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Borrando el impacto de las colillas en las calles de Bogotá

Cindy Julieth Perrilla, una ingeniera industrial bogotana, navegaba en sus redes sociales mientras en su cabeza crecía un inquietante deseo: hacer algo por una Colombia mejor. Ese día tenía múltiples incógnitas, que buscaba responder revisando Facebook. Tenía dos consideraciones claras: que el cambio no estaba en la clase política y que su proyecto debía generar un impacto ambiental. Así, entre cientos de publicaciones, se iluminó.

El año pasado, “No más colillas Bogotá” capacitó a cerca de 60 voluntarios en temas relacionados con la transformación de colillas. / “No más colillas Bogotá”
 
 

Con sus dudas, miedos y, especialmente, ganas halló lo que buscaba. Un tal Miquel Garau había hecho una publicación sobre las colillas de cigarrillo y el daño que le hacen al planeta. Al leer sobre esos pequeños desechos, que pueden pasar inadvertidos, se inquietó, empezó a dar clics en el perfil de ese muchacho. “Estaba sorprendida. En sus estados supe del peligro de las colillas para el ambiente, ¡una sola contamina 50 litros de agua! Es impactante”, asegura Perilla.

El objetivo de Garau era generar conciencia y, en efecto, lo logró en Cindy. Él es el fundador de “No más colillas en el suelo global”, un movimiento que se dedica a recoger, transformar e incentivar a que estos desechos sean depositados en canecas y ceniceros. Luego de todo lo que aprendió esa noche, Perilla creó en 2017 junto con Luisa Castiblanco, una ingeniera ambiental, “No más colillas Bogotá”, cuando apenas era estudiante universitaria.

Chiquitas, pero peligrosas

Un estudio del Center for Tobacco Control Research and Education, de la Universidad de California (EE. UU.), concluyó que en el mundo se desechan al año 5,6 trillones de colillas que generan 845.000 toneladas de residuos. El panorama en la capital también es alarmante. Según una investigación de la Universidad Piloto de Colombia, cada año en vías y andenes de las zonas de bares y discotecas de Bogotá se arrojan 95 millones de colillas, que pesan alrededor de 16 toneladas, lo mismo que dos articulados de Transmilenio llenos. Sin embargo, esto es apenas el 13 % de lo que se arroja en toda la ciudad.

Estas cifras motivaron a ciudadanos como Cindy a trabajar en busca de soluciones a esta problemática. Una tarea en la que también se ocupó Luis Miguel Pino, un politólogo que siendo estudiante juntó a un grupo de amigos de la universidad para recoger cajas de cigarrillos, decorarlas y regalarlas a fumadores para que las usaran como ceniceros portátiles. Los dos eran representantes estudiantiles y, sin conocerse, tenían un mismo propósito. Ese objetivo los unió más adelante, cuando Pino se unió a “No más colillas Bogotá”.

En el primer año de la creación de esta ramificación del movimiento global, ambos se dedicaron a asuntos administrativos y logísticos. Además, aplicaron a “Bogotá Líder”, programa del Instituto Distrital de la Participación Comunal (IDPAC), que busca fortalecer proyectos de organizaciones sociales juveniles. Al ganar la convocatoria recibieron un estímulo que los ayudó a consolidarse.

Luego hicieron relaciones con universidades como la Santo Tomás, la Piloto, la Católica y el Politécnico Grancolombiano. Sumado a esta iniciativa, desde el Concejo se aprobó un acuerdo que contemplaba sanciones por botar en las calles chicles y restos de cigarrillo que, se calcula, contaminan el río Bogotá 12 veces más que las aguas residuales.

Desde la creación del movimiento a la fecha los líderes de la iniciativa –con más de 70 voluntarios– han recogido aproximadamente 65.000 colillas de los suelos de Bogotá. “Todo el mundo habla del plástico, un agente contaminante impresionante, pero es que la toxicidad de estos residuos hace que sea una problemática más relevante, porque es el principal contaminante de los mares del mundo”, afirma Pino.

¿Pero qué hacen con las colillas? Según estos jóvenes, hay varios fines, entre ellos hacer hojas de papel y borradores de tablero, que son donados a colegios. Para hacer un borrador se requieren mínimo 50 filtros de cigarrillo. El proceso es dirigido por Castiblanco, quien es la gestora de transformación: “Las separamos y los elementos que obtenemos son la envoltura (para hacer el papel), el filtro (para hacer los borradores) y la nicotina, que investigamos para saber si sirve como insecticida”, explica.

Ahora por Colombia

Extender esta iniciativa, nominada en los Premios Latinoamérica Verde, es una de las principales metas de estos jóvenes. Por ahora quieren sembrar su semilla en Boyacá, Cúcuta y esperan llegar a Medellín, ciudad que ven como un nicho. “Los fumadores no son nuestros enemigos, solo les decimos que hagan una disposición adecuada de sus residuos. Ahora trabajamos en concientizarlos en que, si van a fumar y no tienen cerca un lugar para depositar la colilla, que no prendan su cigarrillo. Es cambiar el chip”, comenta Pino.

Más allá de recoger las colillas que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), 10.000 de ellas se desechan al medioambiente, los gestores trabajan en un movimiento más grande, que esperan llamar “No más colillas Colombia”. El objetivo seguirá siendo invitar a las personas a apropiarse del espacio que habitan, pues según Perilla, eso es amar al país, ya que “independientemente del rinconcito en el que estemos, lo vamos a cuidar si lo sentimos nuestro”.

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María Dilia Reyes Torres - [email protected] - @Madinewss

Bogotá

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