Alto turmequé

Domingo 13 de enero de 2019.

Mientras en Colombia se armaba un movimiento social que reclama la renuncia del fiscal general, Néstor Humberto Martínez, que desembocó el viernes en un plantón en Bogotá y en una denuncia contra su elección ante el Consejo de Estado, el funcionario andaba de vacaciones, lejos del ruido jurídico político. Esta imagen de él, tomando el sol junto a su esposa, hijos y nietos, fue captada el puente pasado en una playa de la isla caribeña de Curazao. La fuente que nos mandó la foto lo oyó feliz de haber visto una serpiente marina mientras hacía esnórquel en la zona de Blue Bay.

Vaticano I

A propósito del escándalo que se armó esta semana por una supuesta cuenta que el expresidente Juan Manuel Santos tendría en el Vaticano, con un saldo de US$390 millones asociado a la empresa Inc. Global Tuition & Education Insurance Corporation, versión calificada el viernes como falsa por la Santa Sede, Colombia sí tiene relaciones con esa entidad pero con la curia católica. En julio de 2010, mientras la Fiscalía de Roma investigaba presuntos casos de lavado de 180 millones de euros por medio de una red financiera de diez bancos italianos, incluido el Instituto para Obras de Religión, el director general del IOR, Paolo Cipriani, visitó Bogotá y se reunió en la sede de la Conferencia Episcopal con los setenta obispos colombianos en pleno para explicarles el funcionamiento del sistema financiero vaticano. Uno de ellos dijo: “Él nos hizo ciertas recomendaciones para que tengamos claro cómo se envían los dineros, la intermediación bancaria, los servicios que ellos pueden prestarles a las diócesis para cambios en dólares o euros y que todo funcionara de mejor manera”.

Vaticano II

El entonces secretario general de la Conferencia Episcopal, obispo Juan Vicente Córdoba —hoy obispo de Fontibón— le dijo a El Espectador que las órdenes de transparencia se cumplían en Colombia con rigor: “A mí me han llegado correos electrónicos ofreciendo un millón de dólares y yo de inmediato los borro, porque de eso tan bueno no dan tanto, debe ser un torcido. Por eso tenemos mucho cuidado con las donaciones, verificamos de qué ONG o fundación provienen y nada se firma sin el visto bueno de un obispo y un proyecto aprobado que justifique el dinero” (cita de nuestro informe disponible en internet “El Banco de Dios en Colombia”).

Vaticano III

A la cuestionada banca vaticana, que los últimos dos papas han intentado sanear con comisiones de reestructuración, van también las donaciones que se recogen en nuestro país los Viernes Santos y el día de San Pedro y San Pablo (el 29 de junio), conocido como el Óbolo de San Pablo. Cada parroquia manda el dinero a su diócesis y luego, a través del Episcopado, se mandan directamente al papa para que los utilice en el mantenimiento de la Santa Sede, lugares santos y misiones pastorales. Del uso de estos recursos, la mayoría de católicos generosos, no le dan cuentas a nadie en Colombia.

Vaticano IV

Desde Bogotá también se envían los dineros correspondientes a derechos de autor por la venta de libros editados por la Santa Sede o de recordatorios y estampillas. En la Conferencia Episcopal hay un enlace con la Nunciatura Apostólica, la embajada vaticana acreditada en Colombia, y por esa vía se hacen los giros al IOR. Las diócesis de cada ciudad o el Episcopado pueden tener cuentas bancarias allí, “siempre como instituciones y no a nivel personal. Por eso resulta ridícula la versión de una cuenta del expresidente Santos”, según dijo a El Espectador una fuente de la curia. “Estos fondos se usan para sostener a los religiosos que viajan a Europa a estudiar o en misión”.

Vaticano V

Sin embargo, medios italianos como el diario La Repubblica han dicho que los fiscales romanos Nello Rossi y Stefano Rocco establecieron que IOR ha sido utilizado como “pantalla” para ocultar dinero de clientes que quieren evadir los controles fiscales de ese país y entre los nombres citados en los rastreos hechos desde 2004 se encontraron dineros del exprimer ministro de ese país y líder de la Unión Demócrata Cristiana, Giulio Andreotti, fallecido en 2013, quien era muy cercano a la Santa Sede y se le señaló como promotor de este tipo de triangulaciones.

De Año Nuevo

Desapercibida pasó en Colombia la carta que veinte expresidentes latinoamericanos enviaron al papa Francisco en la que criticaron el mensaje de Navidad del pontífice en el que pidió, ante miles de fieles en la Plaza San Pedro, que reinara la “concordia” en Venezuela y que Nicaragua llegue finalmente a la “reconciliación”. El mensaje fue liderado por Oscar Arias, dos veces presidente de Costa Rica y Nobel de la Paz, e impulsado por la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA). Entre los firmantes figuran los expresidentes colombianos Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, quienes le subrayan al pontífice que los venezolanos son “víctimas de la opresión de una narcodictadura militarizada” y le recuerdan que el régimen sandinista ha reprimido protestas en Nicaragua con saldo de 300 muertos.

Letra menuda

La Imprenta Nacional está a punto de llevar a los estrados judiciales a la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (OACP) por negarse a pagar una cuenta de producto de la impresión de un libro sobre el proceso de paz que escribió el excomisionado Sergio Jaramillo. La pelea entre la OACP y la Imprenta viene desde el año pasado, cuando el actual comisionado Miguel Ceballos encontró que esta oficina había firmado un contrato con la empresa del Estado para elaborar la publicación, cosa que lo llevó a negar de tajo la cancelación de mil libros que serán repartidos en todas las delegaciones diplomáticas y personalidades del mundo. La razón aún no se sabe, pero lo cierto es que los libros siguen en las bodegas en espera de que una autoridad judicial pueda resolver el lío, mientras que los exfuncionarios que ordenaron la publicación hablan de censura.

Al respecto, desde la oficina de Ceballos se negó que el tema del contrato fuera a terminar en los estrados judiciales y explicaron que tienen dudas sobre la legalidad de la orden con la que se imprimeron los libros, pues fue un contrato que hizo el gobierno anterior a última hora. "El libro es una apología a Sergio Jaramillo y sus discursos, pero lo grave no es eso, sino que quien ordenó la impresión del libro, al parecer no tenía la competencia para ordenar este gasto. Además, no se dejó ni la lista de a quiénes debían ser entregados los ejemplares, ni los recursos para su distribución. Se ha dicho que hay intención de censurar su contenido, pero no puede ser más absurdo este argumento, teniendo en cuenta que su contenido ya había sido públicado en distintos textos", respondió una fuenta del OACP.