Dice Secretaría de Desarrollo Económico

Abastecimiento de alimentos en Bogotá, garantizado en la cuarentena

Se trabaja para garantizar la provisión y evitar la especulación. Comerciantes de plazas de mercado pueden ser sancionados si no abren sus locales.

Todos los establecimientos de alimentos continuarán abiertos. /Gustavo Torrijos

El viernes, Bogotá cumplió una semana en cuarentena. El miedo irracional a quedarse sin víveres hizo que muchos, días antes de arrancar este ejercicio ciudadano, se aprovisionaran como si viniera una hambruna sin precedentes. Por paradójico que parezca, el panorama de estos días ha sido todo lo contrario: a Corabastos han llegado más toneladas de comida de lo usual.

Desde el jueves 19 de marzo (un día antes de comenzar el aislamiento) hasta el jueves 26, el acumulado de toneladas de comida fue de 75.679. Si se comparan con las 64.724 toneladas que registró la semana anterior, a Corabastos llegaron casi 11.000 toneladas adicionales, lo que significa un incremento del 17 %.

Según la secretaria de Desarrollo Económico, Carolina Durán, la demanda de alimentos fue tan grande la semana pasada, que hubo comerciantes que vendieron lo de un mes y se dieron el lujo de descansar el puente festivo. Durán explica que ante la emergencia del COVID-19, y por más buenas que estén las ventas, no atender un local en Corabastos o en alguna de las plazas públicas de mercado es un acto que puede acarrear sanciones como el cierre del establecimiento, para dárselo a otro que sí quiera vender.

“Si tienen que contratar más gente, pues ahorita lo que hay es personas buscando trabajo. Que aprovechen la coyuntura, ya que son de los pocos sectores que sí les va a ir bien en medio de la cuarentena”, menciona la secretaria, al detallar que los únicos autorizados para cerrar sus locales son los adultos mayores de setenta años.

La funcionaria además brinda un parte esperanzador al asegurar que en Bogotá habrá suficiente comida durante la cuarentena. “Todos los establecimientos de alimentos continuarán abiertos: las plazas de mercado, los supermercados, las tiendas de barrio e incluso los restaurantes con servicio a domicilio”, detalla.

En parte, la tranquilidad con la que Durán garantiza este abastecimiento se debe al trabajo articulado que viene adelantando con la ANDI, Fenalco, el Ministerio de Agricultura y la Gobernación de Cundinamarca. Entre sus herramientas de trabajo hay una aplicación que permite monitorear y controlar, desde hace tres semanas, la cadena productiva en los establecimientos comerciales.

Este desarrollo tecnológico es capaz de detectar cuándo un alimento falta en las góndolas. Con ese aviso las autoridades pueden trabajar con los productores y distribuidores para que surtan lo antes posible. A esto se suma el factor de carga; es decir, las veces que un camión va del lugar de abastecimiento hasta la tienda y el tiempo que se demoran en poner esos productos en las góndolas. “Esto antes se hacía entre una y dos veces en el día, hoy se está haciendo hasta siete veces diarias”, explica.

Al trabajo para garantizar el abastecimiento se suman los esfuerzos para combatir a quienes quieren aprovechar la situación subiendo los precios. De hecho, el martes se realizó la captura de alias Caballo, un comerciante de Corabastos, quien presuntamente estaba elevando de forma injustificada el precio de la cebolla.

Las autoridades están haciendo operativos aleatorios en las madrugadas para revisar cómo se está manejando el precio de los productos. Además, se ha impedido la entrada de intermediarios al Martillo, que es el lugar donde se hace la formación de precios. La Superintendencia de Industria y Comercio también está trabajando para garantizar los derechos del consumidor.

Al respecto, Andrés Barreto, superintendente de dicha entidad, advierte que la especulación y el acaparamiento son ilegales. Sin embargo, ve con sorpresa que la gente está reclamando temas de precios sin entender que estos no están fijados, sino que obedecen a una dinámica de oferta y demanda. “Lo único que está regulado son ciertos medicamentos en el régimen subsidiado y el precio del combustible”, explica. Por lo tanto, hasta que no estén fijados los precios de ciertos productos de la canasta familiar, no se puede hablar de conductas delictivas sino de precios inequitativos, excesivos o explotativos.

“Cuando hay una conducta significativa que afecte a un número potencial de consumidores o se afecte un producto, porque los comerciantes lo están inflando artificialmente, acaparando o se concierten para crear un cartel, ahí sí se presenta una conducta. No como la gente cree que porque ayer fue a la tienda y los huevos valían $500 y mañana los encuentra a $700 es porque hay especulación”, detalla.

La invitación es a consumir de forma responsable, porque las personas que se abastecen más de lo necesario hacen daño al disminuir las posibilidades de que otras familias encuentren esos productos. El resultado no beneficia a nadie, pues esto también termina por encarecer los víveres.

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Diego Ojeda / @diegoojeda95

Bogotá

Abastecimiento de alimentos en Bogotá, garantizado en la cuarentena

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