"Bogotá no puede reemplazar a la Nación": De Roux

Carlos Vicente de Roux, el concejal más reconocido de la bancada de Progresistas, argumenta por qué comprar el 51% de las acciones de Isagén podría ser una movida errada para la ciudad.

Isagén es una de las empresas más sólidas del Estado colombiano. / Herminso Ruiz

La compra de la generadora de energía Isagén por el Distrito no debe decidirse a la ligera. De entrada, preocupa lo que el propio ministro de Hacienda ha dicho sobre la rentabilidad de la empresa. Al preguntársele por qué la Nación no vendía más bien un paquete de acciones de Ecopetrol para costear la infraestructura vial, éste respondió que esta empresa es más rentable, porque da rendimientos del 22% anual sobre el patrimonio, mientras que Isagén los da del orden del 13%.

El grupo Argos descartó adquirir la generadora, alegando que al precio de la acción fijado por el Gobierno la tasa de retorno de la inversión no es atractiva y que los mercados de capital atraviesan una coyuntura de gran volatilidad que hace desaconsejable la operación.

Todo indica que el margen entre los rendimientos de Isagén y la tasa de interés que habría que pagar por los recursos necesarios para adquirirla es muy estrecho. Pero a ese margen hay que restarle la prima de riesgo, incluido el que se relaciona con la previsible disminución del abastecimiento de agua de las represas, a causa de la deforestación y el cambio climático, y la prima de control, un sobrecosto por hacerse al manejo de la empresa.

El resultado de esas restas habría que compararlo con el margen entre rendimientos y costos financieros de inversiones alternativas. Finalmente, habría que tener en cuenta que endeudar a la Empresa de Energía de Bogotá (EEB), en las magnitudes necesarias para comprar la generadora en cuestión, afectará la nota que le dan las calificadoras de riesgo y elevará el costo de sus futuras operaciones de crédito.

Se ha dicho que la rentabilidad de Isagén aumentará apenas entren a operar dos hidroeléctricas de su propiedad que están en construcción. Sin embargo, según el ministro de Hacienda, ese incremento ya ha sido tenido en cuenta para fijar el precio del paquete accionario que controla el Gobierno, de manera que los mayores ingresos futuros estarán neutralizados por el mayor costo de la inversión.

Como si fuera poco, la Superintendencia de Industria y Comercio ha exigido que la Empresa de Energía de Bogotá reduzca su participación en Emgesa y Codensa si quiere invertir en Isagén. La verdad es que la EEB nunca ha ejercido un control sobre estas dos últimas —en reducción de costos, asignación transparente de los contratos...—, pero no por eso debe sacrificar su nivel de incidencia en dos empresas que sí se han comportado hasta ahora como líneas de inversión seguras y rentables.

Que el Distrito persista en adquirir Isagén a pesar de todo lo anterior, quizá se deba a consideraciones estratégicas. Estas palabras aluden a factores no siempre precisos, como las posibilidades derivadas de la mayor participación en el mercado, las sinergias entre las distintas empresas componentes de un mismo grupo y otros parecidos.

También son utilizadas en un sentido programático o ideológico, como cuando se ha dicho que es estratégico que la generadora quede en manos de un inversionista colombiano de capital mixto, como la EEB, y no de un inversionista privado extranjero. Una orientación de protección y ampliación de lo público, en particular en lo que se refiere a la generación de insumos vitales para la producción y el consumo nacionales, subyace a esos planteamientos.

Desde luego, estas consideraciones pueden ser valederas. Pero hay que preguntarse si el empeño de mantener Isagén en la órbita pública debe estar a cargo de la Nación o si el Distrito de Bogotá debe poner el hombro para reemplazarla. Al fin y al cabo el músculo financiero de la primera se lleva de lejos al del segundo, y son los poderes nacionales, no los distritales, los que tienen la sartén por el mango a la hora de estructurar y regular al sector energético.

Nación es Nación, Distrito es Distrito. Este último no debe comprometer los recursos de sus empresas en inversiones con márgenes de rentabilidad estrechos, para asumir responsabilidades del Gobierno Nacional. La vanidad territorial y las políticas de prestigio, podrían ser, en casos como el de la eventual compra de Isagén por la EEB, muy malas consejeras.