Plan de Desarrollo: ambicioso en el gasto y muy modesto en las metas

¿Qué se debe esperar de un plan de desarrollo?, Una visión de ciudad, coherencia con las promesas ofrecidas cuando el Alcalde era candidato, proyectos con metas de alto impacto y responsabilidad financiera del gobierno de turno. La propuesta presentada por la actual administración y que acaba de aprobar el Concejo Distrital tiene dificultades para cumplir con estos requisitos.

Después de cuatro administraciones que han tenido alguna innovación en las ofertas presentadas a los ciudadanos, pareciera que las ideas para Bogotá se han agotado y que se opta por el camino de recoger partes de todos los planes de desarrollo anteriores: un poco de cultura ciudadana, unas grandes obras de infraestructura y más de Bogotá sin indiferencia.

Esta mezcla de temas, sin un acento dominante refleja en lo positivo, continuidad de los programas y en lo negativo, falta de imaginación y de identidad.

En el programa de gobierno inscrito por el candidato hizo compromisos como el rechazo a las prácticas clientelistas y corruptas, la celebración del centenario de la independencia, acciones para liderar el ¨paseo de la muerte" en Bogotá, la generación de una historia clínica única sistematizada para cada persona, una política de financiación para vivienda, un Plan Distrital para el empleo, una política ambiental y un sistema para optimizar y hacer transparente la contratación. Estas y otras promesas de campaña, sugestivas e innovadoras, se refundieron en el camino, se omitieron o se relegaron a metas de segundo nivel.

En sus intenciones y objetivos la propuesta de plan de desarrollo intenta complacer a todos mediante una retórica que pretende conciliar lo políticamente correcto con el incentivo a los negocios privados, ofreciendo lo mejor de todos los mundos (Desde la multiculturalidad de las minorías hasta los rankings de la revista América Económica), lo cual suena bien en el discurso, pero no es tan fácil de conciliar en la realidad, donde un gobernante no puede tener contento a todo el mundo (la entrega de un bien público como el parque El Salitre para el monopolio de los conciertos a una empresa multinacional es un ejemplo temprano).

De un plan de desarrollo proveniente del Polo Democrático se hubieran esperado propuestas ambiciosas en temas como el medio ambiente (que brilla por su ausencia, tanto así que el sector ambiente tiene solamente el 1% del presupuesto), la descentralización (que solamente propone una desconcentración funcional) y de seguridad ciudadana como modelo alternativo de convivencia, desafortunadamente el proyecto tiene un acento de marcado gasto público sin compromisos relevantes, que ojala se corrija durante su ejecución.

Respecto a los proyectos y las metas, que son en última instancia la unidad de medida del éxito de una administración, surgen las mayores dudas e inconsistencias. Un plan de desarrollo, estimado en cerca de 39 billones de pesos, implica un esfuerzo descomunal en términos financieros y de gestión, que por lo menos se justificaría si apostara por grandes cambios en la calidad de vida y sus habitantes, pero que cuando se mira en términos de las metas propuestas solamente pretende avanzar en algunos indicadores que podrían considerarse conformistas frente a las necesidades urbanas y los recursos comprometidos.

El exceso de metas y proyectos muestra una dispersión de objetivos dentro de los cuales aparecen algunos interesantes como el aumento al 80% de la cobertura en educación preescolar y el aumento al 42% de los bachilleres que acceden a educación superior con apoyo de la Secretaría de Educación (habrá que ver en que se traduce este apoyo), estas metas son la excepción, porque la gran mayoría de las metas propuestas son metas inocuas (miden el desempeño de las instituciones, pero no el impacto real) o metas técnicamente inadecuadas (por ejemplo la meta de movilidad, busca aumentar la velocidad promedio del transporte público de 22,5 km a 25 km por hora, cuando lo que beneficia realmente a los ciudadanos es la disminución del tiempo promedio de los viajes).

De un gobierno que pretende gastar cerca de 39 billones de pesos, equivalentes a tres veces el presupuesto ejecutado por Peñalosa, más del doble del presupuesto de la segunda administración de Mockus o una vez y media el presupuesto de Garzón, se esperaría que sus ejecuciones tuvieran impacto significativo en la calidad de vida de la ciudad y sus habitantes, pero formular un plan que aspira a aumentar solamente en 1% la cobertura en educación inicial, construir solamente 9 colegios cuando el Plan Maestro de Equipamientos Educativos estimó que se necesitarían como mínimo 40 en este periodo, reducir en dos puntos la tasa de bajo peso al nacer, aumentar en solamente dos puntos la calificación de los colegios en las pruebas SABER, que en la escala internacional es insignificante, disminuir en 0,25 % la tasa de deserción en los colegios distritales, reducir en 1 % la tasa de habitantes de la calle, reducir de 30,1 a 28 la tasa de muertes violentas, mantener la tasa de ocupación hotelera en el mismo promedio existente; son muestras de una agenda que pretende atender muchos frentes, que es muy conservadora con las necesidades sociales y sociales, o en el mejor de los casos, una administración que se preocupa más tener recursos que por producir resultados.

* Leonel Alberto Miranda Ruiz
Investigador y Consultor en Gestión Urbana.