¿Cómo es ser niña en Colombia?

En una radiografía sobre la situación de las niñas en el país se reporta que son las víctimas en el 80% de las denuncias por violencia sexual.

¿Cómo es ser niña en Colombia? ¿Cómo es ser mujer? La Fundación Plan se planteó estas preguntas y las respondió en un informe de 161 páginas que lanza este jueves, Día Internacional de la Niña. Para develar la realidad que este estudio documenta habría que empezar por decir que en el país cerca del 50% de la población son mujeres, que el 33% del total de habitantes es menor de edad y que de esa porción el 51% son niñas y mujeres adolescentes.

Si se quiere resaltar las cifras más contundentes del informe se podría decir que el 63% de las denuncias recibidas por algún tipo de violencia contra la niñez vincula a una niña; que en el 80% de las denuncias sobre violencia sexual, ésta ha sido contra una niña (la mayoría entre 10 y 14 años); que el 28% de los menores desvinculados de grupos armados ilegales son niñas, y que un cuarto de ellas manifestó que la violencia sexual o la violencia intrafamiliar de las que eran víctimas motivaron su reclutamiento.

En este escenario, ¿cómo es ser niña? Ellas ven limitado el ejercicio de sus derechos por diferentes condiciones: “No acceden con iguales oportunidades a la educación, pues tienen a su cargo el cuidado de sus hermanos más pequeños; deben asumir los roles del trabajo doméstico sólo por su condición de ser niñas; ven truncada la posibilidad de emprender una carrera profesional, pues deben hacerse cargo de un embarazo en edad prematura o de un matrimonio forzado... sufren en sus cuerpos la violencia sexual, la violencia de género y los impactos del conflicto armado”.

A ese listado habría que sumar que la violencia intrafamiliar las afecta principalmente a ellas y que el desempleo y el subempleo son mayoritariamente femeninos. En el campo de la educación, la situación no es menos grave: si bien están ingresando más niñas que niños al sistema escolar, ellas no están culminando sus estudios, lo que lleva a que el porcentaje de mujeres que se gradúan del bachillerato sea mucho menor que el de los hombres.

Sobre el rol que cumplen en la sociedad, el estudio señala que “las concepciones culturales vigentes las siguen vinculando a un destino reproductivo, doméstico y privado, lo que se correlaciona con un alto índice de embarazos precoces y no deseados que muy frecuentemente ellas sobrellevan sin el apoyo de un compañero”.

Y a esto hay que sumar una realidad más, el conflicto armado, que desplaza y rompe los vínculos familiares y las convierte a ellas en “botín de guerra” entre los grupos combatientes, lo que se traduce en “violencias sexuales y simbólicas orientadas a la creación de órdenes de miedo en las poblaciones”.

El informe Situación de las niñas en Colombia 2012. Esa niña también soy yo enfrenta directamente las realidades de tres departamentos: Cauca, Valle del Cauca y Chocó, y en el primer capítulo esboza la figura de la niña o mujer trabajadora.

A los 12 años somos un poquito señoritas... cuando estábamos de 10, 11 años, jugábamos dizque a las ollitas, teníamos muñecas, y nosotras a esa edad les pedíamos a las mamás que nos compraran muñecas, barbies para jugar. Ser casi señorita quiere decir que hay labores de la casa que hay que hacer. ¡Eso yo entiendo por señorita! (Lady, 12 años, habitante del Valle del Cauca).

Este testimonio refleja una de las principales conclusiones a las que llega el estudio: el trabajo doméstico es un destino al que nacen atadas las niñas. “Existe la prescripción de un rol para el género femenino que se va configurando desde la infancia... se ‘naturaliza’ el sentido de ser mujer en su función como reproductora y encargada del mundo doméstico”, plantea el informe, y señala además que “confinar” desde niñas a las mujeres a este mundo es una inequidad que limita la posibilidad de generaciones enteras de entrar a otros campos.

Pero el trabajo doméstico es sólo una cara de esta problemática. También están la minería, las ventas ambulantes, la agricultura, todas ellas labores que “se pueden entender como extensión de su rol de encargadas de la progenie y del hogar, más que como un debate en torno a sus derechos”. Pero más allá de esta visión cultural, el estudio pide no obviar un aspecto fundamental en el tema del trabajo infantil: que “la problemática de fondo es la pobreza”.

Cuando nosotros recién entramos empezamos a sembrar lo que todo el mundo: coca. Si nosotros cogíamos la remesa, nos tocaba llevarla al hombro por la trocha. Echábamos tres días de camino. Nos íbamos a las dos de la mañana, dormíamos en algún sitio, de ahí madrugábamos a las dos y luego bajábamos a las seis a un campamento. Al otro día volvíamos y se madrugaba por ahí a las seis de la mañana. Al otro día igual. (María, habitante del Cauca)

El conflicto armado se les presenta a algunas mujeres como una rutina del día a día, como una realidad imposible de eludir porque viven en territorios bajo el control de algún grupo armado. El conflicto se les muestra también en forma de desplazamiento, de violencia sexual, de explotación laboral y —como en el testimonio de María— en la forma de una supuesta oportunidad económica que a la larga sólo lleva problemas.

“En Colombia se ha podido documentar que las mujeres, por su condición de género, están mayormente expuestas a ser víctimas de abuso sexual, reclutamiento forzado, prostitución forzada y embarazos tempranos”, resalta el informe.

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