Una dieta poco común

Sólo 11 de 1.250 plantas alimenticias nativas son la base de la dieta vegetal de los colombianos.

Cananguacha, especie nativa del Amazonas. / Fotos: Archivo Instituto Sinchi.

Mano de tigre, chirimoyo silvestre, duende caspí, bombona, urucú, almendrón, candelo, azulejo, camucamu, umarí, dormilón, piña de abeja, huito y copoazú. Estas son algunas de las 400 plantas alimenticias no convencionales de la Amazonia colombiana. Especies subutilizadas cuyas cualidades ecológicas, económicas y nutricionales son desconocidas para la mayoría de los colombianos.

Según Dairon Cárdenas, Nórida Marín y Nicolás Castaño, investigadores del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), “el hombre ha domesticado cerca de 2 mil plantas para su alimentación, de las cuales 150 se cultivan comercialmente y sólo 103 proveen más del 90% de la alimentación humana de origen vegetal en el mundo”. En contraste, explican, existen entre 12 mil y 15 mil especies de plantas con un importante, pero desaprovechado, potencial alimenticio.

Estas plantas poseen cantidades más elevadas de proteínas, vitaminas y otros nutrientes que los vegetales que usualmente consumimos. “Las frutas y verduras no convencionales, por ejemplo, contienen más fibras y compuestos con funciones antioxidantes”, aseguran los investigadores.

Por otro lado, las plantas alimenticias no convencionales son una alternativa de uso y valoración de los recursos naturales. En Colombia existen alrededor de 1.250 plantas alimenticias, sin embargo, “nuestra seguridad alimentaria y la economía de exportación de productos agrícolas se sustentan en tan sólo 11 especies”, dice Luz Marina Mantilla, directora del Sinchi.

La biodiversidad de Colombia es una “fuente nutricional capaz de garantizar nuestra soberanía alimentaria”, no obstante, hemos dado prioridad a los monocultivos y a los productos importados que no sólo han dificultado la exploración y explotación de otras fuentes alimenticias, sino que también nos han hecho olvidar nuestros usos y costumbres ancestrales, manifiesta Mantilla.

“Generalmente, el cultivo de productos implica destruir hectáreas de bosques para poder sembrar. Una ventaja ecológica de los frutos no convencionales es que surgen de la oferta natural del bosque, que para su recolección no es necesario talar ni despejar los terrenos”, cuenta Dairon Cárdenas.

Según los investigadores, además de empobrecer la dieta humana, la dependencia de ciertos alimentos ha menguado la capacidad de comunidades y países para definir sus propias prácticas agrícolas y alimenticias de forma “ecológica, social y culturalmente sostenibles”.

Por eso, para Luz Marina Mantilla, retomar el conocimiento tradicional de estas alternativas alimenticias y arriesgarnos a redescubrir nuestra biodiversidad resulta indispensable. “Ninguna de las especies que comemos, a excepción de productos como la papa y la yuca, son nativas. Que las plantas no convencionales se conozcan en el resto de Colombia implica reconocer que existen sabores, colores, olores y texturas tan diversas como las regiones de nuestro país”.

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