Su PC puede ayudar a curar leishmaniasis

En la U. de Antioquia buscan un medicamento para combatir esta infección. Cualquier persona puede donar las horas muertas de su computador.

El doctor Carlos Muskus y un grupo de tres investigadores, en Medellín, buscan un medicamento contra la leishmaniasis. Sin embargo, carecen de equipos. Para suplir esa necesidad, IBM les propuso unirse a la plataforma World Community Grid, que busca internautas voluntarios que donen sus computadores durante las horas muertas. Así, Muskus utilizaría la capacidad de cálculo de 1’700.000 computadores en 88 países.

Y lo que demoraría cien años, tomará —se espera— sólo dos.

¿Cómo? IBM instala en los computadores voluntarios un software no invasivo y gratuito. Con esa maquinaria, observan las proteínas sobre las que actúan ciertas medicinas. Muskus compara y revisa —en su modelo digital de proteínas— si alguna de las medicinas afecta la proteína del parásito que propaga la leishmaniasis. De esa manera, se acercaría a un nuevo medicamento que ataque esta infección usual en países tropicales.

Pocas opciones

En Colombia, según el Ministerio de Protección Social, hasta el 9 de julio de 2011 se presentaron 3.723 casos de leishmaniasis. Esta enfermedad, producida por el parásito leishmania y transmitida por un mosquito (del género Lutzomya), se presenta en su forma exterior más común (cutánea) o afecta órganos como el hígado o el bazo (visceral). Si no es tratada a tiempo, puede ser mortal.

“El número de casos ha incrementado dramáticamente —dice Muskus, desde Medellín—. La enfermedad se está urbanizando; antes estaba apartada y ahora se ha adaptado a otros ambientes”. En Colombia, sospecha Muskus, podría haber 20.000 casos nuevos cada año, incluyendo los soldados infectados en la selva.

El progreso de la cura, por su parte, no es proporcional al crecimiento de la leishmaniasis. Si bien existen dos medicamentos principales —las sales de antimonio pentavalente y el estibogluconato de sodio—, no hay una vacuna disponible. “Tenemos pocos medicamentos a la mano —afirma Muskus—. Las opciones terapéuticas producen efectos adversos en los pacientes”.

Gracias, tecnología

También en otros lugares están casadas la tecnología y la medicina. Por ejemplo, Nicholas Cristakis, profesor de la Universidad de Harvard, propone que las redes sociales sean un termómetro de las epidemias para “tener una detección temprana”.

En la Universidad de Cambridge, mientras tanto, investigadores del Departamento de Computación desarrollaron la aplicación FluPhone, que busca rastrear el modo en que se extienden epidemias como la gripa.

La tecnología tiene —quizá— la respuesta a ciertas necesidades de la medicina. El doctor Carlos Muskus, agradecido, dice que este sistema les ahorra tiempo y dinero. “La tecnología —dice— aplicada a la investigación facilita muchos experimentos que antes tardaban más tiempo. Además, disminuye los errores. Ha simplificado la vida y los costos”.