Se levantó la emergencia sanitaria

Así se puso en marcha el nuevo esquema de aseo

Los cinco nuevos operadores de aseo comenzaron operaciones ayer en las zonas asignadas. Aunque la recolección de basuras no cambia, el reto está en que los ciudadanos reciclen cada día más.

A las cinco de la mañana comenzaron las operaciones en Engativá. / Fotos: Óscar Pérez- El Espectador

No hay tiempo para detenerse. Cada hora la ciudad produce 250 toneladas de basuras, por lo que si algo en el esquema de recolección falla, todo puede terminar en caos como sucedió en las últimas semanas. Es por ello que, a pesar de que ayer comenzaba el nuevo esquema de aseo, desde la noche del domingo se vieron los primeros camiones de los nuevos operadores recogiendo desechos en los puntos más críticos de la emergencia sanitaria.

No obstante, la puesta en marcha oficialmente comenzó ayer a las 5:00 a.m. En la carrera 68 con calle 68, en los patios de Bogotá Limpia (que recogerá la basura de Engativá y Barrios Unidos) comenzaron a llegar los nuevos trabajadores. Casi 300 (más de la mitad) fueron empleados de Aguas de Bogotá, por lo que ya conocían una rutina que poco va a cambiar.

Lo primero fue alistarse para la jornada. Se pusieron sus uniformes y las botas nuevas, guardaron su ropa y luego buscaron a su supervisor. A pesar de que desde hace tres días se vienen preparando, en la madrugada de ayer, en el patio donde mantienen los carros recolectores y las barredoras, ultimaron los detalles para que todo saliera bien en la jornada.

Las mujeres son barredoras. Helena Medina, junto a sus dos compañeras, Rosalba Barrante y Marina Cossio, fueron las primeras en llegar para conocer el punto donde tendrían que trabajar. No es sólo barrer, es recoger la basura y quitar la maleza. “Al principio es duro, pero después de que uno ya se acomoda es como coger la casa de uno y dejarla lo más presentable”, asegura Medina.

Los hombres se organizan en los vehículos. Los primeros trabajan con las barredoras, que en operación pueden ir hasta a 10 kilómetros por hora. “Es un trabajo de paciencia, porque no vamos muy rápido y a mucha gente eso la desespera”, dice Eduard, quien antes trabajaba en Aguas de Bogotá y llegó a Bogotá Limpia para desempeñar la misma labor. La máquina tiene escobillas que se mueven y expulsan agua, que evita que el polvo se disperse.

Los siguientes en salir son los carros compactadores. En cada uno van tres personas: un conductor y dos operarios. Por lo general, cada grupo tiene tres zonas de recolección, lo que quiere decir que en un día normal pueden hacer hasta tres viajes a Doña Juana. Para ellos, el trabajo en equipo es fundamental para terminar lo antes posible.

Uno de los conductores es César Ovalle. A él y a sus dos compañeros, Luis Pitalúa y Jaime, les asignaron tres zonas del barrio Linterama, en Engativá, lo que se traduce en un largo día de trabajo. “El carro puede cargar hasta 15 toneladas de basura. De acuerdo con la empresa, esta cantidad la debemos recoger en dos horas y media, pero eso depende de la zona y de la movilidad en el sector”.

Ayer la situación era especial. En los tres lugares que les asignaron no se recogía la basura desde el pasado sábado, por lo que apenas llegaron al sector, los habitantes salieron con sus bolsas de basuras para entregarlas a los recolectores; con escoba en manos, para recoger lo que los operadores dejaban a su paso, y para hacer una pregunta en especial: ¿cambiará la operación?

Allí no. Es entendible que los vecinos del barrio Linterama no se hubieran enterado. Durante las últimas semanas estuvieron preocupados por otra cosa: pasaron 10 días sin que les recogieran oficialmente la basura, debido al paro que protagonizaron los trabajadores de Aguas de Bogotá, quienes se declararon en asamblea permanente al saber que se iban a quedar sin trabajo, porque la empresa distrital quedó por fuera del nuevo esquema de aseo.

“El sábado vino una volqueta a la cuadra y recogió lo que más pudo”, contó Alicia, una de las habitantes del barrio, quien como muchos ante la situación decidió guardar la basura de los últimos días en su casa, ya que la acumulación estaba generando malos olores en toda su calle e inconformismo entre los vecinos.

Sobre la avenida Mutis, a unas calles de allí, la semana pasada los habitantes hicieron un muro de basura por la grave situación. En Linterama no se llegó a tal punto, pero, de acuerdo con Lucía Moncada, es la primera vez en los 20 años que lleva viviendo en Bogotá que se presenta un problema similar en su barrio.

Lo complejo de poner al día la recolección de basura en la zona se notó de inmediato. Luis y Jaime, desde el momento en que empezaron la recolección, comenzaron a sudar. Hay que tener físico para correr todo el día recogiendo bolsas y detrás de un camión en movimiento. Lo más fácil es cargar bolsas selladas, pero la mayoría de veces éstas no existen. Los residuos están en el piso. Encuentran ropa, restos de comida, de escombros, cajas, muchas de las cuales se pueden reciclar.

Pero ellos deben echarlas dentro del compactador lo más rápido posible. Cada uno tiene una escoba y una caja de frutas de plástico, que les sirve de recogedor. En el camino encontraron dos láminas de madera que les ayudó a recoger los restos pequeños. Más adelante hallaron una cobija en la que metieron la mayor cantidad de residuos. Armaron una gran bolsa que vaciaron dentro del camión. Son prácticos con lo que encuentran, llevan trabajando juntos desde hace 15 años, por lo que han aprendido a sacar provecho de lo que recogen, de lo que la gente simplemente decide tirar a la basura.

Para ellos el cambio de modelo sólo consistió en un cambio de nombre de la empresa para la que trabajan. Continúan haciendo las mismas tareas diarias, pero reconocen que sería más fácil si hubiera un cambio de conciencia ciudadana. Si se cumple la meta del Distrito, de que la gente comience a reciclar de verdad, su labor no sería tan difícil como la viven a diario por las calles de la ciudad.