"Todos somos cómplices de las violaciones"

El polémico libro ‘Viólame... suavemente’ muestra la historia de un victimario que expone sus crímenes sin pudor. Análisis sobre el tratamiento que le da la autora a este drama.

Patricia Rodríguez es la autora del libro ‘Viólame... suavemente’, de la editorial Oveja Negra, el cual se mete en las mentes de un violador y su víctima.  / Óscar Pérez
Patricia Rodríguez es la autora del libro ‘Viólame... suavemente’, de la editorial Oveja Negra, el cual se mete en las mentes de un violador y su víctima. / Óscar Pérez

Viólame... suavemente. Ninguna editorial del país había aceptado la publicación del libro con este nombre. El título —justificaban— no sólo era escandaloso, sino que parecía además una apología del peor de los horrores que ha experimentado el 6% de las mujeres en Colombia (datos de la Alta Consejería para la Equidad de la Mujer). Finalmente Oveja Negra le dijo sí a la guionista y comunicadora Patricia Rodríguez y ayer el libro fue presentado en Bogotá.

La polémica va más allá del título. Está en sus protagonistas (el violador y la víctima), en los monólogos (“no todos los violadores somos tan mala gente, hay peores; están algunos curas que aparte de pedófilos son gays”), en el mismo argumento. “Pensé que había que mostrar ese personaje —dice Rodríguez refiriéndose al victimario—, meterse en la cabeza de una persona que no necesariamente tiene problemas mentales; entender por qué lo hace. Al final no lo justificas, pero sí lo entiendes”.

Su propia justificación para escribir este libro es simple: “la única forma de solucionar un problema tan grave es meterse en los zapatos del violador. Si seguimos sólo reparando a las víctimas (que es importantísimo), no vamos a lograr nada. La única forma es darles la palabra, así los odies. Son personas que tienen un problema, hay que tratarlos, trabajar con ellos”.

Dice, además, que a través de su trabajo de investigación (que incluyó tres entrevistas en cárceles con violadores) encontró una serie de razones que podrían explicar qué lleva a una persona a cometer este acto. “Obviamente no comparto lo que él hace y esta no es una apología al delito, pero sus razones tienen validez y desde su punto de vista son totalmente lógicas”. Y da un ejemplo: “ellos señalan que son las mismas mujeres las que se encargan de encasillar a otras mujeres y ponerles rótulos, con afirmaciones como ‘si esta es una prostituta, igual la iban a violar’ o ‘si estaba andando de noche con esa minifalda, por un callejón vacío, qué más se esperaba’. Hay una gran complicidad social”.

Rodríguez explica que su intención no era hacer un acercamiento clínico o médico hacia estos criminales. Fue más bien una búsqueda social. Pero, ¿qué piensan de esta publicación quienes han trabajado por entender desde la psicología y la ciencia qué hay en la mente de este tipo de criminales? ¿Es realmente este libro un aporte a la solución de esta problemática? Las respuestas las da Belisario Valbuena, psicólogo forense y docente de la Universidad Manuela Beltrán de Bogotá y quien ha hecho un trabajo minucioso con violadores seriales.

Lo primero que critica Valbuena, luego de leer los dos primeros capítulos del libro, es el mismo título, que para él “podría constituirse en un fuerte estimulo sexual para un violador”. Sobre el proceso de investigación de Rodríguez apunta que “una característica del violador, especialmente del serial, es que es muy manipulador, precisamente por sus rasgos psicopáticos. Se va a justificar siempre diciendo que fue una provocación, o por un trauma de su infancia... Si se toma literalmente como ellos lo dicen, de alguna manera ellos también resultan víctimas”. Con él está de acuerdo un psiquiatra de la Fiscalía, quien asegura que “no es suficiente entrevistar a tres violadores para establecer una real motivación de la violación”. Dice, además, que no cree que este punto de vista de la autora “sea suficiente para enfrentar la problemática y menos ponernos en la situación del criminal”.

Sobre la propuesta de Rodríguez Valbuena reconoce que en Colombia “estamos muy crudos en las iniciativas de ‘rehabilitación’ o ‘resocialización’ con los agresores sexuales. Ese tema aquí no se trabaja. En España y EE.UU. sí hay iniciativas y hay casos de éxito, aunque no es el común denominador”.

El Espectador habló con Patricia Rodríguez horas antes de la presentación de su libro. Ella reconoce que no será un debate fácil el que viene y dice, sinceramente, que su mayor temor “es que una mujer que ha sido violada lea el libro y no me entienda, porque yo estoy de parte de las víctimas, estoy tratando de hablar por ellas”.

¿Qué pretende con este libro?

Mostrar —y esa es la premisa del libro— cómo la sociedad es cómplice de la violación. Lo que muestra es que las condiciones sociales están dadas para que esto suceda: esta es una sociedad permisiva; permite que haya violadores, permite que la mujer sólo por nacer mujer sea vista como objeto y sea violentada. Lo que busqué al acercarme a los violadores fue entender las razones que llevan a un ser humano a transgredir esa barrera.

¿Usted puede decir que entiende su actuación?

Por lo menos enumeré varias. Obviamente yo no comparto lo que él hace pero enumeré varias razones que tienen su validez. Yo no le puedo pedir a una víctima de una violación que entienda a este personaje, pero la gente que lo ha leído lo ha valorado mucho porque muestra esta realidad. Yo pienso que no podemos seguir viendo a los violadores simplemente como parte del problema, tenemos que verlos como parte de la solución. Es muy difícil encontrar fundaciones que trabajen con violadores.

¿Trabajar cómo con ellos?

Nuestro sistema no está hecho para recuperar personas con problemas mentales, que hayan cometido este tipo de transgresiones. Las cárceles no están diseñadas para que un violador deje de serlo. El libro genera esos foros de discusión para pensar un poco más qué se puede hacer con ellos.

¿Para qué darles la voz a ellos? ¿Por qué darle la voz a una persona enferma?

Este es un problema que nadie se ha atrevido a solucionar. Si no se escuchan los dos puntos de vista nunca se podrá solucionar. Es crudo, es desgarrador. El libro genera rechazo, impacto, pero yo invito a que lo lean. No quiero que lo entiendan a él, ni que lo justifiquen, pero sí a través de los ojos de él uno como lector se da cuenta de la parte de culpa que tiene en este problema. Todos somos cómplices de las violaciones.

Usted dice que no es una apología, pero ¿cómo evitar que uno lea el título y no sienta esto?

El misterio del título se resuelve al final, y cuando lo resuelves te das cuenta de que no es una apología. Obviamente es un título impactante, porque por un lado estamos hablando de una violación, con todo el dolor que puede generar esta palabra, pero por otro lado yo me meto con la sexualidad, con esa escala de grises que es el sexo, y cuando hablamos de eso es algo suave, íntimo, personal.

¿Una víctima de violación podrá entender su intención?

A mí eso me da mucho miedo, la reacción que pueda tener una mujer abusada. Ese es tal vez el mayor temor con el libro, más que la crítica y que lo destrocen. Espero, de corazón, que me entienda y se dé cuenta de que yo estoy con ella. Mi temor más grande es que lo vean como una apología.

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