Bogotá avanzó en la mitigación del riesgo: expertos de la Universidad Nacional

Según investigadores del programa de Observatorio de Gobierno Urbano, la capital pasó registrar inundaciones en las que el agua cubría el 70 % de la Sabana a afectaciones en 11 barrios de ocho localidades.

Cristian Garavito

Aunque esta última ola invernal quedó en la memoria de los habitantes de la capital por las imágenes del deprimido de la 94 y las inundaciones de algunos barrios, para los profesores Fernando Montenegro y César Ruiz, del Observatorio de Gobierno Urbano de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), es evidente que Bogotá ha avanzado en la mitigación de riesgos. (Lea: Llueve, pero las autoridades hacen un llamado a la calma)

Según Montenegro, Bogotá pasó de registrar inundaciones en las que el agua cubría el 70 % de la Sabana, a afectaciones en 11 barrios de ocho localidades: “Hemos venido aprendiendo y empezamos a tener la tecnología para resolver estos problemas. La Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá ha ejecutado obras que impidieron que tragedias como esta se repitieran”.

Al respecto, recordaron que el decreto 1807 de 2014 incorporó la gestión del riesgo en la revisión de los planes de ordenamiento territorial (POT) y después de esto, Bogotá es más consciente de las amenazas.

Para Montenegro, hay que continuar con los trabajos, sobre todo para atacar el problema de la desembocadura del río Tunjuelo sobre el río Bogotá, que se da en “el sifón de la Sabana”, el punto más bajo. El académico insiste en que no existe capacidad tecnológica para resolver fenómenos naturales. Por eso cree necesario que el ordenamiento territorial sea protagonista en las políticas públicas: “¿Hasta dónde logramos a través de este solucionar las problemáticas de crecimiento de la ciudad de forma integral para que esto no nos pase?”

Ruiz coincide con esta visión y agrega que el ordenamiento territorial empieza a ser determinante para mitigar estos fenómenos. Destaca que una de las razones por las que Bogotá sigue presentando inundaciones tiene que ver con el antiguo sistema de drenajes o alcantarillados. En el centro de la capital hay alcantarillados combinados por donde van las aguas negras y las lluvias al mismo drenaje. Eso colapsa los drenajes y por eso aún los habitantes de la ciudad tienen que convivir con las calles encharcadas en algunas épocas del año. Si se analiza, es un asunto de planeación del territorio. 

Deprimido de la 94

Sin duda, una de las emergencias que más preocupó y desató las críticas de la ciudadanía fue la inundación del recién inaugurado deprimido de la calle 94, al norte de la capital. La obra, que costó cuatro veces más de lo presupuestado y que tardó alrededor de ocho años por entrar en funcionamiento, no aguantó uno de los aguaceros más fuertes de mayo. (Lea: Se inundó el deprimido de la 94 con NQS en Bogotá)

Aunque la administración aclaró que fue un error humano, para el profesor Montenegro, los estudios previos dejaron claro que construir un deprimido presentaba dificultades en cuanto al riego de inundación. A pesar de que la obra no se terminó correctamente y se entregó inconclusa, el Distrito tomó la decisión de abrirla “porque la ciudad lo necesitaba por la alta afluencia de tráfico en esa zona”.

Eso demuestra, dicen los académicos, que a la ciudad le quedan varios retos por enfrentar, entre ellos empezar a incorporar en la planificación y la gestión las nuevas tecnologías con capacidad técnica, financiera e incluso política. Pero lo más importante: está en mora de adaptarse al cambio climático.

 

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