¿Y si conectamos la tostadora a internet?

Henry Holtzman, investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts, explora caminos para conectar diferentes objetos a la red.

Henry Holtzman, del MIT, colabora con un grupo de empresas interesadas en repensar las funciones de los electrodomésticos. / Pablo Correa
Henry Holtzman, del MIT, colabora con un grupo de empresas interesadas en repensar las funciones de los electrodomésticos. / Pablo Correa

En alguna época, no tan lejana como parece, eran los nuevos modelos de electrodomésticos los que acaparaban la atención en las vitrinas. Un reinado opacado por el nacimiento de los computadores personales y los teléfonos inteligentes. Pero las cosas podrían cambiar de nuevo si las ideas de creadores como Henry Holtzman se siguen abriendo paso.

En alguna época, no tan lejana como parece, eran los nuevos modelos de electrodomésticos los que acaparaban la atención en las vitrinas. Un reinado opacado por el nacimiento de los computadores personales y los teléfonos inteligentes. Pero las cosas podrían cambiar de nuevo si las ideas de creadores como Henry Holtzman se siguen abriendo paso.

Holtzman codirige el consorcio Digital Life y un grupo de investigación en el Instituto Tecnológico de Massachusetts bautizado Information Ecology. Su visión del futuro: dar vida a lo que él llama la internet de las cosas, conectar objetos del mundo real a la web.

¿Cuál fue el primer proyecto en que trabajó?

Cuando llegué al Media Lab comencé a trabajar en cómo transformar la industria de los medios de comunicación tradicionales en medios digitales, en pensar qué ventajas deberían tener sobre los viejos medios análogos.

¿Podría mencionar algún proyecto específico que haya tenido un gran impacto?

Ciertamente, el código MPEG, ampliamente usado en procesamiento de video, es lo que más impacto ha tenido. Fue un esfuerzo de un grupo de unas 100 personas. A nivel personal, y de mi grupo de investigación, diría que lo que más me enorgullece es lo que llamamos la “internet de las cosas”. Es el trabajo para ver cómo conectamos los objetos del mundo real a su presencia digital en internet, algo que empecé a mediados de los 90 con algunos colegas.

Explíqueme de qué se trata la internet de las cosas.

Un ejemplo es una tarjeta electrónica que hemos construido, a la que se han integrado sensores, que se puede conectar a internet e instalarse en diferentes objetos para ser programada al antojo del usuario. Por ejemplo, si la pones en la lavadora, te podría enviar un correo electrónico avisándote que la ropa está lista. La idea es que automatices tu mundo a tu gusto.

¿Qué es ecología de la información, un concepto en el que también ha estado trabajando?

Se trata de construir una integración robusta de dispositivos, servicios y datos. Estamos muy interesados en construir dispositivos simples, que expandan nuestra noción de tacto, olfato y gusto. Buscar formas más fáciles en las cuales nosotros, como seres físicos, interactuemos con el mundo digital. Ecología es una palabra importante para mí. No en el sentido tradicional ambiental, sino como sistemas que evolucionan. Cuando hablas de ecología hablas de cosas que trabajan juntas, interactúan entre sí, y esa es la transformación que debemos ver en la tecnología.

¿Para qué querría alguien que su nevera esté conectada a internet?

Cada día veremos más y más dispositivos conectados entre sí y a la web. Creo que uno de los grandes retos con respecto a los electrodomésticos es cuándo tiene sentido conectarlos y cuándo no. Tomemos un objeto común, como la tostadora. Si tuvieras que ponerla en línea, ¿cómo lo harías? Puedes añadir simplemente la conectividad. Pero no creo que se trate de poner una pantalla y ver tu correo mientras prepares una tostada. Otra posibilidad es “dar vida” a la tostadora, que el sistema pueda aprender que cinco minutos después de ducharme automáticamente prepare una tostada. Aunque esto no es algo que me entusiasme mucho. Algo que creo que podría ser importante está más ligado a la observación: que pueda identificar cuándo está hacienda tostadas y cuándo no, y a partir de esos hábitos me dé recomendaciones de salud. Pero la posibilidad que más me emociona es la de jugar, de ser expresivo. Me gustaría una tostadora que pudiera imprimir mensajes en mi tostada. Por ejemplo, el informe del clima, el horóscopo, un mensaje inspirador o mi agenda.

¿Qué deben hacer las empresas para adaptarse a estas nuevas tecnologías?

Tengo una analogía para responder a eso. Piense en un pasamanos. La única manera de cruzar es soltar la barra que está atrás y pasar a la de adelante. Veo a muchas empresas tradicionales que deben reformarse con una mano en el pasado y otra en el futuro. Pero para dar su próximo paso deben dejar la mano que está en el pasado, o de otra manera quedarán estancadas.

¿Cómo cree que se debe reformar la educación para seguir siendo innovadores?

Creemos profundamente en que aprendes haciendo, con ejemplos prácticos. Sentarse en una conferencia, leer libros, es muy útil para ciertos niveles deaprendizaje, pero para aprender realmente necesitas hacer cosas.

¿Cree que se debería enseñar a todos los niños a programar?

Absolutamente. Quizás no programación formal, pero sí los principios generales.

¿Cuál es para usted la receta de una cultura innovadora?

Creo que se necesita un ambiente en el que pongas a trabajar gente con distintas formaciones, diferentes habilidades, que sean expertos o talentosos en un área pero con curiosidad por otras. Luego dejas que sus mentes trabajen libres en un ambiente de colaboración. Esa ha sido la fórmula del Media Lab. Contratas a la mejor gente y luego le das libertad. Ahí nace la innovación.

 

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