Fallo del Consejo de Estado

Bomberos de Bogotá, al rescate de sus derechos laborales

Una batalla jurídica de un socorrista sienta un nuevo precedente sobre el pago de horas extras y recargos nocturnos a los miembros del Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá.

El sargento Camilo Sanín Cano Bedoya, de 37 años, libró una batalla por sus derechos laborales desde 2008. / Óscar Pérez

La justicia le halló la razón a un miembro del Cuerpo Oficial de Bomberos que demandó al Distrito para que se le reconociera el pago de horas extras y días compensatorios, desde julio de 2008 a la fecha. Se trata de Camilo Sanín Cano Bedoya, quien hoy ostenta el grado de sargento en la estación de Bomberos de Puente Aranda y quien ha recibido múltiples distinciones como la Mención Cívica Amor por Bogotá y la Orden Civil al Mérito, por las acciones que ha emprendido para salvar vidas.

Al estudiar su caso, el Consejo de Estado decidió condenar al Distrito a pagarle 50 horas extras diurnas laboradas mensualmente, los recargos nocturnos por las horas trabajadas entre las 6:00 p.m. y las 6:00 a.m., así como el reajuste de los dominicales y festivos laborados, entre otros. La decisión marca un nuevo precedente sobre el trabajo de los bomberos oficiales en Bogotá.

La pelea jurídica de Cano Bedoya, de 37 años, empezó el 5 de julio de 2011, cuando interpuso un derecho de petición en el que solicitaba los pagos que le adeudaban. Con un grupo de bomberos, hizo una serie de reclamaciones al director de la Unidad Administrativa del Cuerpo Oficial de Bomberos, en las que le pedían que estudiara la posibilidad de reconocerles “el trabajo extra, el desgaste físico, emocional y moral, así como la sobreexposición a múltiples riesgos”, explicó Cano, quien forma parte del grupo de Búsqueda y Rescate Urbano.

Sin embargo, la entidad negó su solicitud “al no encontrar un resultado a su favor luego de realizar la liquidación y recalcular la nómina”. Tras agotar las audiencias de conciliación, y al no obtener una respuesta satisfactoria, decidió acudir a la justicia. A su favor existía un precedente: los bomberos del Cuerpo Oficial de Pereira habían dado la misma lucha en 2006 y la ganaron.

Luego de ese fallo, él y otros funcionarios se animaron a seguir su camino. El argumento era claro: “Tenemos turnos de 24 horas de descanso por 24 de trabajo. Eso quiere decir que al mes estamos trabajando 360 horas aproximadamente, cuando debíamos trabajar 190 horas, de acuerdo con uno de los decretos distritales. Eso quiere decir que teníamos casi 170 horas de diferencia que no eran pagadas. Esa era la pelea”, indica Cano Bedoya, quien atiende al menos una decena de emergencias cada día: “Se incluyen casos de rescate de personas atrapadas en ascensores, accidentes de tránsito, atención de primeros auxilios e, incluso, incendios muy grandes, como los que se generan con productos líquidos inflamables”.

A la vez que emprendía la batalla en los estrados judiciales, el sargento estuvo en el terremoto de Haití en 2010, cuando rescató a una niña de 20 días de nacida y recuperó una veintena de cuerpos sepultados; en 2016 estuvo tras el sismo en Ecuador, y fue uno de los bomberos de Bogotá que salvó a un carpintero que permaneció enterrado durante 47 horas bajo los escombros. Por las labores que realizó recibió varias distinciones, entre ellas la Cruz de San Miguel, que entregó el presidente Juan Manuel Santos por el trabajo realizado en el vecino país.

Ayer se enteró de que el Consejo de Estado accedió a la solicitud hecha hace nueve años y decidió condenar al Distrito y a la Unidad Administrativa del Cuerpo Oficial de Bomberos a reconocer, liquidar y pagar lo requerido por el sargento (horas extras diurnas laboradas mensualmente, recargos nocturnos, reajuste de los dominicales y festivos laborados, así como la reliquidación de las cesantías). “El pago se calculará con base en el número de horas de la jornada ordinaria mensual (190). La entidad pagará al demandante la diferencia que resulte tras hacer las cuentas, indica la sentencia.

A pesar de que Camilo Sanín Cano demandó la entidad para la que trabaja, asegura que la aprecia tanto como a su familia. “Cuando interponemos la demanda, lo hacemos porque consideramos que el salario no se equipara con la sobreexposición a diferentes riesgos a los que nos enfrentamos. Hoy la justicia, finalmente, nos da la razón”, concluye Cano Bedoya, quien desde ayer se alistaba para viajar a México y hacer las labores por las que se ha destacado: salvar vidas.