Así fue el feliz reencuentro de abuelo maltratado en Bogotá con su familia

Don Gildardo Santamaría pudo abrazar de nuevo a sus hermanos Girleza, Luz Marina, Guillermo y Jorge, así como a su sobrina Sullyvet, quienes lo buscaban desde hace 15 años.

Secretaría de Integración Social.

Sobre las 3:00 de la tarde de este martes, terminó para la familia de Gildardo Santamaría –el adulto mayor que fue agredido por un policía en el centro de Bogotá– una espera de 15 años: por fin pudieron abrazar nuevamente a su hermano, a su tío, de quien no tenían pista desde 2003, cuando decidió abandonar el seno de su hogar en Risaralda tras ser amenazado por grupos armados. (Lea: Aparece familia de Gildardo Santamaría, el abuelo maltratado en Bogotá)

“Estaba muy desmejorado, tenía unos dientes muy lindos que ya no tiene. Él es mucho más joven, no es para que esté así, pero es muy fuerte por haber aguantado tanta cosa también en las calles”, dice su hermana, Irlesa Santamaría Orozco, quien acudió al anhelado encuentro en compañía de otros tres hermanos de don Gildardo y una sobrina.

“Una hermana fue la que escuchó la noticia y comenzó a gritar: ‘¡Mi hermanito, mi hermanito!’, entonces ya nos llamó uno por uno y todos nos reunimos en una sola casa a orar, a llorar, a pedir ayuda”, cuenta Irlesa, al rememorar el momento en el que conocieron un video, grabado en pleno centro de la capital, en el que figuraba un policía parado en el brazo de un habitante de calle, impidiendo que se levantara. Resultó que el habitante de calle era su hermano, Gildardo.

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“Fue una ‘revoltura’ de sentimientos. Verlo así fue muy duro, pero también vimos una luz de que podíamos reencontrarnos con él”, agrega Irlesa. “Yo lo busqué mucho en Medellín y en Pereira. Aunque nadie nos daba razón, siempre creímos que estaba vivo. Es la felicidad más grande tenerlo de nuevo con nosotros”, sostiene por su parte Jorge, otro de los hermanos del adulto mayor.

El escenario para el feliz reencuentro fue un centro de atención en Bogotá. Hasta allí llegó la familia Santamaría con la esperanza de tener nuevamente entre sus brazos a don Gildardo. “Hemos hablado muy poquito y pues fue un momento de emoción. Lo que se espera es solo bienestar para él, que esta situación termine. Fue desafortunado lo que le pasó en estos 15 años, así como el incidente que le ocurrió. Tristemente, tuvo que pasar eso para que nosotros lo viéramos y ahora esperamos un final feliz”, asegura Zulibeth, sobrina del adulto mayor.

Con todo, entre la emoción y la alegría, don Gildardo les dijo a sus familiares que piensa quedarse en Bogotá hasta que se cumpla el cometido que lo llevó a hacer una correría por el país que terminó en Bogotá. “El Gobierno debe responderme por mis derechos como desplazado. Con mi cheque (el de la finca que, dice, le fue arrebatada por grupos armados) me voy ya. ‘Pelao no me voy’”, insiste.

“Sentí mucha alegría de volver a ver a mi familia, pero también mucho susto: llevaba muchos años sin verlos, entonces sabía que estaba ‘encartado’ por haberlos hecho sufrir tanto tiempo. Pero ellos saben. Yo me vi muy arruinado y qué me iba a dejar ver así. Qué pena. No fui capaz”, explica el adulto mayor.

Según ha relatado Santamaría, desde hace 14 años vive en los parques de la ciudad y vende ropa usada a habitantes de calle para costear sus gastos. El día de la agresión el pasado sábado, narra, estaba durmiendo cuando un policía lo despertó y lo hizo mover del lugar de forma violenta. Aseguró también que vivía en un municipio del norte de Risaralda, de donde fue desplazado por los grupos armados. Luego vivió con su familia en Pereira. En 2003 dejó su casa y desde entonces su familia lo reportó como desaparecido.

 

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