Así están las localidades que recibirán los nuevos alcaldes de Bogotá

Un estudio de la Universidad de los Andes midió, en términos sociales, el progreso de las localidades en los últimos años. Aunque hay avances, el centro y el sur tienen la mayoría de desafíos.

El número de parques por habitante se tiene en cuenta como indicador de bienestar. / El Espectador

No sólo el sueldo mide el bienestar de la gente. Influye, claro está, porque ¿quién no se siente mejor si gana tanto como para pagar sus cuentas y divertirse? Pero vivir bien en Bogotá implica la satisfacción de otras necesidades: desde el acceso a servicios básicos, como el agua, hasta contar con suficientes alternativas de transporte, gozar de un mínimo de espacio público o no ser discriminado. La plata no lo es todo. Y, precisamente, la Universidad de los Andes hizo un estudio en el que evaluó, a partir de factores diferentes al económico, la evolución del bienestar en la ciudad entre 2009 y 2014, localidad por localidad. Teusaquillo se llevó el primer puesto y Santa Fe el último.

Justo ahora que avanza el proceso para elegir los nuevos alcaldes locales, la investigación sirve como insumo para saber cómo recibirán sus territorios los nuevos mandatarios, que comienzan a trabajar en abril, y cuáles serán sus retos. Cada localidad tiene ventajas y desventajas (ver gráfico), aunque los gobernantes del norte de la ciudad, como ha sido tradicional, se encontrarán con menos necesidades que los del sur. A lo largo de los cinco años, precisa el documento, “la mayoría de localidades ubicadas en el sur y el centro de la ciudad, como Bosa, San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe, Usme, La Candelaria, Los Mártires, Ciudad Bolívar y Santa Fe, siempre ocuparon los últimos lugares. Mientras que aquellas situadas en el norte, como Teusaquillo, Puente Aranda, Engativá, Chapinero y Usaquén, lograron mantenerse en los primeros lugares”.

Hay un llamado de atención puntual sobre las localidades del centro, pues allí “se registra un marcado estancamiento (…), explicado por un deterioro en las condiciones de vida de los habitantes de La Candelaria y Santa Fe”.

¿Cómo llegaron a estas conclusiones? Los investigadores de la Escuela de Gobierno de la universidad establecieron un sistema de medición llamado índice de progreso social (IPS), que califica cada localidad en un rango de 0 a 100 teniendo en cuenta factores sociales y ambientales: nutrición, asistencia médica básica, acceso a servicios públicos básicos, déficit de vivienda, seguridad personal, acceso a educación básica y a comunicaciones, cantidad de espacio público, de parques y de árboles por habitante, garantía de libertades personales, tolerancia e inclusión, acceso a educación superior, entre otros. Se basaron, entre otros datos, en estadísticas de otros estudios, como las encuestas multipropósito de 2011 y 2014 (que realizan la Alcaldía y el DANE), la Encuesta Bienal de Culturas y los estudios de percepción ciudadana de Bogotá Cómo Vamos.

Si se tiene en cuenta 2014, último año de la medición, a Teusaquillo le fue bien porque obtuvo 80 puntos, y a Santa Fe no tanto porque sólo llegó a 60,1. Sumapaz fue excluido por falta de información. “El IPS nos permite medir las brechas de calidad de vida que hay entre localidades de acuerdo con el nivel de progreso social de cada una de ellas”, anotan los investigadores.

Voces de la primera y la última

Carlos Borja es el alcalde de Santa Fe, localidad que ocupó el último puesto en 2014 y que, junto con La Candelaria, son las dos del centro que, de acuerdo con el IPS, presentan retroceso desde 2009. Aunque acepta las dificultades, considera que no necesariamente ha habido un detrimento de la calidad de vida en esos dos sectores, sino un avance mucho mayor de otras zonas de la ciudad que antes ocupaban los últimos lugares. “La principal razón para que esto haya ocurrido tiene que ver con que la administración de Gustavo Petro concentró sus esfuerzos en las localidades del sur y en Kennedy (occidente), basada en los malos resultados que estas obtuvieron en mediciones conocidas en 2011, como la Encuesta Multipropósito que realizan la Alcaldía y el DANE”, precisó.

Acepta, no obstante, que hay dificultades: la concentración en el centro de habitantes que llegan de otras partes del país y la falta de equipamientos realmente acordes para vivir, debido a que el manejo de bienes patrimoniales que abundan allí es difícil. El único hospital de la zona, recalca, es el Centro Oriente y cubre tres localidades. También se vislumbran posibilidades para mejorar el bienestar de los habitantes de ese sector, como una revitalización del centro que comienza a verse con la construcción de residencias universitarias o edificaciones como el BD Bacatá. “Eso sí, debe tener en cuenta a la gente”, resalta.

Juan Federico Pino, un estudiante de doctorado, cuenta que sufrió la inseguridad de Santa Fe y notó el cambio cuando se mudó a un barrio de Teusaquillo, la localidad mejor posicionada. De esta rescata “la tranquilidad y el transporte”. Cuando va a bares cerca, dice, se siente seguro de regresar caminando a su casa. Allí los parques también hacen parte de los buenos indicadores, mientras que las relaciones vecinales salen mal calificadas.

Cada localidad tiene sus avances y sus pendientes y cabe recordar que, precisamente ahora que está en curso una nueva elección de alcaldes locales, se ha puesto sobre la mesa no sólo el que parece un número exagerado de funciones, también la posibilidad de cambiar la forma como se gobiernan las localidades, de tal manera que los alcaldes dejen de estar atados a lo que les ordene la Alcaldía Mayor y, dentro de mandatos generales que deban cumplir, puedan atender las necesidades de sus territorios, que varían de una localidad a otra.

 

 

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