Bogotá, clave para la votación del plebiscito por la paz

El resultado dependerá en gran medida de lo que ocurra en la capital del país, que concentra 5,4 millones de los 33,8 millones de ciudadanos habilitados para votar. Izquierda, voto de opinión y maquinaria favorecerían el sí, pero esta última requiere plata, y la ve embolatada.

El 50 % de los bogotanos señalan que votarán por el sí en el plebiscito, de acuerdo con una encuesta de la U. de la Sabana.  / Andrés Torres
El 50 % de los bogotanos señalan que votarán por el sí en el plebiscito, de acuerdo con una encuesta de la U. de la Sabana. / Andrés Torres

En Bogotá tienen inscrita su cédula 16 de cada 100 colombianos habilitados para votar el próximo 2 de octubre, día del plebiscito por la paz. Es un peso mayor al de cualquier otra ciudad del país, que expresado en números duros equivale a un potencial de 5’400.000 votantes. Para el sí y para el no, la capital es una plaza clave. Lejos de cualquier tara centralista, hay que admitir que esta, como las demás ciudades que concentran la mayoría de la población del país, tiene el poder de decidir el futuro de un conflicto que nació en el campo.

Por eso los partidos comienzan a definir estrategias para captar la atención de sus bases y de los indecisos en los barrios. Movidas claves en Bogotá fueron fundamentales, por ejemplo, para que Juan Manuel Santos ganara la segunda vuelta presidencial hace dos años, después de que en la primera había quedado de tercero en la ciudad, por debajo de Óscar Iván Zuluaga (Centro Democrático) y Clara López (Polo). Entre una y otra instancia pasó de conseguir 444.000 a 1,3 millones de votos en esta plaza, en buena medida gracias al respaldo de la izquierda.

Es probable que en esta ocasión los votos por el sí provengan de tres fuentes: una, la izquierda y los movimientos sociales; dos, la maquinaria tradicional, y tres, el voto de opinión, es decir, ciudadanos que no hacen parte de una estructura política ni partidista y apoyarán el acuerdo por cuenta propia.

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En la izquierda es posible identificar tres líderes claves: el exalcalde Gustavo Petro, la ministra Clara López y el senador Jorge Robledo. El primero empezó su campaña hace una semana, cuando manifestó su apoyo a los acuerdos y propuso, además, que los ciudadanos metan una segunda papeleta en la que manifiesten la necesidad de una asamblea nacional constituyente. A pesar de que Petro tiene niveles considerables de impopularidad después de su mandato (44,9 %, según la más reciente encuesta de Gallup), no es despreciable su incidencia en bases populares, aún más si se tiene en cuenta que hace parte de la campaña “La paz sí es contigo”, que integran otros políticos como Iván Cepeda, Alirio Uribe y Piedad Córdoba, y movimientos como Marcha Patriótica.

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Clara López, a partir del sector que lidera dentro de su partido, conocido como Polo Social, lidera una campaña recién presentada junto con el ministro de Justicia, Jorge Londoño, y los movimientos MAÍS y ASI, estudiantes, y centrales obreras como la CGT y una parte de la CUT. Quieren hacer una concentración el 3 de septiembre en la Plaza de Bolívar, un mes antes de la elección, para hacer sentir su peso.

Robledo, que sacó 50.000 votos en Bogotá, lidera el tercer sector de izquierda con un discurso que intenta desmarcarse tanto como le sea posible de Santos y que además hace énfasis en el acuerdo como sinónimo de desarme, algo que el sector de Clara no comparte por considerarlo simplista.

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De otro lado, los políticos que hacen parte de la maquinaria tradicional deberán lidiar con una dificultad mayúscula: a diferencia de una campaña tradicional, su misión es mover votos por una causa distinta a ellos mismos. Un concejal de un partido de la Unidad Nacional, que pidió la reserva de su nombre, le dijo a este diario que, a pesar de las buenas intenciones, “nadie quiere poner la plata”. Y agregó: “Nos reunimos con César Gaviria y le preguntamos cuánto habría para este tema, pero no hubo claridad. La plata se necesita para gaseosas, refrigerios, afiches y movilización, sobre todo porque estamos en una sociedad acostumbrada a relacionar la época electoral con asistencialismo. Si no hay plata, terminaremos llamando a los electores para recomendarles que voten por el sí. Si hay plata, los líderes terminan movilizándose realmente para que la gente vote”.

Aunque suena preocupante, los partidos, de todas formas, ya piensan en sus estrategias para persuadir votantes. El concejal Germán García, vicepresidente del directorio distrital liberal, dice que se están organizando como en cualquier campaña y comenzarán a hacer “talleres de paz”. La Alianza Verde, de acuerdo con el concejal Antonio Sanguino, presidente de ese partido, se reunirá el lunes en una cumbre nacional para definir cómo se organizarán. “No queremos que las actividades se limiten a nuestra militancia, sino abrirlas a los indecisos”, agrega.

El lunes también lanzará su campaña Cambio Radical, el partido más votado para Concejo, que tendrá como principales figuras en la ciudad a los senadores Carlos Fernando Galán y Germán Varón. El concejal de ese partido José David Castellanos dice que por lo pronto están preparando unas conferencias que permitan hacer pedagogía. Fue claro, sin embargo, en que no todas las tendencias del partido le ponen igual empeño a esta campaña.

Desde el Centro Democrático están esperando indicaciones del expresidente Álvaro Uribe para actuar en terreno. El concejal Diego Molano precisa que “está en discusión cómo se organizarán las estructuras”, pero que la línea que se ha dado es que todos aquellos que tengan carné y se identifiquen con las ideas del partido salgan a la calle a promover el no a los acuerdos, con la intención de que sean renegociados.

El país comenzará así una campaña atípica en la que Bogotá jugará un papel decisivo. ¿Salvará los acuerdos, tal y como hizo con Santos en 2014?

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