¿El consumo de un carro depende de su cilindrada?

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¿Puede haber eficiencia en un motor de 2.0 litros o en uno de 2.5 l? ¿Puede consumir menos un 2.5 l que un 1.0 l? Hicimos la prueba con el sedán insignia de Mazda. Conozca sus resultados.

“Eficiencia” es quizás uno de los términos más utilizados en la industria en los últimos años. El auge de las propulsiones alternativas, como las de los híbridos y eléctricos, popularizaron un concepto sobre el que han trabajado en mayor medida las casas matrices: crear sistemas de propulsión que aprovechen la mayor cantidad de energía de una misma cantidad de combustible.

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La eficiencia y su intención de obtener mayor energía del combustible también abarcan el hecho de reducir los desperdicios de energía, que pueden aparecer por una serie de factores que van desde la fricción de los componentes del motor hasta la disposición y las tecnologías incluidas en los sistemas de escape.

Mayor energía extraída significa mayores recursos para permitir que las ruedas se muevan y, por lo general, significa que un carro pueda tener mayor recorrido consumiendo menor cantidad de combustible; es decir, la eficiencia también permite ahorro en el bolsillo del conductor y, por lo general, no sacrifica las prestaciones (torque y potencia).

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Cilindrada y consumo

Cilindrada y consumo son dos componentes sobre los que no hay que generalizar, aunque trabajan en conjunto. Un mayor volumen del primero tendrá un impacto en el segundo; sin embargo, las tecnologías, el tipo de manejo, la altitud y el diseño de partes como el motor y la estructura vehicular son partes del enorme listado de componentes que definen la cantidad de combustible que va a necesitar un auto para recorrer cierta distancia.

Teniendo en cuenta las variables del consumo, vale la pena abordar una prueba realizada al Mazda3, el sedán insignia de la firma japonesa, que se comercializa en Colombia con motorizaciones de 2.0 y 2.5 litros.

En una prueba de consumo, con la carretera como escenario, la versión de dos litros entregó al equipo de Al Volante de… un consumo de 62,6 km/galón. Una cifra similar a la que pueden entregar algunas de las líneas más comercializadas en el país, que cuentan con motores de 1.0 l y ofrecen menores prestaciones de potencia y torque.

Algo similar ocurre con el modelo de 2.5 litros. En un recorrido en carretera que superó los 100 kilómetros, el resultado obtenido fue de 48 km/galón. Son números a tener en cuenta, cuando hablamos de la cilindrada más “grande” que ofrece Mazda en una línea que parte de los 153 CV y 20,39 kg-m de torque a 4.000 rpm (versión 2.0 l) y culmina en los 2.5 l con 186 caballos y 25,7 kg-m de torque.

En definitiva, las cifras pueden variar. Los resultados fueron tomados a la altura de Bogotá, a unos 2.600 msnm. Cesvi Colombia realizó una prueba similar, bajo la misma altitud, que concluyó con un consumo, en la motorización 2.5 l, de 47 km/galón.

El caso Skyactiv

Cuando el downsizing (cilindraje menor) tomó popularidad, hace un poco más de diez años, Mazda decidió mantener el volumen de sus cilindradas. Cuando muchos apostaron por propulsiones turboalimentadas y otras herramientas para reducir el consumo sin sacrificar las prestaciones, el fabricante asiático apostó por echar mano a su ingeniería, asegurando el aprovechamiento de la energía, reduciendo el consumo y manteniendo sus prestaciones, innovando en sus motores, transmisiones, carrocería, frenos, suspensiones y dirección.

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“Hicieron la combustión más eficiente en el tamaño adecuado. Subieron la relación de compresión, sin importar el cilindraje y a partir de eso controlaron la temperatura (algo que permite usar gasolina corriente, por ejemplo). Hicieron motores ultraeficientes que extraen más energía de una misma gota de combustible”, explica Jorge Wilson, experto y ejecutivo de Mazda, aludiendo a la tecnología Skyactiv, premiada en 2013 como uno de los cinco mejores motores en su categoría, según Engine + Technology International.

Lo cierto es que el consumo de un carro con motor de combustión es el resultado de un juego en el que interactúan diversos aspectos (hábitos de conducción, altitud, terreno, peso, tecnologías del motor, etc.). Un juego, en el que tecnologías de los sistemas de propulsión pueden marcar el rumbo del resultado. No siempre una mayor cilindrada va significar un mayor consumo.

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