La batalla por los 21 ángeles

Las familias Páramo Rocha y Rueda Rodríguez esperan respuestas en el proceso legal por la muerte de sus hijos.

De izquierda a derecha: Jairo Rueda (padre de Juan Manuel Rueda), Fernando Páramo (padre de Diego Páramo) y Juan José Gómez, su abogado. / Liz Durán

Han pasado 10 años de amarga ausencia. 10 años desde que 21 niños que viajaban en la ruta número 12, del Colegio Agustiniano Norte, se convirtieron en ángeles el 28 de abril de 2004, cuando el bus terminó aplastado por una gigantesca máquina trituradora de cemento. La tragedia estremeció al país y partió en dos las vidas de las familias de los niños. Cada una de ellas ha vivido el duelo a su manera, aprendiendo a lidiar con la soledad. Pero detrás de estas historias hay un capítulo que no se ha cerrado. La batalla legal de dos familias que reclaman justicia por la muerte de sus hijos.

Después de la indignación y el estremecimiento que la tragedia de los 21 ángeles causó en la ciudad y el país, los primeros errores advertidos tras el siniestro fueron que esa máquina inmensa de 40 toneladas no debió estar pasando por una vía de tanta afluencia como la avenida Suba y que debía ser transportada en camabaja. También fue claro que el conductor no tenía la experiencia para maniobrar semejante gigante, que hacía un recorrido como parte de las obras de adecuación de la avenida para los futuros carriles de Transmilenio, encargada al Consorcio Suba Alianza II. Allí donde ocurrió el suceso hay una estación del sistema de transporte masivo que recibe el nombre de 21 Ángeles.

Después de las audiencias de conciliación con el consorcio, 18 de las 21 familias llegaron a un acuerdo con la firma, pero otras tres decidieron dejar el proceso en manos de la justicia. Una de estas tres finalmente concilió tiempo después. Así que al frente de la batalla legal quedaron las familias de los niños Diego Páramo Rocha y Juan Manuel Rueda .

En medio de esta lucha, uno de los primeros debates fue respecto a cuál sería el tipo de homicidio por el que serían condenados los responsables. Es decir, si se trataba de uno culposo o uno doloso (con intención). Para los abogados de los señores Fernando Páramo y Jairo Rueda había razones para considerar el homicidio doloso, en razón de que las empresas que conforman el consorcio dieron la instrucción a un conductor inexperto, sin revisar sus capacidades, y por las normas que se violaron al ordenar el traslado de una máquina por vía pública sin camabaja.

Sin embargo, en el proceso el juez determinó que se trató de homicidio culposo. El consorcio fue absuelto y un juez condenó a Martín Rendón, director de la obra; Julián García, jefe de patios del consorcio, y el conductor de la máquina, Reynaldo Blanco, a pagar 30 meses de prisión por homicidio culposo, pena que por su cuantía es excarcelable.

Pero el actual abogado de la familia, Juan José Gómez, encontró un error en el proceso. La Fiscalía acusó a los tres hombres cómo sí solo hubiera muerto un solo niño, aunque el proceso se llevó a cabo por la muerte de dos : Diego Páramo y Juan Manuel Rueda. Para el abogado y las familias esto significa que un homicidio quedó impune. Por este detalle, la pena fue de 30 meses y no de 60 (pena si se hubieran tenido en cuenta ambas muertes), con lo que los condenados sí hubieran ido a prisión.

Por ello, el abogado Gómez decidió, a nombre de la familia, demandar a la Rama Judicial y a la Fiscalía argumentando que este error “violó los derechos de las víctimas a la verdad y la justicia (...) por pretender salvaguardar los derechos de los procesados de manera equivocada (...) vulnerando además un derecho superior, los derechos de los niños a la justicia en el juicio penal que condenaba sus muertes”. El pedido del abogado es una indemnización a la familia, pero especialmente que la Nación presente disculpas públicas a las familias.

En cuanto a los responsables de los homicidios, un juez determinó que Martín Rendón era el único con recursos suficientes como para asumir el pago de los perjuicios morales a las familias. Pero luego le permitió pagar la indemnización a cuotas bajas, a lo largo de 80 años, ya que supuestamente el condenado no tenía cómo pagar la suma en un tiempo menor.

Como el abogado logró demostrar que Rendón sí tenía cómo pagar la indemnización, hace algo más de un mes el juez revocó el beneficio de libertad condicional y ordenó su captura. Rendón interpuso un recuso de reposición, que aún sigue sin ser resuelto.

Tras 10 años de la tragedia, las respuestas que esperan las familias Páramo y Rueda que Rendón vaya a la cárcel por la muerte de sus hijos o que pague los perjuicios que les causó. Además, que en la demanda contra la Nación escuchar el pedido de perdón sería la segunda respuesta en el caso para cerrar por fin el campo legal de la tragedia. El único que quizá pueda cerrarse, pues la ausencia de los niños será una huella indeleble.

Homenaje en el Agustinano Norte

Como parte de la conmemoración de los 10 años de la tragedia del colegio Agustiniano Norte de Bogotá, en la que fallecieron 21 estudiantes, las familias y la comunidad educativa realizarán mañana una serie de eventos en memoria de las víctimas.

Las actividades comenzarán a las 11:00 de la mañana, con un conversatorio sobre seguridad vial, en la sede Salitre del colegio Agustiniano, ubicada en la calle 23C N° 69B-01. El tema será la real eficacia del Decreto 164, que se expidió luego de la tragedia, para la construcción de proyectos pedagógicos en los colegios de la capital, y el cual, a criterio de algunos padres, hoy sigue sin una ejecución real.

A las 3:00 de la tarde, padres, estudiantes y directivos del colegio harán una visita al monumento de los 21 Ángeles, ubicado en la avenida Suba con calle 138.

Finalmente, a las 6:30 de la tarde, se oficiará una eucaristía en la sede principal del colegio Agustiniano, en la carrera 70C N° 116-12.

Sigues creciendo

Te han visto crecer mis ojos, porque de mí no te apartas. Y aún más que tus recuerdos, está la llama viva de tu vida, esa que sigue creciendo gota a gota, por el tallo verde de una flor. Sí, creces día a día en esta confundida y melancólica vida. Te formas ahora en un nuevo nido, como cuando crecías en el vientre que arrullaba tu anhelada llegada y que con tus tenues golpecillos contabas que querías nacer, para emprender el viaje al mundo que un día, abandonarías sin ser tu voluntad.

Ahora recorres otros mundos. Te sigo, pero no logro alcanzarte. Ya eres mayor de edad, sigues con tus proyectos y observándome desde lejos, me dices que estás feliz. No lo haz comentado como lo hacías, pero el rostro iluminado que sembraste en mí, allí está, como muro indestructible, acompañando tu eterna partida, que jamás anunciaste y que aún no tienes mi permiso.

¿Cuándo regresarás? No lo sé, pero te sigo esperando para que crezcas delante de mis ojos, que estarán siempre abiertos, esperándote en el eterno caminar. No te perderás en el infinito espacio, allí te encontraré, como estrella en la oscuridad, para caminar juntos tomados de la mano, escuchando el murmullo de tu voz inocente, entre ángeles y el perfume de pétalos y notas de alegres melodías.

¿Qué sería de mi vida?

Si el viento me trajera tu vida pegada a las alas de un ave viajera, salida del más allá del infinito. Si de noche despertara y tu imagen permanente disfrutara palmo a palmo en mis sueños. Si tu cuerpo juguetón se transformara en la compañía de un nuevo amanecer. Si tu mirada pura se expandiera a horizontes que yo pudiera divisar y no en esa infinita soledad de tu ausencia misteriosa.

Si no fuera realidad que has partido para no regresar, y te pudiera esperar cada día, y llegaras a mí con tu sonrisa y con tus brazos extendidos reclamándome abrazos y besos llenos de alegría, y ya nunca de mi mano te soltara, entonces el mundo tendría más luz. Las tormentas de la existencia serían pasajeras, ya no volvería el sufrimiento, ni el llanto eterno de tu partida. Te aferrarías contra mí, te arrullaría como hacía ayer y tu te dormirías pero en lecho real, para que al despertar no pudieras partir jamás. ¿Que sería entonces toda mi vida?

Regresa el tiempo ‘Tete’

Hermanito, tú y yo sabemos que... detener el tiempo, o aún más, devolverlo, es imposible, pero si tan solo volviera a vivir un 28 de abril del 2004, estoy segura de que estarías aquí conmigo riéndote de lo que nunca hubiera escrito en esta hoja de papel que... con el tiempo, con este esfero en mi mano, que la mancha para plasmar y dejar por escrito lo que simplemente pienso, que pudo no haber sido.

Se le borrará la tinta y se tornará de color amarillo porque... nunca habrá un nosotros aquí que evite que mi mano siga alimentando este papel con frases que reescribo cada año para no olvidarte y sentirme viva porque aún me duele tu partida, aún lloro y lamento todo lo que ese día representa en mi vida, los recuerdos e imágenes de la tragedia que he reconstruido en mi mente durante todos estos años: pienso que la vida no permitió que aprendiera a vivir con una imagen con la que podría no vivir el resto de mi vida, y con los que sé que nunca podré volver a ser feliz. No sabes todo lo que yo sé que hubiéramos disfrutado esta vida si nada de esto hubiera sucedido.

Te amo, hermanito. Sólo espero que, así como sé que oyes cada uno de mis pensamientos, aquí y ahora, permanezcas en mi compañía cada uno de los días que le restan a mi vida, compartiendo mis sueños cada noche, en los cuales mi inconsciente viaja más allá del infinito donde pueda encontrarte, con la esperanza de abrazarnos algún día allá, donde aguarda la eternidad.

Homenaje de Martha Ortiz a su hermano fallecido Juan Vicente.

Amado hijo

 

“Hoy veo tu rostro celestial de ángel, rodeando al inmenso Dios de amor. Sigues jugando y corriendo en medio de aviones, como aquellos que volabas en tu imaginación. Recorres ciudades y paisajes, cometas y aves de colores. Del firmamento se desprenden los vagones de aquellos trencitos que seguías con ganas de subirte a ellos. Con la luz de las estrellas, trazas palabras y dibujos de amor y ternura, que leíamos en tus cuadernos con tanta felicidad. Llegarán mil noches, nacerán nuevos días y tú estarás allí, aferrado a mis brazos, sin dejarte jamás partir.

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@VeronicaTellez