Barristas piden al Distrito medidas menos represivas para partidos de Colombia

Esta es la apuesta de los barristas.

En la Fundación Juan Manuel Bermúdez Nieto participan 21 líderes de las barras bravas del país. / Archivo

La violencia que gira alrededor del fútbol se ha convertido en un tema de agenda en el Distrito y en el Ministerio del Interior: nueve muertes y 3.000 riñas en Bogotá después del partido de Colombia ante Grecia, fueron razones suficientes para que las autoridades replantearan las medidas de seguridad en la ciudad.

Aunque la ley seca que implementó el alcalde Gustavo Petro ha dado buenos resultados, los líderes de las barras bravas de Bogotá y de otros sectores del país le han solicitado al Distrito establecer diálogo sincero: “Vemos que las autoridades se están preocupando por la seguridad en los estadios, por fortalecer el Esmad y poner más cámaras, abandonando temas importantes como la violencia en las calles y la publicidad del fútbol, que muchas veces genera violencia. Queremos tener una participación real y efectiva, porque hoy no está clara la forma en que se está invirtiendo el presupuesto destinado a las barras”, sostiene Edwin Marulanda, director de la Fundación Juan Manuel Bermúdez Nieto.

Esta Fundación surgió en 2002 como una respuesta al asesinato de Juan Manuel Bermúdez Nieto y Álex Julián Gómez, ambos miembros de la barra Disturbio Rojo Bogotá, baleados en una carretera por llevar puesta una camiseta roja. Ya son 21 líderes de las barras bravas quienes han optado por un barrismo social, que en pocas palabras es una forma de ser hincha sin necesidad de utilizar la violencia, sino gestionando proyectos de paz y convivencia.

La fundación apoya el barrismo social y ha intentado cambiar el imaginario de barras bravas: “El Mundial ha generado que muchos menores de edad comiencen a tener un acercamiento a las barras, por la afición que provoca el fútbol. Muchos actúan bajo su propio criterio y sus acciones a veces son violentas. El debate va más allá de la ley seca. En Bogotá hay más de 50 mil jóvenes que hacen parte de las barras. El Estado no puede ser indiferente”, explica Darwin Torres, antiguo miembro de la Fundación.

Al respecto, el Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana del Distrito (Ceacsc) señaló que es necesario “generar espacios masivos de transmisión de los partidos para permitir la regulación de las autoridades, vetar el ingreso a los estadios de los que son declarados lideres violentos, colocar cámaras en las tribunas y estas deben contar además con personal de reacción en el momento en que se requiera, carnetizar a todos los hinchas y generar investigación policial judicial con infiltrados en las barras. Los recursos económicos para estos procesos deben provenir de los clubes deportivos, los patrocinadores, la administración y la empresa privada”.

Los líderes de la Fundación, sin embargo, le han reiterado al Distrito que el enfoque de seguridad no se puede limitar a la prohibición y a la vigilancia. De hecho, el clamor de los barristas en el Ministerio del Interior ha sido que se incluya el barrismo social dentro del plan decenal para la seguridad, la comodidad y la convivencia en el fútbol: “Partimos de la Ley 1270 de 2009, que reconoce el barrismo social. Estamos pidiendo que las comisiones locales de fútbol, que funcionan en cada una de las ciudades en donde juegan equipos profesionales, sean un escenario democrático. Hoy, las barras tienen voz pero no voto en las comisiones. Tampoco sabemos cómo administran los recursos”, sostiene Jefferson Figueroa, líder de la fundación.

En estas comisiones participan autoridades locales, Coldeportes, el Ministerio del Interior y clubes deportivos. Al no contar con voto, la hinchada ha ido perdiendo el interés en estos encuentros. Sobre este punto, el ministro del Interior, Aurelio Iragorri, le dijo a El Espectador que “el plan decenal de fútbol está en etapa de formulación. El objetivo es muy claro: eliminar la violencia del fútbol. El barrismo social es fundamental dentro del plan; no existe ninguna actividad en Colombia que integre más que el fútbol. No hay que seguir atacando a las barras con medidas represivas. El problema de la violencia no es sólo de las barras, no hay que estigmatizarlas. ¿Acaso hay una barra brava de la selección Colombia?”.

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