Bronx: a demoler el teatro de la barbarie

El miércoles arrancó la demolición de ocho de los 66 predios que hay en el sector. Explicamos los desafíos que tiene el Plan de Renovación Urbana.

Un edificio de hospedaje fue uno de los cuatro predios intervenidos en la jornada de ayer. / Cristian Garavito - El Espectador

El primer edificio que embistió la máquina retroexcavadora fue la llamada casa de pique. Allí, según las autoridades, existió la prisión del Bronx: había jaulas de perros asesinos, tanques de ácido y mesones para picar cuerpos. La construcción de cuatro pisos es uno de los 66 predios que el Distrito demolerá en el plazo de un año, para darle paso a un proyecto de renovación urbana.

En la zona, de 1,7 hectáreas, habrá viviendas, locales comerciales, la nueva Alcaldía Local de Los Mártires y se contempla una sede del Sena. Por su valor patrimonial, el único edificio del sector que se mantendrá en pie será el antiguo anfiteatro de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional, ubicado frente al Batallón de Reclutamiento del Ejército. Construido en 1916, fue una joya arquitectónica de la ciudad en esa época y, por años, escenario de algunas telenovelas y películas.

“Jamás volverán a existir repúblicas independientes del crimen en Bogotá”, declaró Enrique Peñalosa, con el esqueleto de la casa de pique como telón. Un anuncio parecido hizo él hace 20 años, en su primera administración, cuando comenzaron las demoliciones de la Calle del Cartucho, el sector más violento de Bogotá por entonces. Su renovación, que duró siete años, con el tiempo representó una solución a medias: a pocas cuadras nació su hermano menor, el Bronx.

Aunque a finales del noventa Peñalosa creó el primer programa para atención de habitantes de calle en la ciudad, sus críticos le cobran no haberle ofrecido a esa población salidas integrales. Sin embargo, los defensores de lo hecho en ese momento argumentan que el programa para recuperar esta zona del centro no tuvo continuidad. El hecho es que las mafias y la gente que vive en la calle se dispersaron por otros sectores.

En 1998, Peñalosa decidió intervenir y demoler los 206 inmuebles que había allí, cuatro veces más de los que hay en el Bronx. En medio de los disturbios provocados por los habitantes de calle, el entonces alcalde comenzó a construir el parque Tercer Milenio, parqueaderos y una zona comercial. La última casa fue demolida el 21 de diciembre de 2003: fueron cinco años de pleito con los propietarios de los inmuebles.

El Distrito implementó por primera vez en la ciudad un programa para atender a esa población. De las 10.000 personas que vivían en la zona, 1.500 ingresaron a rehabilitación durante los gobiernos de Peñalosa y Antanas Mockus(2001-2003). También crearon alojamientos transitorios para cerca de 1.000 familias, de las cuales 300 compraron vivienda, mientras 3.000 personas consiguieron trabajo, de acuerdo con el Distrito. En total, la administración invirtió $18.000 millones para atender a esa población.

A pesar de esto, y de la reducción de homicidios, la delincuencia y la indigencia se replicaron en sectores como el Bronx, Santa Fe, La Estanzuela y Mártires. Entre tanto, el parque Tercer Milenio, que costó $165.000 millones y fue adecuado con fuentes de agua, canchas y ciclorruta, no se convirtió en sitio para la familia como era esperado: por allí circulan hasta 200 habitantes de calle en una noche, dice la Policía.

La primera etapa de demolición del Bronx empezó con ocho predios que amenazan ruina. El Distrito contempla la compra de inmuebles, la demolición y el diseño del nuevo proyecto urbanístico duren un año. Todo depende de la agilidad en los procesos legales. Además de la construcción de viviendas, locales comerciales, oficinas distritales e infraestructura de transporte, la Empresa de Renovación Urbana (ERU) realizará estudios y diseños para renovar la iglesia del Voto Nacional, cuya intervención había comenzado en la pasada alcaldía.

El predio que formaba parte de la Escuela de Medicina de la Nacional, donde quedaba el restaurante, será el único restaurado. Funcionarios de la ERU cuentan que intentan contactar a los propietarios para comprarlo. Calculan que cuesta $6.000 millones. Luego harán un estudio de restauración y diseños que pueden durar cuatro meses. Aunque la idea es unir la pieza arquitectónica a las tres manzanas que serán intervenidas, no han definido su uso. Por ahora, al Ejército le interesa convertirlo en alojamiento.

El plan incluye renovar los portones y marcos de las ventanas de estilo republicano e instalar una cubierta. Como sus cimientos permanecen firmes, la reconstrucción duraría máximo año y medio. Los ingenieros insisten en que no hay otra construcción como esta en Bogotá.

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