La apetecida tierra en los cerros

La historia detrás de la desaparición de sectores populares que hoy son proyectos o conjuntos estrato seis.

A finales del año pasado se revivió el debate de la protección de los cerros orientales, tras la reactivación de dos proyectos de vivienda en zona de conservación, promovido por constructores que alegan derechos adquiridos. Lo que muchos desconocen es que detrás de esta controversia está la historia de cómo desaparecieron tres barrios populares de Chapinero: Santo Domingo, Luis A. Vega y Bosque Calderón II sector, y la de una pareja que compró los predios para volverlos un negocio estrato 6. Se trata de Edmundo Castro Escamilla y su esposa, Piedad Gómez, quienes desde finales de los 80 vienen impulsando este proceso.

El relato comienza en 1930, cuando una porción de tierra verde, ubicada sobre la avenida Circunvalar, entre calles 65 a 70, se fue poblando con la llegada de familias trabajadoras de las minas de carbón, fábricas de asfalto y explotaciones de madera, propiedad de Julio Calderón. Él permitió que vivieran allí y les regaló los terrenos como pago por su trabajo, pero no les dio un papel que lo certificara. Los barrios fueron creciendo hasta que con la muerte de Calderón vinieron los líos. Los lotes donde los trabajadores levantaron sus casas pasaron a manos de una liquidadora, que luego los vendió a una sociedad.

Juan Pérez*, quien vivió en uno de los barrios populares que aún sobrevive en los cerros, recuerda que a partir del año 75 la zona empezó a ser visible, con la construcción de la avenida Circunvalar (vía al pie de los cerros). “Antes nadie sabía que existíamos. A finales de los 80 empezó el boom de querer comprar acá”. Pérez, quien participó en el movimiento vecinal para defender los barrios, cuenta que a la incertidumbre por no tener título de propiedad se sumó otro elemento que aceleró la desaparición de estos sectores: la presión a través de mensajes a la comunidad.

“Decían que por estar en zona de reserva nadie podría hacer nada con sus casas. Venían personas que ofrecían comprar y convencían a los líderes de las juntas de acción comunal para persuadir a la gente. Siempre hubo una fiduciaria detrás de las ofertas. Y detrás de las compras estaba Edmundo Castro Escamilla”, dice Juan.

La versión de este vecino de los cerros la confirman los documentos. Por ejemplo, el proyecto Cerro Verde se construiría donde estaba el antiguo barrio Santo Domingo. En el certificado de tradición quedó registrado el proceso de venta que hicieron 23 habitantes del sector a Castro Escamilla, representante de la empresa Inverbalcones. Tiempo después traspasó los predios a la Fiduciaria Tequendama.

Pero, ¿quiénes son los Castro y cuál es su versión sobre la transformación de los tres barrios? Luz Piedad Gómez de Castro, esposa de Edmundo, cuenta que en 1988 era abogada, pero no ejercía. La señora que le arreglaba las uñas, quien vivía en Santo Domingo, le pidió que le recomendara un abogado que les ayudara en el proceso de obtener el título de propiedad del lote donde estaba el barrio.

“Insistieron mucho para que me encargara del proceso. Fue el primero que comencé tras regresar a Colombia, luego de haber vivido en el exterior. Empecé a trabajar con la comunidad del barrio como labor social, para ayudarles con la propiedad. Asistía a las reuniones de la junta de acción comunal y ayudaba a resolver problemas cotidianos. Así fuimos adelantando el proceso y lo ganamos. Pero había muchos habitantes que se querían ir por las condiciones de pobreza en que vivían: no había servicios públicos, el agua la recogían de la quebrada La Vieja y la luz era de contrabando”.

Cuando Piedad Gómez ganó la demanda de pertenencia buscó a algunos concejales, con la idea de mejorar el barrio a través de un crédito con el Banco Interamericano de Desarrollo, pero la idea no prosperó. Además, la gente no quería vivir allá, sino coger su plata e irse. “Después llegó Edmundo, que es economista y banquero, quien consiguió a un inversionista, que les pagó muy bien a los habitantes, sumas que ni yo ni los poseedores soñaron con recibir por su predio. Con ese dinero pudieron adquirir casas en barrios como el Minuto de Dios y pasaron a estrato 3. Casi todos compraron casas de dos o tres pisos. Nosotros hicimos ese seguimiento de su cambio de vida”.

La Fiduciaria Tequendama fue la intermediaria en el proceso de compra del lote Santo Domingo, que finalmente lo traspasó a la constructora Megaterra (encargada del proyecto Cerro Verde). Para Gómez de Castro el esquema con la Fiduciaria, la constructora y los dueños del terreno fue un éxito, ya que se encargó de garantizar el pago a los habitantes y la entrega del predio saneado a Megaterra.

“Así que la oficina empezó no como gestora urbana, sino como un negocio jurídico y social. Con el éxito que tuvimos en ese proceso, vinieron los habitantes del Luis A. Vega y los de Bosque Calderón II sector para que hiciéramos lo mismo. Con la experiencia que teníamos ingresamos a esos predios, donde hoy se proyecta la construcción de Monterosales”, explica. En estos barrios se adelantó el mismo proceso de sanear jurídicamente el lote, buscar viviendas para los habitantes y conseguir a un inversionista, que para estos predios fue la compañía Arias Serna Saravia.

Pero estos no son los únicos procesos en los que han participado. Hoy, Castro y su firma Inverbalcones adelantan ‘gestión de suelo’, como ellos prefieren llamarlo, en el barrio Los Olivos. Un proceso que ha tenido fuertes críticas de algunos líderes y una fuerte lucha con el Distrito, porque dicen que los han presionado para que salgan de allí. Piedad de Gómez insiste que esto es falso y que fueron los líderes de las juntas quienes los buscaron para que les ayudaran a conseguir a alguien que les comprara los lotes.

La esposa de Edmundo Castro considera que inicialmente nunca hubo una intención de negocio en el proceso jurídico del barrio Santo Domingo. Además, argumenta que si los constructores se interesaron en estos terrenos, fue porque el propio Distrito expidió un decreto de concertación, para que los privados pudieran construir en pequeñas porciones de los cerros y a cambio se encargaran de tareas de reforestación. Efectivamente, esta visión se concretó en el Acuerdo 6 de 1990, y es uno de los argumentos con los que Cerro Verde defiende su proyecto.

Más allá del contraste entre las versiones sobre cómo desaparecieron los tres barrios populares y lo que está sucediendo con Los Olivos, algo en lo que coinciden urbanistas y académicos es que estos procesos tienen consecuencias poco deseables para una ciudad. María José Álvarez, socióloga de la Universidad del Rosario, cree que en casos como el de los barrios Santo Domingo, Luis A. Vega, Bosque Calderón II y Los Olivos se ve un proceso de gentrificación, en el que la población de menores recursos es sustituida por la de más ingresos, que llega y se apropia del suelo. Y agrega que están por verse las consecuencias, que pueden ser muy negativas si la población original se va a la periferia de la ciudad. “A nivel barrial se está perdiendo la historia de comunidad y la cohesión social en estos barrios. Y en este sector de Chapinero se está perdiendo la heterogeneidad y se está volviendo homogéneamente rico. Eso, para una ciudad que lucha contra la segregación, es pérdida”.

Lo que ha pasado con los barrios también tiene relación con la manera como funciona el negocio del suelo, según explica Samuel Jaramillo, PhD en urbanismo e investigador de la U. de los Andes. Al constructor le interesa comprar la tierra desocupada que le genera una sobreganancia. Sin embargo, en casos donde el suelo está ocupado, la opción más rentable es construir para estratos altos en zonas que podrían ser para estratos medios.

Los habitantes originales de los barrios se pueden animar a venderles, porque les ofrecen una vivienda nueva y hasta un pago adicional. Otros se resisten por desconfianza, porque perciben que pueden ganar un poco más por el terreno o porque no tienen un interés monetario por el arraigo a la tierra. Aparte de estas tensiones, “lo que sucede es que se acentúa la segregación, porque esos barrios van a ser borrados y la zona queda homogénea. Lamento que eso ocurra, porque para una ciudad polarizada como esta es importante que sectores de distintos ingresos vivan cerca”, concluye Jaramillo.

El derecho al verde, ¿privilegio de pocos?

Mientras los gestores del suelo y constructores de los terrenos donde antes estaban los barrios Santo Domingo, Luis A. Vega y Bosque Calderón II ven en sus proyectos una mejor forma de conservación de los cerros, con construcciones de baja densidad en áreas que el Estado tuvo olvidadas, algunos académicos cuestionan que esta sea la alternativa de protección de áreas de importancia ambiental.

Diana Bocarejo es antropóloga e investigadora del grupo Entre el Verde y el Cemento de la Universidad del Rosario. Cree que la conservación se ha pensado en estratos altos y los grandes poderes como las constructoras utilizan el argumento de preservación a su favor. “Es absurdo pensar que la única manera de conservar es a través de grandes construcciones. Los habitantes de estas zonas muchas veces tienen estrategias desde hace décadas y se pueden fortalecer. No tiene sentido imponer una nueva estrategia paisajística y además es tremendamente antidemocrático”.

Para Bocarejo una discusión a propósito del tema del cambio de barrios populares en los cerros es quién tiene el derecho al verde y quién no en la ciudad.
 

 

* [email protected] / @VeronicaTellez

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