"La violencia contra la mujer es una plaga"

La socióloga experta en maltrato intrafamiliar y de género estima que en el mundo una de cada tres mujeres ha sido golpeada, violada o agredida.

En palabras de Vivian Huelgo la violencia contra las mujeres “es una plaga” en el mundo. Ella, que asesora a la Asociación de Abogados de Estados Unidos en temas de violencia intrafamiliar y violencia de género, sostiene que la solución a este mal debe contar con dos elementos: voluntad política y una cultura social que apoye la denuncia y rechace estos actos.

En Colombia, el machismo es uno de los principales motivadores de la violencia intrafamiliar. ¿Cuál es el caso de EE.UU.?

En América Latina hablan del machismo de una manera más honesta mientras que en EE.UU., a pesar de tener conductas similares, en las que se evidencia un privilegio por lo masculino, este comportamiento es minimizado y hasta negado. Tenemos un machismo más silencioso.

Entre las formas de maltrato a las mujeres también se encuentra la trata de personas, que hoy es un problema grave en su país. ¿Qué se está haciendo al respecto?
Cuando hablamos de trata de personas pensamos que sólo es un problema global, pensamos en mujeres que provienen de un país muy pobre y que son llevadas a un país más rico para ser explotadas, pero lo que estamos viendo en EE.UU. es que también hay trata de personas dentro del mismo país. Mujeres que llegan de las zonas más necesitadas, rurales quizás, a regiones donde hay más dinero. Y hasta dentro de una misma ciudad se puede presentar este problema. Estamos trabajando para hacer las leyes más fuertes contra la trata de personas, pero es un proceso donde siempre hay más que se puede hacer.

Si bien en Colombia han aumentado las denuncias de mujeres maltratadas, ¿por qué persiste el silencio? ¿Qué impulsa a una mujer a denunciar o a quedarse callada?
Tenemos que crear una cultura que apoye las denuncias, no sólo tener leyes más eficaces. Tiene que haber una cultura en la que familiares, amigos y vecinos apoyen a la persona que va a hacer la denuncia, para que la víctima tenga la seguridad de que va a ser apoyada y no señalada de haber provocado ese comportamiento en su pareja. Hay personas que aseguran que la violencia intrafamiliar es un tema privado, de hogar. Si mantenemos ese argumento entonces vamos a promover la no denuncia y no hacerlo puede provocarle a la persona un daño igual a la violencia física que ya sufrió.

Cuando se habla de violencia intrafamiliar la primera víctima es la mujer, pero ¿qué pasa con los otros miembros de la familia?
Se estima que, en casos de violencia familiar, entre el 30 y el 50% de los niños son víctimas también de violencia sexual o física por parte del abusador. Si ese abuso no es directo también hay un impacto sicológico y emocional muy grande.

En Colombia este año se han presentado 21.018 casos de violencia de pareja contra la mujer. ¿Cuáles son las estadísticas de EE.UU.?
No hay un consolidado. Globalmente se estima que una de tres mujeres ha sido golpeada, violada o agredida. Es una constante desde hace diez años.

¿Cómo se compara la situación de Colombia con la de EE. UU.?
Es muy similar. Hay leyes que son eficaces pero no son implementadas completamente. Se necesita el deseo político para brindar los recursos necesarios; también tenemos esa situación en EE. UU. El vicepresidente tiene una oficina especial en la Casa Blanca para combatir la violencia hacia las mujeres; la voluntad política está ahí pero es un país muy grande y no existen los recursos suficientes, al igual que en Colombia.

¿Cómo destinar los recursos para atender esta problemática?
Tienen que cubrir tres frentes. Primero: ayuda concreta y práctica para las víctimas (hogar, refugio, alimentación, educación, trabajo), para que no tengan que depender económicamente de quien las está abusando. Segundo: se debe invertir en las autoridades, en la Policía, en los tribunales, en los fiscales, para que atiendan la problemática. La tercera parte sería en campañas públicas que sensibilicen a la comunidad para que no use a las mujeres como objeto, para eliminar la idea popular que tenemos de que cuando hay un acto violento es porque el hombre pierde el control. ¡No! El hombre no pierde control: en estos casos el agresor toma la decisión de agredir físicamente a la mujer.