Univ. Nacional dice que bogotanos consumen hortalizas contaminadas

Según la investigación realizada por la facultad de Agronomía, los vegetales son regados con el agua del río Bogotá.

Una investigación realizada por la facultad de Agronomía de la Universidad Nacional, en la Sabana de Bogotá, arrojó resultados preocupantes con respecto al tratamiento que se le hacen a las hortalizas que consumen los ciudadanos en la capital.

Según el estudio, apoyado por Colciencias, los vegetales son regados con el agua del río Bogotá originando de esta forma que en sus tejidos se albergan residuos de metales como cadmio y arsénico.

Para los investigadores de la Nacional, estos componentes pueden generar en el organismo enfermedades del sistema nervioso, problemas respiratorios y cáncer.

“Los resultados mostraron cantidades excesivas de arsénico, plomo, mercurio y cadmio en el apio, la lechuga, el repollo y el brócoli. La razón de la presencia de estos metales no es más que el riego de los cultivos con agua del Río Bogotá”, dice el informe.

“Por ejemplo, en apio cultivado en el municipio de Mosquera, se encontró 0,95 partes por millón de cadmio (y 0,29 de arsénico, superando los límites máximos permitidos por el Icontec, que son de 0,01 y 0,1 partes por millón (ppm). También, en el caso del cadmio, se desbordó el parámetro de la Unión Europea, que es de 0,20 ppm”, agrega.

Investigaciones de expertos aseguran que el cadmio es un elemento tóxico que tiende a acumularse en hígado, riñón y pulmones. Como corroboró Óscar Eduardo Osorno, director del Departamento de Química de la Universidad Nacional, quien dijo que puede producir arterioesclerosis, hipertensión arterial y está asociado con cáncer testicular y de próstata.

“El arsénico se manifiesta en la salud humana con la disminución en la producción de glóbulos rojos y blancos, cambios en la piel e irritación de los pulmones. Se considera inductor del cáncer de piel”.

De acuerdo con Osorno, los niveles de cadmio encontrados son bastante preocupantes. Además de los problemas de salud mencionados, “podría causar el llamado síndrome de Fanconi, que se caracteriza por trastornos de los túbulos renales”.

En el municipio de Soacha, la lechuga presentó en su tejido foliar una concentración de plomo de 0,74 ppm y en Mosquera de 0,45 ppm, cifras que son muy superiores a la normatividad de la Unión Europea para el año 2007, cuya permisividad es de 0,1 ppm en hortalizas frescas.

“El plomo puede causar daño en los riñones, en el tracto gastrointestinal, en el sistema reproductor y en las neuronas”, afirmó el profesor Osorno. El organismo puede tardar hasta 20 años en eliminar esta sustancia.

El contenido de arsénico en Soacha también superó los 0,20 ppm permitidos por la norma de la Unión Europea, con 0,51 ppm. Un caso similar ocurrió con el mercurio, que con 0,59 superó los estándares establecidos.

El problema con el mercurio, sostuvo el profesor Osorno, es que el cuerpo nunca lo elimina. Eso hace que se vaya acumulando y empiece a causar efectos en la salud: afecciones en el cerebro, en el sistema nervioso y reacciones alérgicas.

Una vez estos metales son absorbidos por la hortaliza, es imposible retirarlos. Como lo afirmó el profesor Diego Miranda, autor de la investigación.