Un colombiano a bordo del barco de Greenpeace

Hasta marzo, Ricardo Páez hará parte de la tripulación del barco insignia del Rainbow Warrior que ya pasó por Colombia.

La tripulación del Rainbow Warrior, el barco insignia de Greenpeace, está compuesta, en su mayoría, por marineros profesionales. Se trata de gente que sabe qué hay que hacer al cruzar por un sitios tan difíciles para navegar como el Cabo de la Buena Esperanza. Pero, además de estos marineros, hay dos activistas que se unieron a la tripulación por un breve tiempo. Uno de ellos es el colombiano Ricardo Páez.

Ricardo trabaja como publicista en Bogotá. Hace ya bastante tiempo que hace parte de Greenpeace. Cuando supo que podía formar parte de la tripulación de uno de sus barcos, no dudó en postularse. Compitió por una plaza de tres meses con gente de 45 países que también quería vivir la aventura de navegar por el mundo y luchar por una causa justa.

Cuando estuvo en Argentina realizando sus estudios de postgrado, Ricardo participó en varias acciones de protesta de Greenpeace. Una vez, durante la campaña de Basura Cero, tuvo que soportar el abuso verbal y físico de un policía: "'Qué estás haciendo aquí indiecito, por qué no te vas para tu país', me decía, luego de lo cual empezó a darme en las piernas golpes con su bolillo para ver si perdía el control. Yo me mantuve en mi puesto sin responderle. Tenía la camiseta de la organización. Era, por decirlo así, uno de sus embajadores".

A través de esta anécdota de Ricardo uno descubre una dimensión poco conocida de Greenpeace, la de sus métodos de lucha, y se queda uno pensando acerca del impacto positivo que podrían tener sus campañas en Colombia. Greenpeace lucha por la defensa de la naturaleza. Muchos sabemos eso. Podemos evocar la imagen de sus lanchas de goma interponiéndose entre los arpones y las ballenas. Lo que menos se sabe de Greenpeace, y que vale la pena conocer más a fondo, es que es una organización comprometida con la acción directa no violenta.

Para estar en el Rainbow Warrior, Ricardo tuvo que pasar por varias secuencias de entrenamiento. Una parte importante de su formación consistió en informarse acerca de los riesgos legales que puede correr y de las acciones que se emprenderían en su defensa. La cosa no es nimia. En varios lugares del mundo, Greenpeace ha tenido que enfrentar la criminalización de sus acciones de protesta. En Rusia, el caso más reciente, las autoridades acusaron a sus activistas de piratería por oponerse a la exploración de petróleo en el Ártico. Después de una fuerte presión internacional, incluidas más de tres millones de firmas, esos activistas fueron liberados. Sin embargo, el barco Artic Sunrise continúa incautado.

Ricardo también recibió un fuerte entrenamiento físico y psicológico. Su figura es menuda, pero tiene que ser bastante fuerte. Basta con imaginarse la escalada desde una lancha a la cubierta de un barco con casco, arnés, chaleco salvavidas y una pancarta. O se está en forma o no se está en el Rainbow Warrior. Pero, además, hay que estar en forma psicológica y espiritualmente.

Ricardo ya había tenido varios entrenamientos en acción directa no violenta. Sabía lo exigente que eran. Lo más importante de ese proceso de formación, resalta Ricardo, es el profundo grado de conocimiento que cada persona alcanza acerca de sí misma. “Los entrenamientos me permitieron conocer mis límites”. Sin ese conocimiento, ningún activista puede participar en las acciones de Greenpeace. Cada acción es una apuesta en defensa de un mundo que respete la naturaleza, que respete la vida en su conjunto. Es un desafío, pero también un reconocimiento, una interpelación que se hace sin violencia.

En el Rainbow Warrior Ricardo interactúa con gente de otros diez países, quienes han recibido la misma formación que a él le impartieron. Yo le pregunté si las diferencias de nacionalidad eran más importantes que las de carácter. En palabras más simples, ¿los nórdicos son menos propensos a la violencia que nosotros? La respuesta de Ricardo puede servir mucho para disipar los prejuicios que tenemos acerca de nosotros mismos, así como para entender la dinámica interna de Greenpeace. “No hay tal, no hay diferencias de nacionalidad. Al Rainbow Warrior llega gente que se ha seleccionado a sí misma, por así decirlo, personas que tienen una trayectoria en la que se pone de manifiesto su capacidad para actuar sin violencia”.

Una de las principales responsabilidades de Ricardo en el Rainbow Warrior tiene que ver con las redes sociales. No en vano es una de sus tareas. Junto con otros colombianos, Ricardo contribuyó a que una de las más recientes campañas de Greenpeace fuera todo un éxito. Después de Argentina y Turquía, Colombia fue el país donde más se recogieron firmas en favor de la liberación de los activistas detenidos en Rusia. “Estamos muy lejos del Ártico, ninguno de los detenidos era colombiano, pero cuando le explicábamos a la gente de qué se trataba la campaña en la que estábamos involucrados, todo el mundo decía, ¿dónde le firmo?”.

Quizá el dinamismo de activistas como Ricardo contribuyó a que Greenpeace pusiera sus ojos en Colombia. Como lo informó la semana pasada El Espectador, Martín Prieto, el director ejecutivo de Greenpeace Andino, se reunió con el viceministro de Minas, César Díaz, para decirle que no hay lugar a que continúe la explotación de carbón en el Páramo de Pisba. Martín hizo eco del testimonio de un poblador de Tasco, Boyacá, que se opone a la explotación minera: “La explotación de carbón va a generar riqueza por 15 años y luego todo se va a acabar. Nosotros, en cambio, defendemos esta riqueza natural para toda la vida”.

De esta defensa de la vida es de la que hace parte Ricardo Páez, tripulante colombiano del Rainbow Warrior.


*Profesor Asistente del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia

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