Un bosque amenazado

El uso del parque municipal como centro recreativo pone en riesgo la biodiversidad del lugar, una reserva botánica del departamento.

Aunque biólogos e investigadores advierten que la vida del pulmón verde de Palmira está amenazada por el descuido de las administraciones públicas, la secretaria de Cultura y Turismo del municipio vallecaucano, Gloria Mora, asegura que se trata de falsas alarmas, “que los kioscos estén deteriorados no significa que el parque esté en la ruina; el Bosque se ha mantenido”.

Desde el aire las 17 hectáreas que conforman el Bosque Municipal parecen sanas. Pero otra cosa creen la Corporación Autónoma del Valle del Cauca (CVC) y el Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional, que desde hace más de cinco años vienen advirtiendo sobre la desaparición de la fauna y la flora que albergaba el Bosque de Palmira.

Como lo informó el medio universitario UNperiódico en su artículo ‘Bosque Municipal de Palmira muere por desidia estatal’ el Parque pasó de tener 1.548 tipos de plantas en 2005 a 374 en 2007, según estudios realizados por la Corporación Amigos del Bosque la UN y Comfaunión.

Estos hallazgos hicieron parte de un convenio de recuperación ambiental del Bosque, firmado en 2007 por la Alcaldía y la CVC. La iniciativa incluía la destinación de $436 millones para liderar proyectos de educación ambiental, descontaminación de los lagos, reforestación y siembra de especies simbólicas del Valle del Cauca. Pero más del 60% de las tareas no se ejecutó, al ser descartadas por la alcaldía entrante de Raúl Ortega.

Según Harold Mafla, ingeniero de la CVC y quien hizo parte de la ejecución del proyecto, “sin que se hubieran invertido los primeros $200 millones, el convenio fue liquidado por la nueva alcaldía y desde ese momento no se ha vuelto impulsar una estrategia seria para la preservación del lugar”.

Juan C. Escobar, director del parque, reconoce la alta contaminación de los lagos y a propósito del deterioro de la flora y la fauna dice que “es normal que con el tiempo desaparezcan algunas especies”.

Escobar anunció que el plan de preservación propuesto por el convenio de 2007 ya fue actualizado por la Secretaría de Cultura, que buscará la aprobación de los $1.500 millones que costaría. De todos modos, el director cree que el lugar no está tan descuidado como se ha dicho, y “muestra de ello es que a diario entran unas 1.000 personas que lo utilizan como parque recreativo. Es lugar de encuentro de grupos de la tercera edad y colegios que lo usan para sus actividades de educación física”.

Pero Mafla y estudiosos como el biólogo Eugenio Escobar, que lideró el diagnóstico de la flora del Bosque y hoy es profesor pensionado de la UN, sostienen que las últimas administraciones han hecho inversiones en infraestructura que se alejan del uso que debería tener el pulmón verde de una ciudad.

Se refieren a la construcción de una concha acústica que, según el biólogo, “está afectando a los animales del parque”, y a la adecuación de la cancha de fútbol.

Valdría la pena atender las inquietudes de los investigadores, si se tiene en cuenta que un estudio liderado, en 2008, por la U. de los Andes evidenció que los residuos emitidos por la industria azucarera de la región han contaminado altamente el aire que se respira en Palmira.

“El municipio tiene que defender su único espacio para la recreación pasiva y la preservación de su biodiversidad. Lugar que no puede ser amenazado por el cemento”, dice el profesor Escobar.

Con la propuesta en la mesa, será el alcalde Ritter López quien decida qué uso le darán los palmiranos al parque: si se conservará como jardín botánico o se impulsará como centro recreativo.

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