Apostando por la innovación

Cundinamarca ha invertido casi $150 mil millones en proyectos que buscan, sobre todo, impulsar el desarrollo rural de la región.

Adriana Gutiérrez, secretaria de Ciencia y Tecnología de Cundinamarca. / Gobernación

Adriana Gutiérrez Castañeda llegó a la administración de Álvaro Cruz para impulsar una de las áreas en las que Cundinamarca aún no se destaca: la de ciencia, tecnología e innovación. La idea es llegar a tal nivel que no haya que envidiarles nada a departamentos como Antioquia que, como lo admite la propia administración departamental, lleva mucho más camino recorrido. Sin embargo, la apuesta es del todo por el todo y, ladrillo a ladrillo, se empiezan a notar algunos cambios. No en vano hace dos meses, en un artículo publicado en el Centro Virtual de Noticias del Ministerio de Educación, se hablaba de una “Cundinamarca, pionera en apoyo a proyectos de investigación”.

En entrevista con este diario, la secretaria de Ciencia, Tecnología e Innovación explicó cuál es el panorama actual de este sector, trascendental como es hoy tanto para Cundinamarca como para el resto del país.

¿Cómo se financian los proyectos de ciencia y tecnología en el departamento?

Con las regalías, como está permitido desde que se modificó la ley en 2011.

¿Cuánto se ha invertido?

Los proyectos aprobados han significado una inversión de $144.207 millones y los que están en proceso de aprobación representan una inversión de $15.784 millones.

¿A qué se han destinado los recursos?

A partir de toda una política pública y de nuestro plan de desarrollo, trabajamos en innovación social, rural, productiva e investigación.

De los proyectos de innovación social, ¿cuáles destaca?

Tenemos el proyecto ‘Smart Town’, pensado para preparar a nuestros jóvenes con base en las necesidades de regiones. Hay otro para trabajar directamente con fuentes de agua como la represa del Guavio, con el fin de aprovechar los recursos hídricos.

¿En innovación rural?

Ese es nuestro fuerte, porque somos un departamento muy rural. El principal es el corredor tecnológico agroindustrial, que costó $52 mil millones y cuenta con la participación de Corpoica, la Universidad Nacional, el Sena y el Distrito. Se trata de desarrollar paquetes para que nuestras comunidades mejoren la comercialización de la canasta básica familiar de Bogotá y Cundinamarca, buscando que los pequeños agricultores puedan responder a niveles de calidad.

¿Qué otra iniciativa rescata del área de innovación rural?

La investigación para estimar y adaptar la vulnerabilidad al cambio climático en los sistemas cafeteros de Cundinamarca.

Pero el café no es un producto principal de la región...

Es que en el departamento no hay un producto principal. Se pueden destacar la papa, la panela, frutas exóticas, entre otros. Este es un proyecto pequeño. De todas maneras tenemos unos cultivos importantes de café y Cundinamarca es apto para mitigar estos efectos. El proyecto está ahora en la etapa de trabajo con las comunidades.

El sector lechero es muy importante en regiones como Ubaté y sus alrededores. ¿Se está trabajando algo con los lecheros?

Así es, hay en marcha un proyecto de innovación, ciencia y tecnología con los productores de leche de esa zona para dar respuesta al TLC y a las necesidades del sector. Se han unido pequeños y grandes productores. Ya está aprobado desde octubre, pero no ha empezado la ejecución, porque los recursos no han ingresado al sistema y porque la contratación, que suele demorarse como cinco meses, está frenada por la Ley de Garantías.

¿Qué tanto le preocupa a la administración departamental el tema de energía?

Mucho, por eso hay un proyecto también de energías alternativas: se trata de hacer un diseño de estrategias sustentables para el uso de energía eléctrica para población vulnerable de Cundinamarca, teniendo en cuenta el uso desmedido de la red pública, y desarrollando proyectos alternativos. Los municipios generalmente consumen mucha electricidad a través de sus farolas, de las entidades; resulta siendo un gasto desmedido en el servicio. Con ello dejan de invertir recursos para que otras poblaciones se vean beneficiadas con energía.

¿Y en qué se enfoca este proyecto?

En lograr que a través de la electrónica y la física, no sólo de hábitos de consumo, se disminuyan esos gastos.

En ese contexto, ¿qué se considera población vulnerable?

Municipios en especial donde hay falencias del servicio energético o no llega. Son ocho municipios muy pequeños: Caparrapí, Jerusalén, La Palma, Medina, Guataquí, Quebrada, Vergara y Nocaima.

¿Cuáles son las principales barreras que enfrentan en el campo de la ciencia y la innovación?

Hay que hacer mucho trabajo con comunidades en el tema de apropiación social del conocimiento. Para que estos proyectos realmente lleguen al territorio, tiene que existir todo un proceso para que la gente entienda cómo se va a impactar. Es más fácil llegar con una carreta que con un proyecto que potencializa los recursos. Son proyectos de mediano plazo. Ese diálogo de la academia con los territorios es fundamental para la descentralización del conocimiento, es un trabajo esencial en un país de tantas brechas como el nuestro. En educación hay un trabajo vastísimo por hacer, pero cuando uno habla de gestión de conocimiento se trata también de encontrarle valor al conocimiento de nuestras comunidades.