Se sostiene por el alto precio de los originales

Así es el mercado de los repuestos para celulares en Bogotá

Aunque muchas piezas que se venden no son originales, sino genéricas, un gran porcentaje son de celulares robados, según la Policía.

Al menos 20 organizaciones dedicadas al hurto de celular han sido desmanteladas a la fecha, en Bogotá. / El Espectador

En un descuido, el nuevo teléfono celular de Angélica —avaluado en $1’400.000— cayó al suelo y terminó con la pantalla rota. Preocupada, fue a la tienda autorizada de la marca para arreglarlo, pero le dijeron que la reparación le costaría mínimo $600.000, casi la mitad de lo que valía el equipo. No tenía dinero, pero tampoco podía darse el lujo de quedarse incomunicada. Su teléfono es clave para su trabajo.

Por eso, estaba ante dos opciones: pedir dinero prestado para comprar otro teléfono o buscar alternativas para arreglar el equipo, que había adquirido hacía poco. Un conocido le recomendó un lugar donde podía encontrar alternativas. Le ofrecieron, por un lado, una pantalla genérica, legal, no tan buena, pero económica: $120.000. Por el otro, una original, pero de segunda, en $200.000. Optó por la más barata, no solo por el precio, sino porque pese a que la original podía ser mejor, desconocía su origen.

Así como ella, miles de ciudadanos, con sus teléfonos dañados, se enfrentan a diario al mismo dilema. Esto ha tenido un efecto evidente: la dependencia de estar conectados, los costos de los nuevos teléfonos inteligentes y de sus repuestos originales, así como la baja calidad de las piezas genéricas, han abierto un mercado, que para las autoridades es difícil de controlar.

A esto se suma que la gente ya no cambia con frecuencia el equipo, como cuando las compañías de telefonía (con cláusulas de permanencia) financiaban y subsidiaban la reposición. Según un estudio de la consultora Deloitte, en 2015 el 47 % de los usuarios renovaban su celular cada año y en 2017 la cifra cayó al 37 %. Aunque no hay cifras actualizadas, se estima que cada vez las personas conservan más tiempo su celular, aumentando la demanda de servicios técnicos.

De ahí que hoy se encuentren por toda la ciudad almacenes dedicados a vender repuestos y accesorios. En algunas localidades, la Policía tiene identificadas las zonas donde se concentran este tipo de servicios. Aunque la mayoría son legales (donde hay repuestos originales y genéricos), hay otros que trabajan con repuestos de segunda. En unos casos, se trata de equipos que eran de ciudadanos, que decidieron no invertir en su reparación y se los vendieron a algún técnico.

“Esa compraventa es normal. Pero para que eso sea legal, las partes tienen que diligenciar un formato del Ministerio de las Tecnologías de la Información (Mintic). Así, si llega la Policía en uno de sus operativos, muestran los documentos y no hay problema”, afirma Fabián Serrano, quien se dedicaba a reparar dispositivos móviles. Sin embargo, estos casos son un porcentaje pequeño, porque “no todo el mundo sabe cuál es el trámite para poderlo hacer”, afirma John Jairo Carvajal, director jurídico de la Universidad Manuela Beltrán.

Es por esto que es fácil inferir que gran parte del negocio de los repuestos de segunda se nutre del principal delito que afecta a la capital: el robo de celulares. Aunque las cifras de hurto de celulares han disminuido 8,7 % este año, siguen siendo altas y una de las estadísticas que más impacta la seguridad. El año pasado, por ejemplo, se reportaron 54.621 robos, lo que representa que en promedio hay 152 casos diarios. Este año, según el observatorio de la Policía, el promedio bajó a 137 casos, es decir un robo cada diez minutos.

El negocio tiene una dinámica particular. La estructura de la banda organizada es así: el que roba (que es quien tiene la habilidad para hurtar sin usar violencia), el que vigila (y avisa si viene la Policía o cualquier persona que pueda sabotear el hurto), el conductor (generalmente es un taxista que los transporta por la ciudad para que roben y los espera) y el que guarda los celulares (pasa desapercibido). Un ladrón que hace parte de una banda organizada en una jornada puede robar entre doce y quince celulares.

Tras el asalto, “el que compra el celular robado o de segunda evalúa para qué le sirve, revisa la gama, el modelo y si tiene salida en el mercado. Eso último es lo más importante, pues si el celular lo están comprando mucho, tienes más opciones de vender repuestos. Eso se da más en los celulares de gama media. En cambio, si uno de gama alta, pese a que esté de moda, que no está comercializándose casi en Colombia, lo mandan para otro país, pues poco se conseguirán sus partes”, sostiene Carvajal.

Según las autoridades, los equipos más robados el año pasado fueron los Samsung (14.713 casos), seguido por los Huawei (13.164), Motorola (7.674), iPhone (4.968) y LG (1.848); Chapinero fue la localidad más afectada, y los horarios en los que más robaron fueron de 6:00 a 8:00 de la mañana y de 5:00 a 8:00 de la noche. Además, según la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) entre 2015 y 2019 se han bloqueado siete millones de equipos por hurto o extravío.

A pesar esto, todos los teléfonos terminan en manos de redes delincuenciales que siguen nutriendo el mercado negro. Sin importar el bloqueo del equipo, lo que impide que se pueda usar en el país, en algunos casos los delincuentes se han dado mañas para adulterarlos y venderlos de nuevo en el mercado nacional completo o por partes.

Los que no, según el presidente de Asomóvil, Samuel Hoyos, los sacan del país, “pues hay algunos que cuando les bloquean el IMEI (número único de identificación), quedan inservibles en Colombia, pero en otras partes los pueden hackear y los usan nuevamente”. Entonces, los que no se les puede alterar el código, terminan desguazados y un mercado negro que genera en el país, en promedio, ganancias cercanas a $1 billón al año.

Aunque la Policía viene haciendo operativos, especialmente en las zonas donde se concentran algunos centros especializados en la reparación de teléfonos celulares (como en la calle 13), para tratar de contrarrestar el mercado ilegal, reconocen que controlarlo y frenar su crecimiento es difícil, desde que existan personas que buscan repuestos de segunda y a bajo costo, sin importarle que detrás se hubiera cometido un delito.

“Mírelo así. Si usted necesita una pantalla (que es la de más demanda) tiene tres opciones: lo compra en una tienda autorizada, donde cuesta casi lo mismo que el celular; en un local particular, donde le ofrecen una genérica barata, pero que no dura más de dos meses, o una a $200.000, que es de segunda y de buena calidad, pero usted no conoce su procedencia y lo más seguro es que sea hurtado, entonces, ¿cuál compra? La gente opta por la usada”, explica el capitán Rafael Bernal, jefe de la Línea Investigativa de Delitos Informáticos de la Policía Metropolitana de Bogotá.

A pesar de que se podría inferir que los altos costos de los repuestos de los celulares son los que podrían estar manteniendo viva la cadena ilegal de la venta de piezas de celulares robados, según las compañías de telefonía aseguran que los altos precios se deben a que “más allá del costo y la tecnología, nos preocupamos por ofrecer repuestos originales y que el dispositivo quede completamente funcional”, dice Thomas De Aquino, director de Servicio de Samsung.

Más allá de las explicaciones y los costos del mercado, lo cierto es que hoy el hurto de celulares sigue siendo uno de los delitos que más impacta la seguridad ciudadana. Si bien se han hecho esfuerzos por contrarrestarlo, de no explorar otras alternativas, las tareas serán infructuosas.

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María Dilia Reyes Torres - [email protected] - @Madinewss

Bogotá

Así es el mercado de los repuestos para celulares en Bogotá

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