"La historia del nueve de abril está por escribirse"

Un encuentro de tres ángulos distintos tuvo lugar anoche en la galería Café Libro, convocado por la Revista Número. Un arquitecto, un periodista y un historiador hablaron de sus investigaciones sobre el nueve de abril de 1948, que a un sentir común, distan mucho de estar concluidas.

En primer lugar para el periodista Victor Diusaba, autor de ‘9 de Abril, la voz del pueblo’ la muerte del caudillo liberal tiene que verse más allá de lo ocurrido en la carrera séptima con Avenida Jiménez de Bogotá.

Para escribir su libro, la única condición que ponía a las voces que querían participar como testigos de los hechos, es que no hubiesen estado el 9 de abril en la esquina antes mencionada. Fue así como consiguió testigos de todo el país que vieron afectadas sus vidas por la muerte de Gaitán: un oficial de policía abrió la antigua plaza de mercado de la carrera 10 con calle 10 de Bogotá y permitió que las personas entraran durante diez minutos a tomar lo que pudieran, cumplido el tiempo límite debían correr por sus vidas pues él empezaría a disparar.

Diusaba ha tratado de evidenciar a los miles de rostros de las víctimas que desde ese día se dan por la violencia en Colombia: una violencia a su parecer causada porque no se respetan las diferencias de pensamiento.

Tico Brawn es una especie de ‘genio incomprendido’. Hace treinta años escribió un libro sobre el nueve de abril (Mataron a Gaitán) y sólo con motivo del sesentavo aniversario de la muerte del liberal es que se está dando a conocer de forma masiva su publicación. Su libro tiene relación con el de Victor Diusaba en que ambos siguen cuestionando a la historia sobre las multitudes anónimas. “´¿De dónde viene la rabia de esa muchedumbre?”, se pregunta el historiador mientras recuerda que otros países han estudiado a profundidad el dolor de sus masas reflejado en la destrucción de las ciudades (ejemplo Estados Unidos con J.F. Kenedy y Martin Luther King).

A la luz del arquitecto Carlos Niño Murcia, el Bogotazo causó menos destrucción de la que se ha publicado históricamente: se ha creado una especie de “mito de la destrucción de la ciudad”: una ciudad destruida y bombardeada, dice él se resume en tres puntos básicos, con un total de 150 incendios. De 150 tranvías que habían en la ciudad para ese tiempo, se quemaron 30, muchos de los que fueron incinerados por propietarios de buses, que aprovecharon la oportunidad para acabar con la competencia.

El llamado principal de los tres personajes se hizo a considerar a las víctimas actuales de la violencia: para ellos no hay que dejar que esas víctimas anónimas se vuelvan invisibles y desaparezcan como las masas del nueve de abril.

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