Aumenta riesgo de caída de árboles en Bogotá

Por el diseño de contenedores y elección de especies, árboles en la ciudad corren el riesgo de irse al suelo.

Este es uno de los contenedores que han sido tapados con cemento en Plaza de las Américas. / David Campuzano
Este es uno de los contenedores que han sido tapados con cemento en Plaza de las Américas. / David Campuzano

A las siete de la mañana del miércoles, dos acacias negras de ocho metros cayeron sobre la carrera Séptima con calle 98. El incidente, que no dejó daños materiales, hace parte de los siete que se han presentado en la última semana. Según un informe presentado por el Jardín Botánico de Bogotá (que recopila datos hasta comienzos de agosto) 53.594 árboles de la ciudad están en alto grado de susceptibilidad y 181 en grave riesgo de volcamiento.

En lo que va del año, el Fondo de Prevención y Atención de Emergencias (Fopae) ha atendido 298 incidentes por volcamientos. “Por cada 100 árboles que se siembran en la capital, 30 se pierden por condiciones antrópicas”, comenta el concejal Diego García, del partido Progresistas. “Bogotá tiene un déficit de 1’400.000 árboles. Es necesario sembrar y sustituir los árboles que están en riesgo”, comenta el concejal Jairo Cardozo, del movimiento político MIRA.

Un caucho sabanero, sembrado en un contenedor de un metro cúbico en la calle puede, al paso de los años, levantar fácilmente el adoquín. Así lo explica el presidente de la Asociación Colombiana de Arboricultura, Óscar Serrato: “Los árboles los siembran en contenedores sin ningún tipo de investigación científica. Hay ficus en contenedores muy pequeños, que al paso de los años mueren por problemas fisiológicos o sus raíces crecen y levantan el asfalto. Sin embargo, pocos logran sobrevivir”.

Para el Jardín Botánico de Bogotá, estos contenedores también han sido un problema: “En el caso de los árboles de la especie caucho sabanero, los cuales fueron plantados en contenedores de un metro cúbico, el espacio resultó insuficiente. Manifestaban síntomas como defoliación prematura, marchitez e insectos en diferentes estados de desarrollo, adheridos a las ramas y asfixiando su crecimiento”, reza un comunicado de la entidad.

No son sólo los árboles que se caen; contenedores tapados con asfalto y especies de gran tamaño en espacios reducidos también generan complicaciones. En la capital es difícil arrojar una cifra sobre el número de contenedores, teniendo en cuenta que muchos han sido tapados con cemento: “Solamente en Plaza de las Américas y en la Vía al Llano hay 40 contenedores que les montaron concreto encima. Cada uno de esos contenedores cuesta alrededor de $500 mil. Y los otros árboles que están sembrados, en 30 años van a tener un crecimiento gigante porque vienen de los trópicos. Actualmente tenemos en promedio 20 mil especies enfermas”, comenta García.

Jesús Orlando Rivera, profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, explica las consecuencias de sembrar árboles en un metro cúbico: “Por un lado, las raíces de las especies levantan el pavimento, afectando postes y andenes. Y por otro, algunas especies no toleran los niveles de lluvia. Cuando son muy grandes, la humedad hace que las raíces se pudran, lo que origina que los árboles se descompongan y vayan al suelo. Esto pasa frecuentemente con las acacias y los eucaliptos”.

En este proceso, el Jardín Botánico es fundamental al ser la entidad que selecciona las especies que se plantan: “Deben hacer más investigaciones. Muchas veces se toma la decisión por capricho. Si les gusta el urapán, entonces siembran por toda la ciudad urapanes, sin tener en cuenta las diferencias de suelo. Eso pasó hace 15 años con el caucho sabanero, y vea, se están cayendo”, dice Serrano.

En palabras del concejal Jairo Cardozo, “la Secretaría Distrital de Ambiente y el Jardín Botánico deben tomar medidas urgentes para garantizar la seguridad a los ciudadanos. Es necesario planificar la arborización y retirar los árboles en riesgo”. Para Diego García, es urgente atender los problemas en los contenedores: “muchos de los árboles que caen sobre casas están ubicados en contenedores mal diseñados. En época de invierno se inundan porque los contenedores no almacenan agua”.

Más allá de la intervención en el arbolado urbano, el Jardín Botánico considera que es importante trabajar desde el cuidado a través de la ciudadanía: “En el caso de los contenedores, el Jardín Botánico no es el responsable de tapar estos espacios donde crecen los árboles. Como parte de los desequilibrios socioeconómicos que presenta la ciudad, el árbol entra a competir por el poco espacio que le fue dejado y el que finalmente terminará perdiendo. Todavía no existe una conciencia fuerte de la comunidad frente a su importancia, no sólo de aporte a nivel ambiental, sino de mejorar la calidad de vida y mitigar el riesgo de las especies”.

Según un informe revelado por esta entidad, muchas veces los árboles son atacados por comerciantes que ven en ellos obstáculos para ofrecer su publicidad: “su copa tapa la propaganda y además no les permite invadir el espacio público con sus mercancías”. Por ahora, el Jardín Botánico está diseñando nuevos contenedores para mejorar el espacio vital de los árboles plantados.