Bicicletas desconocidas

Detrás de la semana de la bicicleta, que empieza hoy en Bogotá,

Javier Gustavo Suárez practicando bike polo en una ciclorruta de la ciudad.

Era otra obra sin terminar, en la frontera entre Soacha y Bogotá. Una calle de barrio. En el terreno árido se formaron pequeñas montañas de tierra. 1998: Javier Roldán sacó la bicicleta a la calle: “Tomé aire y me subí. Vi que todos los vecinos estaban asomándose por las ventanas. Habían dicho que los muchachos del barrio estaban haciendo bicicross. Bajé muy rápido y alcancé a hacer el salto mortal, pero caí sobre un andén. Esa fue mi primera fisura”, y señala las costillas.

En 2009, en una sala de informática de la Universidad de los Andes, Javier Gustavo Suárez encontró un video en Youtube sobre Bike Polo en París. Necesitó un tubo de gas para armar el primer mallet (un palo que parece de jockey).

Lo acompañaron cuatro personas al Parque Alcalá, al norte de la ciudad. Un partido de bike polo se termina cuando un equipo marca cinco goles o cuando pasan 10 minutos y el marcador sigue en empate. No se pueden poner los pies en el piso; las dimensiones del campo de juego son de 20 metros de ancho por 40 de largo; juegan tres contra tres; hay un árbitro central y dos jueces de línea; sólo es gol si meten la bola con la punta del mallet. “Lo que se pita como falta es la intención de hacerle daño al otro. El polo es más exigente con las reglas. Aquí sí hay contacto”.

Ambos, desde escenarios dispares, estarán en la Semana de la Bicicleta, que empieza hoy en Bogotá. Más allá de las ciclorrutas y las ciclovías existen otros escenarios para pedalear. Y durante estos siete días, para ellos simbólicos, se abren espacios para hablar sobre los circuitos desconocidos de la bicicleta.

En Irlanda y Escocia, recuerda Javier Gustavo Suárez, “cuando los caballos no salían por la temporada, las personas sacaban sus bicicletas en frente de los castillos para practicar polo. En Bogotá hay 40 personas que juegan bike polo todas las semanas”. En Usaquén, entre semana, en la cancha de jockey del Parque Nacional, los domingos. El equipo de Suárez, que se llama Hágame Famoso Bike Polo Club”, ha quedado en tercer lugar en dos torneos suramericanos. La plata para salir del país salió de sus bolsillos; pocos medios se enteraron.

Las ruedas de la bicicleta de Javier Roldán tienen 20 centímetros de diámetro. El estilo es BMX Flatland, lo que quiere decir, en palabras simples, “hacer trucos con la bicicleta en terrenos planos. Pero usted no puede hacer lo que hacen los demás. Lo que importa es la creatividad”. Se para sobre el timón, toma el sillón con las manos, pone sus pies en el aire. En la década de los setenta, dice, “eran muy populares las carrera de bicicross, por eso empecé por ahí, ese día en Soacha. Las personas que montaban se cansaron de correr y correr y empezaron a saltar, a dar un giro en el aire”.

“Me he fisurado acá”, señala la clavícula, “y acá”, apunta al tórax, “y tengo una lesión en el tobillo”. Aun así ha ganado dos competencias internacionales. Suárez dice que el BMX es “una disciplina de moda. Muchos intentan y cuando se caen al piso se van, porque esto da miedo. Ahora hay 100 personas que hace Flatland en Bogotá”.

En los 15 años que lleva pedaleando (tiene 33) ha migrado a diferentes calles de la ciudad: “Antes nos reuníamos debajo del puente de la calle 26 con carrera 30 o en la calle 100 con carrera 15, o en el Túnel, da igual, me da terror dejar la bicicleta”. Lo contratan para “hacer espectáculos”.

Al margen del concreto está el Down Hill, una modalidad de ciclomontañismo que también está en Bogotá. Janys Estrada es la profesora de Enduro, Down Hill, Cross Country, estilos de bicicleta de montaña, en Bogotá. “Es bajar a contrarreloj. Un descenso con curvas, raíces, piedras, saltos. Están inscritas 90 mujeres para las clases gratuitas de ciclomontañismo. Estamos recuperando el Parque Nacional para practicar”. Se necesita un casco, guantes y una bicicleta con ruedas de 60 centímetros de diámetro.

Los escenarios para el bike polo no existen aún; las canchas de jockey son las más cercanas. Los espacios, en todos los casos, se escogen de manera improvisada. El bike polo se juega, muchas veces, en canchas de microfútbol; el Down Hill, en parques con relieves; el BMX, debajo de los puentes.

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