Artífices de un nuevo Colón

Dos arquitectos de la Universidad Nacional tendrán a su cargo el diseño de la ampliación del Teatro Colón. Su reto es lograr que el patrimonio arquitectónico no riña con una intervención moderna.

Nathalie Montoya y Diego López, ganadores de la convocatoria. / Liz Durán

En cuestión de dos años los visitantes de La Candelaria verán un cambio radical alrededor del emblemático Teatro Colón, una de las joyas de la arquitectura del siglo XIX en Bogotá y que desde hace dos años es objeto de un ambicioso plan de restauración, modernización y ampliación.

El plan, liderado por el Ministerio de Cultura, no ha estado exento de cuestionamientos y debates. Las dos fases que ya terminaron fueron criticadas por algunos arquitectos y defensores del patrimonio, quienes criticaron que el Ministerio quiere reemplazar el mobiliario tradicional del edificio, como la silletería y las lámparas. Asimismo, hay urbanistas que han cuestionado la fase de ampliación, por considerar que éste atentaría contra el paisaje arquitectónico del Centro Histórico.

No obstante las polémicas, el proyecto se ha abierto paso y esta semana el Ministerio de Cultura reveló el nombre de los arquitectos que ganaron el concurso de diseño para ampliar el teatro. El Espectador habló con la arquitecta de la Universidad Nacional Nathalie Montoya Arango, quien con su esposo Diego López tienen el reto de transformar la manzana sin lastimar su paisaje urbanístico.

¿Podría describirme en qué consiste su proyecto?
Es un edificio que es una especie de cinta. Que arranca en dos pisos y paramenta completamente la manzana y se va desenvolviendo en el interior de la misma. Pensamos que respetar el patrimonio no es tratar de imitarlo. Este es un edificio que es contemporáneo, que no puede impostar como si fuera un edificio histórico y que debe dar cuenta de nuestra época.

¿No compite con el entorno patrimonial?
No. Tiene unas fachadas muy neutras y unos materiales muy sobrios. Son materiales durables en el tiempo, concreto, vidrio, madera, que no intenta parecerse al teatro sino darle valor.

¿Cómo se articula el proyecto con los bienes patrimoniales de la manzana?
Hicimos una pasarela ajardinada que entra por la Casa Liévano lateralmente, luego viene un espacio de patio sin jardín y por la parte de atrás nos ensamblamos con la Universidad Gran Colombia, a la que se le va a respetar el edificio Estela, que también es patrimonial.

Muchos criticaron que el proyecto rompería con la altura promedio de esta zona, ¿cómo lo van a evitar?
Por un lado hicimos una estrategia para pegar todos los volúmenes más altos a la tras escena del teatro. Por ahí vamos a hacer toda la conexión técnica y hacia la fachada de la calle vamos a mantener la línea de altura de la Casa Liévano.

¿Cambió también la altura del proyecto cuando recibieron el Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) que establecieron el Distrito y la Nación?
Sí. Entre la primera y la segunda rondas recibimos el PEMP e hicimos un ajuste grande para poder cumplir con las normas de altura de la manzana, con los retiros de los edificios existentes y también con el área libre.

¿En qué cambió el proyecto?
Recortamos volumen y perdimos dos pisos de altura.

Durante los siguientes meses, ¿seguirá cambiando el planteamiento arquitectónico?
Puede que sí. Con el acompañamiento del Ministerio y de sus asesores habrá otros cambios. La idea, sin embargo, es que mantenga la filosofía de ser un teatro nucleado en torno a un gran espacio abierto.

svalenzuela@elespectador.com

@santiagov72