Animalistas desde niños

Para defender derechos vulnerados, no es obligatorio ser mayor de edad y mucho menos ser abogado. Eso lo tiene muy claro el Club de Niños Animalistas de Colombia.

Detrás de un balón siempre hay un niño, dice un refrán popular. Pero en el Colegio Distrital INEM Santiago Pérez, detrás de una pelota usualmente hay un perro, un pájaro o un gato. Y después de ellos, los estudiantes.

En este lugar, ubicado en la localidad de Tunjuelito, es común tropezarse en cada rincón del extenso patio de cemento con tarros de agua o concentrado. Los animales que entran hasta el colegio atraídos por el olor de la comida, se encuentran con la grata sorpresa de que allí hay alimento para ellos. Quienes la sirven son niños de 8 a 16 años, que hoy conforman El Club de Niños Animalistas de Colombia.

Ese fue el caso de Paquita, una perra criolla de 4 meses, que por el olor del almuerzo de los estudiantes llegó hasta las rejas del colegio distrital. Los niños, al ver su estado de desnutrición, la llevaron hasta el salón de mariposas amarillas, donde dicta clases Ana del Pilar Pachón, la líder del Club de los Niños Animalistas de Colombia. Allí dejó de ser un animal abandonado y recibió atención, comida y cariño.

En la misma situación de Paquita, se encuentran 935.374 perros y 335.585 gatos, que deambulan por las calles de Bogotá sin un hogar ni alimento. Es por esto que, desde 2006, este grupo de pequeños activistas defiende a capa y espada a todos los animales y las plantas que estén en peligro. Y si no lo cree, para convencerlo siempre estará “Justi Man”, el súper héroe de carne y hueso del club, que les recuerda a todos que “el que alimenta a un animal callejero, alimenta su propia alma”.

Johan Steven Méndez, quien caracteriza a “Justi Man” y se viste con un traje rojo y azul, se toma muy en serio su papel ante las entrevistas y los foros infantiles en contra del maltrato animal, que realizan cada año. “Yo soy el súper héroe que siempre los cuida y los protege. Ya rescaté a un perrito que se llama príncipe, que era callejero. Unos niños de bachillerato lo encontraron con una fractura del hueso fémur. Cuando me dieron el permiso, lo llevé a mi casa y desde ahí me ayuda con la justicia”, asegura este niño de 10 años.

Aunque esta labor del Colegio INEM Santiago Pérez se lleva a cabo desde hace ocho años, solo hasta el 2010 fueron nombrados por el Concejo de Bogotá como el Club de Niños Animalistas de Colombia, después de la intervención de sus integrantes en un debate para la defensa de los animales. Pero esta no ha sido la única vez que sus dulces voces se han escuchado en grandes escenarios. En 2012, visitaron el Congreso de la República para exigirles a los representantes aprobar la ley 244, que prohíbe la presencia de animales en los circos. Leyeron varias ponencias en las que les explicaban a los congresistas las similitudes entre los derechos de los animales y los niños.

“Esos derechos nos los enseñó la profesora Pili. Creamos una lotería con los derechos de los animales para jugar. En la lotería hay 4 cartones. A cada jugador se le entrega un cartón, se va cogiendo las fichas de una bolsa y el que complete el cartón, grita ¡animalista! Después de eso, compara los derechos del animal y los del niño para hacer semejanzas, como el derecho al alimento, a no ser usados como diversión y a ser criados con mucho cariño y amor”, dice Fabián Esteban Molina, integrante del club.

La profesora Pilar Pachón es consciente de que a través del juego y la práctica es más fácil que los niños aprendan, por eso permite que los animales recorran los salones durante sus clases. Paquita, Mona, Negra, Perro Ñero son solo algunos de los visitantes que pasean por los corredores de este enorme colegio que hoy es su hogar.

“No basta con saber que el PH regula la acidez en la piel de los seres vivos, sino ver a través del salpullido de un canino cómo este puede provocar enfermedades cuando aumenta su índice de acidez”, afirma Pachón. Eso lo aprendieron junto al Perro Ñero, un schnauzer que llegó al colegio con una dermatitis severa y al que curaron con un remedio casero recomendado por un veterinario.

Para estos niños no es suficiente con saber de su enfermedad. Los integrantes del club lo auxilian, le dan medicamentos e incluso les ofrecen un hogar de paso hasta que alguien los adopte. Los recursos son limitados y ellos ayudan hasta donde les “estire su bolsillo”, como asegura la profesora. Al mes, esta maestra paga $300.000 de su sueldo para las guarderías de los perros que no consiguen hogar de paso y para los concentrados que siempre lleva en el bolsillo de su bata o deja en las esquinas del colegio. “Todas las iniciativas que tienen que ver con el cuidado y el respeto por la vida son importantes y valen la pena porque se sensibiliza a los niños desde muy pequeños en esto. Hoy salvan la vida de animales, ¡imagínese lo que podrán hacer por seres humanos mañana!”, afirma la profesora Ana del Pilar Pachón.

El Club de Niños Animalistas se reúne cada 15 días en el salón 301 del colegio distrital INEM Santiago Pérez. En cada sesión hay una secretaria encargada y una ponencia que se debe discutir para proponer nuevas actividades. Desde loterías, foros y hasta acciones populares para investigar quién fue el responsable del asesinato de los perros en el parque de Tunal a principio de año, hacen parte de los temas agendados en sus cuadernos de dibujos animados.

Sin embargo, los pequeños activistas investigan por su cuenta e invitan al colegio a expertos en protección animal. Norman Garavito, de la organización Amigos del Planeta, realizó una charla sobre los vehículos de tracción animal. Los niños, que pertenecen a familia de escasos recursos, le pagaron a Garavito con zanahorias, para los caballos recuperados. Lo cierto es que estos menores hoy asumen su causa como una responsabilidad de adultos. Empezó como una actividad de aula, pero hoy ya es una de las 3.000 Iniciativas Ciudadanas de Transformación de Realidades (Incitar), promovida por la Secretaría de educación, que busca que los ejercicios de los colegios no se queden en ideas, sino que se conviertan en hechos y causas compartidas por los ciudadanos.

“Apoyamos con lo que podemos, porque lo que ha hecho la profesora Pili es admirable. Queremos que nuestros hijos crezcan con los valores de amor y respeto no solo hacia las personas, sino por cualquier ser vivo. Por eso hoy adoptamos a Paquita y la cuidamos como otro integrante de la familia”, cuenta, mamá de uno de los integrantes del club.

Aunque no tienen dinero para ayudar a todos los animales desprotegidos de Bogotá, no cabe duda que a estos pequeños les basta con sus camisetas, sus cachuchas y su corazón grande para pelear por aquellos que no pueden exigir sus derechos. Cuantas veces sea necesario, se visten, sacan de los lockers sus tanques adornados de animales y piden con sus dulces voces, en las calles o en el Congreso, que se le respete a todos los seres vivos el derecho a la vida sin importar a qué reino pertenezcan.