Vocación: ambientalista

Adriana Soto es economista y reconocida experta en cambio climático. Trabajará por la adaptación del país a este fenómeno.

“¿Qué acostumbro a hacer los fines de semana?”, repite Adriana Soto, piensa unos segundos en silencio y luego sonríe con la sonrisa más dulce que ha esbozado en esta entrevista. “Procuro salir de Bogotá a caminar con mis hijos (de 4, 8 y 12 años). Estar en contacto con la naturaleza lo devuelve a uno a lo básico; le permite volver a enfocar la realidad”.

Su realidad, desde el miércoles pasado, está en una oficina del cuarto piso del Ministerio del Medio Ambiente, en Bogotá. Ese día, ante el ministro Frank Pearl, se posesionó como nueva viceministra del ramo. Hubo algunos fotógrafos registrando el momento, y lo más seguro es que ella se sintió tímida y un poco incómoda con las cámaras enfocándola. No se acostumbra, dice.

Cuenta que no ha pasado ni un mes desde que recibió la llamada de Pearl. “Necesito hablar con usted. Me interesa conocer sus perspectivas”, algo así le dijo el recién nombrado ministro, y ella acudió a la cita. “Le expuse mis impresiones, le ofrecí mi apoyo desde el Banco Mundial (donde trabajaba en la división de desarrollo sostenible). Y él me dijo que sí necesitaba mi apoyo, pero no desde el Banco sino desde el Ministerio”.

“Con esa propuesta me sacó de mi zona de confort —dice, sonriente—. Estar aquí implica unos retos muy importantes: tener que pasar de sugerir cómo hacer las cosas a tener que hacerlas, y sacrificar tiempo con la familia”.

Su trayectoria

Hace el mayor esfuerzo para recordar las fechas con precisión, para decir exactamente en qué año dejó el colegio Liceo Francés de Bogotá para viajar a Washington, a donde fue trasladado su papá por trabajo. Se da por vencida y le pide a la asesora de prensa una copia de su hoja de vida.

Volvió a Bogotá, terminó el colegio y se matriculó en la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, aunque sólo un semestre, porque nuevamente tuvo que salir del país. Esta vez a Canadá, donde hizo un año de economía en la Universidad de Ottawa. Y volvió a Colombia —siempre ha vuelto— a graduarse como economista con una tesis netamente ambientalista: un modelo de desarrollo sostenible para la isla de Providencia. “En ese momento, en las facultades de economía, la variable ambiental no estaba muy presente, y yo insistía en discutir sobre esos temas”, cuenta.

Es hija de un antropólogo y una filósofa. La mayor de cuatro hermanos y la única mujer. También, la única apasionada, enamorada y estudiosa de los temas medioambientales. Una vocación que, podría decirse, empezó con Río 92, la conferencia de Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo que tuvo lugar en Brasil ese año. Allí, su padre dirigía la comisión de países del tercer mundo y eso, sin ella proponérselo, la marcó. Le creó la necesidad de discutir, participar e involucrarse en las problemáticas de medio ambiente.

Dice que Río 92 planteó un nuevo esquema para el desarrollo sostenible del planeta. Dice que allí se trazaron una serie de principios que siguen vigentes, hoy más que nunca cuando el cambio climático —tema en el que es una reconocida especialista— es prioritario.

Su trayectoria es extensa: trabajó en el Departamento Nacional de Planeación como consultora en comercio y medio ambiente. Pasó luego por el recién creado Ministerio de Medio Ambiente a trabajar, primero, en el Convenio de Biodiversidad, luego con el Viceministerio y, por último, directamente en el despacho del ministro.

“Tuve la suerte de trabajar con grandes maestros que no hicieron otra cosa más que exacerbar mi pasión”, dice, y hace un listado de reconocidos ambientalistas como Eduardo Uribe, Juan Pablo Ruiz, Manuel Rodríguez, Ernesto Guhl y Juan Mayr.

También hizo parte del Ideam, asesoró la Fundación Futuro Latinoamericano de Ecuador, fue analista de The Economist y en el 2008 se vinculó con el Banco Mundial. En alguna parte de esta cronología tuvo un grave accidente en casa: una fractura de fémur que le costó un año de incapacidad en silla de ruedas, muletas y bastón. “Esas cosas fortalecen el carácter”.

Hay que decir también que mantiene una dieta muy equilibrada, que consume poca cafeína, que se despierta todos los días a las 5:30 a.m. a desayunar con sus hijos y a llevarlos hasta la ruta del colegio. Y que espera no tener que cambiar esta rutina ahora que está en el despacho de viceministra.

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