Un muerto por combustión espontánea

Nueve meses después de que el cuerpo del irlandés Michael Faherty, de 76 años, fuera encontrado calcinado en la sala de su casa en la ciudad de Galway, el médico forense Ciaran McLoughlin reveló la causa de su muerte: combustión espontánea.

El término se refiere a la incineración de personas vivas sin haber tenido aparentemente contacto con una fuente externa de inflamación.

Al presentar los resultados de las pesquisas, el forense aseguró: “el incendio se ha investigado a fondo. La conclusión es que encaja en la categoría de la combustión espontánea humana, para la cual no hay una explicación científica”. Y dijo además que el caso de Faherty es el primero de este tipo registrado en Irlanda.

En las fotos tomadas en la casa del hombre el día de su muerte —el 22 de diciembre de 2010— se ve el cuerpo calcinado boca abajo junto a la chimenea; se ve un paquete de fósforos en una repisa, un celular y una cuchilla que no fueron alcanzados por el fuego.

El policía Gerard O’Callaghan, quien estaba a la cabeza de la unidad investigativa que estudió la escena del crimen, explicó que el fuego que causó la muerte de Faherty no provenía de la chimenea y que las llamas sólo cubrieron la zona donde se encontró el cuerpo; el resto de la casa estaba ennegrecida por el humo. O’Callaghan también indicó que en las muestras del laboratorio no se encontraron sustancias inflamables como gasolina o alcohol, ni tampoco rastros de una segunda persona que hubiera ingresado a la vivienda.

Una tercera persona que estuvo de lleno en la investigación fue la patóloga Grace Callagy. En su testimonio al diario Galway City Tribune, la mujer afirma que por el efecto de las llamas los principales órganos vitales de Michael Faherty, así como parte de sus huesos, habían desaparecido, lo que dificultó seriamente la realización de los análisis. Callagy también apuntó que para que la osamenta fuera incinerada de esa manera tuvo que estar sometida a temperaturas entre los 700 y los 1.000 grados centígrados.

El caso de Michael Faherty abre nuevamente el debate sobre la combustión espontánea. La ciencia sigue rechazando esta teoría. Los defensores aseguran que tiene explicaciones tan variadas como el alcoholismo, la obesidad y la electricidad estática. El debate sigue abierto.

 

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