“Tumbar monte no es hacer patria”

Con US$6 millones aportados por Noruega, Alemania e Inglaterra, comienza la difícil tarea de reducir a cero la deforestación en la Amazonia colombiana.

En 100 años se ha destruido el equivalente a 5 millones de canchas de fútbol en el Amazonas colombiano. / Sinchi
En 100 años se ha destruido el equivalente a 5 millones de canchas de fútbol en el Amazonas colombiano. / Sinchi

Hace un año, en la Cumbre de Cambio Climático en París, Colombia se comprometió a reducir a cero la deforestación en el Amazonas. Tres países, Noruega, Alemania e Inglaterra, prometieron aportar hasta US$125 millones para lograrlo. El primer pago ya se realizó.

José Yunis, exdirector de The Nature Conservancy en Colombia, será el encargado desde el Ministerio de Medio Ambiente de liderar el programa Visión Amazonia y coordinar los esfuerzos necesarios para cumplir con el compromiso internacional.

¿Cuántos recursos están disponibles?

Empezamos con un desembolso de US$6 millones que llegaron en julio de este año. Los próximos desembolsos serán de 20, 25 o 35 millones por año, dependiendo del desempeño, y así seguiremos manteniendo la inversión por cinco años, si todo va bien y los resultados se dan, hasta ejecutar US$125 millones.

¿Cómo se van a asignar los recursos?

Los recursos vienen de Noruega, Alemania e Inglaterra. Ellos los canalizan a través del banco Alemán KfW. KfW deposita los recursos en Fondo Patrimonio, nuestro agente fiduciario. El Ministerio del Medio Ambiente orienta los recursos a través de Visión Amazonia. Los recursos se van a asignar a proyectos productivos agroforestales y alternativas económicas acordes con el Amazonas, en apoyo a comunidades campesinas e indígenas, manejo forestal y negociaciones intersectoriales, por ejemplo, con minas, petróleo y vías, de manera que la región se desarrolle sin deforestación.

¿Cómo evitar que este dinero se quede a medio camino en la burocracia colombiana?

Buena pregunta. Estaremos reportando periódicamente el gasto para hacer que la plata llegue a la gente. Hay reportes y filtros de toda clase para que esto se dé. El acuerdo firmado plantea una distribución de beneficios donde al menos el 60 % llegue directamente a la gente y el 40 % sea para fortalecimiento de capacidades.

¿A qué le van a dar prioridad?

En lo local, al financiamiento de proyectos productivos con campesinos y comunidades indígenas en pactos de cero deforestación. En lo nacional, estaremos centrados en acuerdos sectoriales que eviten la deforestación y mejoren la productividad. Con el Ministerio de Agricultura, por ejemplo, queremos diseñar instrumentos financieros especiales, asequibles a la gente, acordes con la meta de no deforestar y con la realidad amazónica. Por ejemplo, diseñar instrumentos financieros que ayuden a reducir la deforestación, algo así como reducción de intereses, o condonar un porcentaje de una deuda si se mantiene o aumenta la cobertura forestal. Incentivar cultivos con buena perspectiva de mercado, como el cacao, pero que sea sembrado en arreglos agroforestales, con árboles, no al descubierto, o incentivar y fortalecer productos maderables y no maderables. A nivel regional, trabajar con los gobiernos para que sus planes estén cada vez más comprometidos con la protección del bosque y que no promuevan su tala, por ejemplo, con un ordenamiento territorial que contemple el bosque. Queremos que se valore el bosque en pie. No tiene sentido tumbar toda una hectárea de jaguares, tucanes, escarabajos, micos, dantas, panteras, árboles, achapos, lianas y cientos de otras especies para poner media vaca por hectárea. No tiene sentido.

Los países donantes han dicho que no habrá pagos si no se reduce efectivamente. ¿No le da miedo fallar?

No. De hecho, la deforestación para los períodos de referencia 2013, 2014 y 2015 bajó. Preocupan el aumento de la tasa de cambio del dólar, el aumento de cultivos ilegales y los efectos del proceso de paz. Sabemos qué hay que hacer, modificar, cambiar o ajustar. Los recursos que llegan son un buen empujón para esa tarea. Es una buena oportunidad para cambiar la inercia, para cambiar conceptos como que se hace patria tumbando monte.

¿Cree que se necesita hacer ajustes en leyes?

Sí, hay que cambiar leyes. Pero lo principal es quitarnos de la cabeza el modelo de tala rasa, que es tan difícil, tan dañino y tan de corto plazo.

¿Qué tan alineados con esa meta de cero deforestación están los gobernadores y alcaldes?

En la región hay una buena conciencia sobre el daño que estamos haciendo, pero se carece de herramientas y recursos para superar ese modelo. Una parte clave del equipo de Visión Amazonia es de la región, conoce los temas, la zona, sus actores. Esto nos ayudará a construir el necesario diálogo nación-región para derrotar la deforestación.

¿Cuál va a ser el rol de las comunidades indígenas?

Fundamental. Ellas han protegido la selva, detentan buena parte de la tierra y del saber tradicional y poseen los bosques. Buena parte de los recursos previstos son para ellos, para apuntalar sus planes de vida, su increíble cultura, sus territorios, y para proteger la selva que para ellos es su casa, literalmente hablando. La persona que dirige este componente en Visión es indígena.

¿Cuál cree que es el principal obstáculo para lograr la meta?

Cambiar nuestra cultura, la idea de que hay que tumbarlo todo primero para producir después. Debemos mostrar que podemos producir más y mejor con el bosque en pie. Yo pienso que el futuro de la región no es petrolero, minero o de vacas, sino turístico, de productos amazónicos como peces, ornamentales, frutos del bosque, cosméticos y productos naturales. En un día no muy lejano, productos del Amazonas colombiano tendrán mercado, serán la base de su extraordinaria riqueza ambiental particular.

¿Qué impacto puede tener el proceso de paz para cumplir esta meta?

Como yo lo veo, el proceso de paz tendría dos etapas: al principio, el aumento de la deforestación en ciertas zonas por cambios de control territorial, algunos frentes de deforestación por procesos especulativos sobre la tierras con capitales grandes que están llegando a la zona, y el aumento de ciertas áreas deforestadas que ahora quedan abiertas a la colonización y que antes estaban vedadas. Eso lo esperamos. Después esperamos control y una baja de la deforestación, la entrada en operación de los acuerdos campesinos asociativos y con indígenas que estamos poniendo en marcha, así como el diseño y la ejecución de planes de desarrollo más acordes con la vocación de la zona. El pacto de La Habana considera un modelo de cero deforestación.

 

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