Tras las pistas de la evolución

En ocho años de investigaciones, el biólogo Hugo Mantilla, descubrió dos nuevas subespecies de primates en el país.

El biólogo Hugo Mantilla-Meluk muestra un ejemplar del ‘Lagothrix lugens’, de la Colección de Mamíferos de la Universidad Nacional.   / Sebastián Ochoa G.
El biólogo Hugo Mantilla-Meluk muestra un ejemplar del ‘Lagothrix lugens’, de la Colección de Mamíferos de la Universidad Nacional. / Sebastián Ochoa G.

La historia de la evolución es un libro que aún tiene pocas líneas. ¿Sabemos lo suficiente de nuestra historia? ¿Sabemos algo de la de las otras especies? ¿Conocemos acaso pistas claves del origen de la biodiversidad de un país como este? Las respuestas a estas preguntas es que probablemente aún sepamos muy poco y que en cada nuevo descubrimiento, cada nueva especie identificada, resulte una pieza clave en el rompecabezas del proceso evolutivo.

De eso está convencido el mastozoólogo Hugo Mantilla-Meluk. Por eso, cuando cuenta su historia sonríe: sabe que entre manos tiene, nada más y nada menos, un trozo de ese mapa desconocido.

Mantilla-Meluk descubrió dos nuevas subespecies de primates en el país después de más de ocho años de investigaciones. Sentado en el laboratorio de la Colección de Mamíferos de la Universidad Nacional, donde es curador asociado, el biólogo explica de qué se trata su hallazgo, que involucró también la revisión de la colección de primates del Field Museum of Natural History, de Chicago.

En 1812 Alexander von Humboldt describió un nuevo género de monos que se denominó Lagothrix. Precisamente en Colombia hay una especie de este grupo que es endémica en el país: Lagothrix lugens. Hasta ahí todo parecía resuelto. Sin embargo, las primeras pistas para la indagación de Mantilla-Meluk aparecen en 1963. Ese año Jack Fooden, investigador norteamericano, analiza de nuevo la variación de especímenes de Lagothrix y encuentra tres tipos de coloración del pelaje asociadas con poblaciones diferentes en los monos analizados. Además, que estos primates no sólo se encontraban en zonas altas como los Andes, a 3.000 metros de altura, sino también en selvas de la Amazonia.

¿Era posible que una misma especie, una misma maquinaria biológica, pudiera existir en condiciones ecológicas tan distintas? Para encontrar la respuesta, Mantilla-Meluk empezó a investigar. No era la primera vez que se interesaba por los primates: su tesis de grado de biología de la Universidad Nacional la hizo sobre primates y para lograrlo pasó varios meses en las selvas del Vaupés, a orillas del río Apaporis. La idea era aprender junto al primatólogo Thomas Defler, quien en su estación de campo convivía con un grupo de 27 primates huérfanos.

Luego vinieron 12 años fuera del país, una maestría, un doctorado en evolución y varios trabajos en museos como el Field Museum of Natural History, de Chicago, reconocido por sus colecciones biológicas. Precisamente gracias a éstas pudo recabar más datos sobre los primates colombianos para construir su hipótesis: los Lagothrix de los bosques de niebla no podían ser los mismos que aquellos de las espesas selvas del Amazonas.

Mantilla-Meluk pudo comprobar que las poblaciones de esta especie de montaña eran distintas a la de las zonas bajas y que en las selvas había dos subespecies desconocidas para la ciencia. El biólogo las nombró Lagothrix lugens defleri, en honor a Defler, y Lagothrix lugens sapiens, como homenaje al colombiano Jorge Ignacio Hernández-Camacho, quien lo inició en el mundo de las colecciones biológicas. Su hallazgo ya fue publicado en la revista especializada Primate Conservation.

Aún en el laboratorio de la Colección de Mamíferos, Mantilla-Meluk explica por qué es importante este descubrimiento: “Se abren una cantidad de interrogantes. Colombia es un país muy diverso y esa diversidad aún permanece desconocida, no sabemos realmente lo que tenemos y eso tiene implicaciones. Aquí se toman decisiones sin saber lo que estamos afectando”.

Para Mantilla-Meluk, su descubrimiento es un punto de partida para adelantar planes de conservación más ajustados a la realidad biológica, pues “no es lo mismo conservar una sola especie, que tres subespecies en distintas zonas”. Sin embargo, reconoce que debido a las fuertes presiones por la deforestación para otros usos, como la ganadería, los cultivos ilícitos y el cambio climático, la presión sobre estos primates que existen en la Serranía de la Macarena y en el Caquetá es cada vez más fuerte”.

“Cada nueva especie que se encuentra puede encadenar aún más la teoría evolutiva. Todas esas pistas nos dan elementos para entendernos mejor y entender a la naturaleza”, dice Mantilla-Meluk, y para concluir añade: “A pesar de los avances, aun nuestro entendimiento sobre los procesos que explican la vida y su diversidad es precaria y estos descubrimientos nos ayudan a sumarle pedacitos a esa historia, pero aún nos queda muchísimo ”.

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