La 93: más allá del parque

Este lugar hace 15 años era un terreno deteriorado. Pero los vecinos del sector se unieron con el Distrito para remodelarlo y hacer de él uno de los atractivos turísticos más importantes.

De juguete a empresa

Aún no se lo explica, pero cuando Mauricio Lleras tenía 4 años su padre lo dejó al cuidado de la librería del señor Bugles en la calle 13 de Bogotá. La única opción del librero para entretenerlo: mostrarle una montaña de libros. El niño no sabía leer, pero los miró toda la mañana hasta que su papá lo recogió. Entonces quiso aprender a leer y tener su propia librería. Pese a las advertencias sobre la quiebra a la que lo llevaría un negocio así, convenció a un amigo para asociarse. Así fue como surgió Prólogo hace 5 años. Allí Mauricio ha establecido un vínculo de confianza respecto a las recomendaciones o encargos que le piden sus clientes. “Siempre hay algo perdido en la librería que la gente va a encontrar”.

El vuelo del arte

Con 24 años, la galería La Cometa se ha convertido en un referente de arte en el país. Además de vender arte, sus miembros son asesores y consultores en el tema. Es algo que el equipo de 12 miembros ha aprendido “a fuerza y con mucho tiempo para ser certeros en el oficio”, asegura Nicolás Jaramillo, uno de los líderes de esta empresa. Él afirma que los fines de semana este es un espacio para el paseo familiar de los habitantes de la zona. La Cometa pretende convertirse en un referente para América Latina, que le permita seguir creciendo y apoyando el trabajo de más artistas en el país, en un medio en el que, según Jaramillo, falta más apoyo estatal y privado.

Una tradición de Oriente Medio

La empresa iraní tiene 15 años en el país, cuenta Ómar Losada, administrador de IRAN ART, un negocio de “Tapetes persas y Kilims”. Farshad Chegini, miembro de una familia de tradición en el comercio del producto iraní, decidió importarlo a Colombia hace 7 años y crear su empresa en el norte de Bogotá. Losada asegura que tener un auténtico tapete persa es como tener una obra de arte, pero en el piso. Este elemento, que ahora es ornamental, nació de la necesidad de abrigo de las tribus nómadas del antiguo Imperio Persa, como indica Losada. Es un producto artesanal y exclusivo, cuyos diseños milenarios se logran por medio de nudos de lana, seda y tinturas vegetales. Su elaboración puede tardar meses o años. De ahí que un tapete de tres por cuatro metros pueda costar $4 millones o más.

La ruta inglesa

Un bus inglés, cuyo destino era el distrito de Streatham en Londres, llegó hace cinco años a Bogotá luego de un largo viaje por barco hasta Cartagena y de allí en camabaja hasta la capital. Después de transportar a miles de pasajeros, ahora es la sede de un café bar. Cuando estudiaba administración de empresas, en el centro de la ciudad, Érick Niño se obstinó en la idea de tener un café en el vagón de un tren, como el que había visto en una esquina del centro bogotano, cuenta su madre, Alcira López, la administradora del lugar. Fue imposible que le vendieran uno de los abandonados en zonas como Cota. Pero un amigo le propuso comprar un bus. Hicieron el contacto con un familiar en Londres y lograron traerlo para estacionar “The Rotemaster” en un parqueadero del sector desde hace un año. Este es un espacio para los transeúntes que quieren tomar té o una cerveza importada y escuchar rock en un café-bus, que según Alcira es “único en el país. La gente que nos visita y ha vivido en Londres nos cuenta que estos buses ya salieron de circulación”.

Comida sana como en casa

La idea del apartamento estilo loft de una joven neoyorquina tiene lugar en este restaurante de “comida saludable”, como la denomina Sandra Urrego, administradora de V de Verde . El olor de los vegetales y el aceite de oliva es una de las primeras sensaciones que impacta a los clientes. El verde está en todos los rincones del lugar, desde la yerbabuena y el cidrón sembrados en las mesas, hasta en las pizarras que advierten que allí los platos fuertes son “el pastel de quinua y tofú ahumado o los canelones de espinaca con queso azul”. Además de desayunos, almuerzos y cenas, hechos a base de productos orgánicos y sin condimentos, los clientes pueden probar cocteles como un Cosmopolitan y tomar sesiones de yoga los sábados.