar las cejas y liberar el aire de los pulmones para expulsar endorfinas, analgésicos naturales que generan —como el orgasmo, como los opiáceos— una sensación de bienestar y aumentan el umbral del dolor en los seres humanos.

Dunbar y su equipo sometieron a varios grupos de hombres y mujeres a seis experimentos diferentes. En primer lugar, los participantes fueron expuestos al dolor a través de dos métodos: una bolsa de vino congelado sobre el antebrazo y un tensiómetro (un aparato para tomar la presión). Les pidieron, por supuesto, que avisaran cuando no resistieran más. Luego se dividieron en dos grupos: unos vieron programas cómicos —Friends, un capítulo de South Park, otro de Los Simpsons—, mientras que otros observaron documentales, un programa religioso o de golf. Por último, los investigadores midieron de nuevo la resistencia al dolor de los participantes para hacer comparaciones.

¿Qué encontraron? Según la publicación, disponible en la página de Proceedings of the Royal Society (http://bit.ly/puS7ff), los que miraron los documentales tuvieron menor resistencia que aquellos expuestos a las comedias, y los participantes rieron más cuando estaban en grupo que en solitario. El último experimento, realizado en un teatro ante un show de stand up comedy, dio resultados similares.

Aunque el estudio no pudo extraer las endorfinas del cuerpo (porque es difícil y para entonces la risa ya se habría ido), según Dunbar las carcajadas expulsaron esta droga natural y les permitieron resistir más al dolor. Pero la risa no sólo tiene esta característica. Además, permite que los grupos se junten. Ése es el tema que en realidad le interesa a Dunbar. “La risa es un mecanismo primitivo para unir grupos sociales —dijo Dunbar a The New York Times—. Los primates lo usan”.

La risa tiene efectos sanatorios, eso es bien sabido. Pero la lección de esta investigación es distinta: hay que reírse. Y duro.

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