Alto turmequé

Domingo 6 de enero de 2019.

A lo James Bond

Qué mejor aeronave para transportar al secretario de Estado de Estados Unidos y exdirector de la CIA, Mike Pompeo, hacia la Casa de Huéspedes Ilustres de Cartagena que el helicóptero FAC 0007, un halcón negro de fabricación estadounidense. Pues fue modernizado durante el gobierno de Juan Manuel Santos, como dicen en la Fuerza Aérea “de Alfa a Lima”, para convertirse en aeronave presidencial categoría VIP. Toda su hoja de vida técnica, desde cuando se adquirió en 1989, fue revisada previamente en el Departamento de Estado.

Tras “Otoniel”

Pompeo fue miembro del ejército, es experto en aviación y fundó empresas del sector. El llamado halcón de Trump ya había usado aquí estos helicópteros fabricados en su país por Sikorsky Aircraft Corporation, subsidiaria de Lockheed Martin. Fue en 2016 cuando visitó Urabá para ponerse al tanto de la Operación Agamenón, contra el Clan del Golfo y su principal cabecilla Dayro Antonio Úsuga David, alias Otoniel, aún perseguido con apoyo de tecnología estadounidense y de cuya captura está pendiente.

Soldado advertido

Las reparaciones mayores al helicóptero 007 se hicieron luego de que uno de los escoltas de Santos resultara herido tras el aterrizaje de emergencia de un helicóptero similar que prestaba servicios a la Presidencia de la República. El propio presidente dijo entonces: “Infortunadamente se accidentó el helicóptero que nos venía acompañando acá a Mosquera. Por fortuna, el capitán Jaime Buenahora hizo una maniobra muy oportuna y logró que girara y regresara al campo de la Escuela Militar, de donde había salido, y evitó una tragedia”.

Histórico

A propósito del debate que se armó por la declaración del presidente Iván Duque sobre que los padres de la independencia estadounidense ayudaron a la colombiana, encontramos en nuestro archivo que cuando era embajador en Bogotá William R. Brownfield, el 4 de julio de 2009 dijo que aunque Estados Unidos no participó directamente en el proceso de independencia de nuestro país, sí instituyó “excelentes relaciones diplomáticas” desde 1822, cuando el presidente norteamericano James Monroe recibió al encargado de negocios de Colombia, Manuel Torres. Al año siguiente EE. UU. envió a su primer representante a establecer una misión aquí. “En Colombia celebramos no solo nuestra propia historia, sino también la de nuestra fuerte relación bilateral”, dijo Brownfield.

Flores para Belisario

Esta anécdota la reveló esta semana en el diario El País de España Ignacio Polanco, presidente de la Fundación Santillana: “Cuando mi padre, Jesús Polanco, con su socio y amigo Pancho Pérez González pensaron crear una fundación, no solo tenían la idea de darle el nombre de Santillana, sino que debería tener proyección y presencia americana. El expresidente de Colombia Belisario Betancur, próximo al mundo del libro y la cultura -miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y del Instituto Caro y Cuervo, y fino escritor de poemas cuyas ediciones distribuía solo entre personas amigas- tomó con entusiasmo el proyecto, bajo el expresivo lema de Fundación Santillana para Iberoamérica y desarrolló durante más de 30 años un amplio programa de exposiciones, eventos y premios que acercaron los principales temas de la cultura y la educación actuales a buen número de gentes de Bogotá. Todos los años visitaba España, interesado en las actividades de nuestra fundación, en Madrid o Santillana del Mar, así como en los cursos de la Universidad Menéndez Pelayo en Santander, ciudad a la que trajo con Dalita, su esposa, una exposición de la actividad artística que ella desarrolla en Barichara, donde pasan sus vacaciones. En dos ocasiones sus viajes fueron para despedir a sus amigos; a mi padre, en su entierro, depositando las flores que traía desde Colombia, y tiempo después, a Pancho, en el hospital donde le abrazó por última vez”.

Entre poetas

Y en El Nacional de Venezuela publicaron una semblanza escrita por el poeta Hárold Alvarado Tenorio, en la que se cita una nota de Nicolás Suescún en la revista Thesaurus así: “El día del sepelio del poeta Eduardo Carranza, dos de los asesores del presidente (Betancur), Afán Buitrago y Hernando Valencia, no cumplieron la cita mañanera en la Casa de Nariño para acompañar al presidente porque se habían amanecido libando con el poeta Fernando Arbeláez en casa del segundo. El presidente, enterado de las circunstancias, envió un pequeño helicóptero de la Policía a recogerles, el que aterrizó en un parquecito que había frente al apartamento de Valencia, esperando por ellos casi 40 minutos hasta que mediante fuertes tomas de café amargo lograron despabilar al ensayista de Mito y subiendo al aparato remontaron el vuelo y llegaron a la cita de Yerbabuena, aun cuando habían perdido la de Sopó”.

Juan Valdez por casualidad
Así nos contó hace unos años Carlos Sánchez Jaramillo, recién fallecido, cómo terminó encarnando al ícono del café: “Hace 35 años estaba un día en el Teatro Pablo Tobón Uribe, en Medellín, haciendo mis primeros pinitos como actor de teatro. Estábamos en un ensayo de una obra de García Lorca llamada “La zapaterita prodigiosa”, cuando llegaron el señor Fernando Saíz, de la Federación de Cafeteros, y un representante de la agencia de publicidad de Estados Unidos en busca de candidatos para seleccionar al personaje colombiano que reemplazaría al primer Juan Valdez. Cuando vi la fila de 80 aspirantes me desilusioné y arranqué para Fredonia. Cuando salía, me encontré con una maquilladora de televisión que me había conocido por algunos pequeños trabajos que había hecho con Bernardo Romero Lozano y Bernardo Romero Pereiro, y me convenció de que no me fuera, que me presentara. A los 15 días me llamó el director de Relaciones Públicas de la Federación, Pedro Felipe Valencia, para anunciarme que me habían escogido”.

Pantalla grande

Cifras con las que cerró 2018 la industria del cine nacional: un colombiano consume en promedio 1,4 películas al año; hace una década solo era 0,5. En Colombia hay una pantalla de cine por cada 39.912 habitantes. Bogotá suma 20,6 millones de espectadores; 33 % del consumo del país. El 38,1 % de los espectadores colombianos prefieren ver películas de acción.

 

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